DIFERENTES PERSPECTIVAS DE LAS TRANSMISIONES MARCIALES

EL NEGOCIO DE LAS REPRESENTACIONES EN EL WUSHU CONTEMPORÁNEO.

Artículo escrito por el Shifu Tony Rey García

2015

Desde hace unas décadas el poder lucrativo que proporciona la enseñanza del Wushu (武術教學) ha condicionado su decadencia como arte tradicional (傳統藝術的沒落) y la desintegración de gran parte de sus valores éticos (倫理的武術). En este breve artículo voy a tocar un tema candente que anda de moda por el mundo socavando al entendimiento. Me refiero al método que utilizan algunas figuras ilustres para fundar escuelas por medio de nombramientos y envíos postales de informaciones grabadas. ¡Un excelente modelo especulativo que garantiza ingresos inmediatos!

Si esto aconteciese en un contexto deportivo estaría justificada la falsificación de una instrucción que evidentemente y a pesar de lo que se diga, no puede perpetuar el legado de los ancestros. No obstante, como este lucro suele ocurrir bajo el estatus de los sistemas “tradicionales”, es necesario que meditemos en esta interrogante. ¿Qué significa el término de Gongfu (功夫) y que implicación posee ideológicamente?

La pérdida de los valores ha mancillado profundamente los logros milenarios de un arte marcial capaz de expresar los pilares del pensamiento filosófico.

Bastaría recordar que una conjunción ideográfica, la cual nos habla de tiempo (功) y energía (夫), nos revoca ineludiblemente al esfuerzo de un entrenamiento físico, mental y espiritual que no puede trascenderse en un curso intensivo y mucho menos en una burda manipulación pedagógica destinada a inflamar el rostro social de algunos supuestos instructores. ¿Acaso podría consolidarse el prestigio de una escuela encontrando a un maestro que pasa tres días por un país en una gira de carácter promocional? Si tan sólo elucidáramos el sentido caligráfico del signo Jia (家), evitaríamos sufrir la secuela que dejan, inevitablemente, las frustraciones. ¿No hemos notado que este término se interpone con extrema frecuencia entre las siglas de los estilos más refinados del sur? Los trazos de Jia llevan inscrita la imagen de una escuela pero también dibujan el conjunto de relacionamientos psicológicos y afectivos que representan a una familia.

En una asociación donde el Shifu (師父) es considerado como un padre, ¿se menospreciarían los vínculos personales que afianzan el conocimiento mutuo? ¿A quién se le podría ocurrir que las revelaciones de un método de lucha puedan ser confesadas sin una previa apreciación de las cualidades psíquicas de un discípulo?

Debemos aclarar –si lo que pretendemos es divulgar las verdaderas transmisiones chinas-, que un discípulo no es un representante de un preceptor en el extranjero, es un hijo acogido con afecto y guiado durante años bajo el ejemplo y los arquetipos culturales de una nación milenaria. A esta severa purificación del carácter se le denomina tradición (傳統). O sea, estamos siendo sometidos a transitar un largo periplo de confrontaciones anímicas que nos llevan paulatinamente hacia el umbral de un adecuado dominio mental y a la sutil expresión de una filosofía de equilibrio energético. Entrar al interior de una sociedad pugilística y ser aceptado como alumno es formar parte de un linaje de percepción que se transfiere por vía personal. Los códigos orales guardan las joyas de un saber que no pueden cotejarse en la literatura escrita. Incluso, en los tiempos antiguos ningún preceptor de respeto hubiese optado por trasgredir los peldaños metodológicos con que se adoctrina a un sucesor.

La ironía de este asunto alcanza connotaciones inexplicables cuando se intentan solidificar estos medios infructuosos de enseñanzas con promesas genealógicas fuera de la lógica formal (ya que ningún aprendiz entra a formar parte de un linaje simplemente con recibir la visita de un maestro o cursar unas simples e inconclusas clases). Mucho menos puede accederse al mérito de conformar la herencia de una información secreta intercambiando los atractivos sobrecitos rojos que tanto se muestran en nuestra actualidad en la rutinaria ceremonia de Baixi (拜师). Nada de esta parafernalia confluye en cambiar la inmadurez técnica de un hombre. El arte de la guerra no se domina con acuñaciones ostentosas ni firmas estampadas con emblemas de tigres y dragones.

¿Por qué entonces las personas tratan de entrar a una escuela pidiendo una “representación escrita”? Aquí entra en juego el controvertido mundo de ventas y ganancias que enriquece a una exigua minoría. También se vislumbran los absurdos afanes de una época, donde parece que todo lo que queremos podemos lograrlo por medio de refinadas ficciones.

No quiero parecer un detractor acérrimo de las credenciales. Estas son honorables cuando han sido entregadas por un maestro verdadero que atestigua la trayectoria y el nivel de un viejo seguidor. De cualquier modo lo que pretendo dilucidar son las esencias que engrandecen lo que hacemos. En las artes marciales la comprensión es energía (能是理解) y esta se acumula a través de una constante disciplina. El esfuerzo, la sinceridad, y el deseo de aprender confluyen en incrementar el instinto perceptivo. Cuando la mente ha sido cultivada en consonancia con el cuerpo, el alumno llega ser un instructor digno de admiración por encima de todas las constancias jurídicas y los lienzos conmemorativos. El Gongfu no miente en su proceso de gestación. Los que solemos engañarnos con extrema frecuencia somos nosotros mismos al aceptar epítetos que traicionan el camino que aún no hemos recorrido.

Como las falsificaciones otorgan potestades, los haraganes de espíritu cotizan con apremio para recibir los honores que apenas han sudado. Aquí comienza la desencarnada epopeya de una degeneración colectiva que a veces termina por instalar la decepción más profunda. Estos ilusos conductores marciales promocionan lo que a duras penas han logrado captar, engendrando una descendencia que carece de los fundamentos para aplicar en sus vidas los beneficios de un crecimiento veraz.

Los conflictos ideológicos sobran en la historia. ¿Por qué entonces escondernos en descripciones verbales y escrituras pretensiosas? Lo que somos se ve por encima de lo que decimos. Si vemos el caso de los monjes budistas del monasterio de Shaolin (少林寺) esclareceremos algunas desacertadas opiniones. Un devoto de las doctrinas de Siddhartha Gautama no es quien más golpea una piedra con su puño ni quien arremete con su cabeza contra la rugosidad de un árbol. La iluminación no depende de exterminar paulatinamente las neuronas. Tampoco es un religioso de grandes perspectivas quien recubre su cuerpo con una sotana y se pasea por las ciudades de occidente recitando dos o tres sutras. Nada de esto tiene que ver con la vocación espiritual de un camino que prohíbe la violencia y que exige un riguroso comportamiento de abstención y renuncia.

Debemos siempre tener en cuenta que la grandeza del pensamiento, la pureza de la armonía, la transformación radical de la conciencia y la prolongación de la salud, constituyen nuestras auténticas victorias. Ningún diploma otorga las herramientas para manifestar una profesión. Si esto fuese posible, entonces yo hubiese pedido hace muchos años la “representación escrita” para ser cirujano. ¿Cuánto éxito hubiese tenido con el bisturí en la mano? Parece irónica y alocada esta propuesta, ¿no es cierto? Sin embargo, más risible es la realidad que vemos por doquier y que nos causa la más pesarosa de las congojas en las artes marciales.

Creo que debemos velar por mantener con lucidez la limpieza de una labor educacional que solamente perdura cuando se desarrolla con intachable honestidad. Ninguna medalla –por muy dorada y esplendorosa que sea-, puede recompensar la perseverancia de un ser humano. Las olimpíadas del alma se experimentan en silencio y se ofrendan a nuestros congéneres como un obsequio de beneficio social, cuando somos capaces de vivir como mismo pensamos.

Copyright © – Shifu Tony Rey García
Viena-2015

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