EL VERDADERO SENTIDO DEL TAOLU

LA SIMPLICIDAD DE LOS GRANDES SECRETOS

Artículo escrito por el Shifu Tony Rey García

2014

La teoría de Taiji (太極的理論) es el punto de apoyo que sostiene las más intrincadas orientaciones del pensamiento chino (中國思想). Descrita dentro de las vetustas terminologías taoístas, las concepciones cosmogónicas que pautan las inmensurables manifestaciones microscópicas e interestelares se entretejen y diversifican como resultado del constante intercambio de Yin y Yang.

Con tan solo dos polaridades energéticas en permanente flujo la unidad del Dao (道) amplifica su infinita vastedad de creaciones. Visto desde la perspectiva del Yijing (易經), la dilatación y el recogimiento crean universos paralelos y amplias capas de dimensiones.

Los 64 hexagramas del Libro de las Mutaciones movilizan los cinco elementos (五行), y estos producen las circunvoluciones del Bagua (los ocho trigramas, 八卦). 8×8=64 y la multiplicación de 64×64 produce 4096 combinaciones. De aquí que el universo palpite en infinitas ramificaciones dialécticas avalado por la constante interrelación de sus formas. Las cifras podrían reproducirse en cuantificaciones inabarcables, pues dentro de Taiji (太極內) las matemáticas adoptan elevadas amplitudes.

Al ser el Wushu una elaboración de la teoría de Yin y Yang (陰陽的理論) su manifestación anatómica debe ser entendida bajo los parámetros de estas dualidades. Inducido por esta visión, he decidido establecer un breve análisis de uno de los temas que más confusión produce en la asimilación de las técnicas pugilísticas. Me refiero a la práctica y difusión de los Taolu tradicionales (傳統套路).

Actualmente el uso de internet en toda su magnitud divulgativa y la globalización tecnológica auspiciada por la inmensa red de teléfonos celulares ha posibilitado que las fabricaciones mercantilistas y las distorsiones del pensamiento filosófico y marcial dispongan de una velocidad de traslación nunca vistas. Como los caminos errados siempre han proliferado en las más variadas condiciones históricas, es innegable que en nuestros tiempos sus proporciones sobrepasan la norma de lo que es plausible captar neurológicamente. Esta penosa situación ha creado una plataforma de intercambio informativo a escalas visuales y auditivas, que lejos de favorecer el entendimiento lo priva de su logicismo racional. De este modo, las personas terminan compartiendo las banalidades o el error colectivo en una efervescente mixtura de prefabricadas opiniones.

Imbuido por estas prerrogativas han surgido los criterios publicistas que condicionan a los practicantes de Wushu a afrontar el entrenamiento físico por medio de una absurda recopilación de estructuras.

Los ejemplos sobrarían si no estuviesemos limitados por las formalidades del artículo. Escuelas de relevante envergadura conforman una muestra fehaciente de estos aciertos. El estilo Choy Lee Fut (蔡李佛) templado en el fragor de las conspiraciones políticas – y fuertemente influenciado por las ideologías del levantamiento de los Taiping (太平天國)-, se ha diluido en cientos de ordenamientos que no mejoran la comprensión de los adeptos. Debemos aclarar por encima de los gustos y apetencias de la moda, que la mayor parte de estas concatenaciones reinterpretan el mismo tema bajo distintas perspectivas. En la difícil época donde Cheng Heung (陈享, 1806-1875) y Jeung Yim (張炎, 1814?-1893) perfeccionaron las matrices del boxeo, la esencia de su efectividad combativa yacía cifrada en 8 módulos de ejercitación.

Algo parecido ha sucedido con la difusión contemporánea del Yang Shi Taiji Quan (el estilo Yang de Taiji, 楊氏太極拳) concebido por el maestro Yang Lu Chan (楊露禪, 1799-1872) y más tarde perfeccionado por sus descendientes familiares. Su refinada aplicabilidad combativa y la valiosa teoría filosófica que bien entendida podría cambiar radicalmente el sentido de la vida, ha terminado en una fragmentación deportiva carente de sus valores marciales y curativos. Si bien su vistosa y elegante ejecución entretiene la mirada y dulcifica el paladar estético, su falta de contenido mancilla rotundamente la veracidad de su estrategia.  Un sistema concebido por medio de un solo Taolu y que marcó historia dentro de las epopeyas pugilísticas del siglo XIX partió simplemente de 37 cánones de movimientos.

En otros casos, el problema no radica en la distorsión de los elementos constitutivos sino en una lamentable pérdida de visión conceptual. En el archiconocido Hong Quan (洪拳) expuesto en nuestros días y grandemente aparejado a los primeros filmes realizados por las compañías de Hong Kong (香港), los discípulos se ensimisman más en buscar las modelaciones adscritas a la época donde vivieran los diez tigres de Guangdong (廣東十虎) que a explotar las posibilidades reales que ofrecen sus vastos secretos encubiertos. Debemos recordar que con tan solo una síntesis de tigre y grulla (虎鶴雙形), el hijo del legendario Hong Xi Guan (洪熙官), el maestro Hong Wen Ting (洪文定), abre un centro de enseñanza y consolida su prestigio en un contexto de extremo pragmatismo marcial. ¿Cómo fue posible que esto sucediera?

Es necesario que aclaremos que el dominio de las artes marciales no se reduce a la destreza con que puedan realizarse varias agrupaciones de movimientos. La habilidad y la maestría son dos caras de una misma moneda. De aquí que el talento y el virtuosismo no siempre se correlacionen con sus utilidades en el contexto de la sobrevivencia. Ya hemos dicho en reiteradas ocasiones que un Taolu (套路) no es más que un orden inicial. Esto quiere decir, que la coreografía diseñada por un viejo patriarca es un alfabeto de sutilezas con diversos grados de interpretación y eficacia, un hecho que demuestra el valor de las disciplinas genuinas.

Con relación a esta temática podrían exponerse disímiles argumentos. No es una mera casualidad que las primeras escuelas de Okinawa –las cuales mezclaron muchas de las técnicas devenidas de la provincia de Fujian-, no dispusieran en su acervo militar de interminables aglomeraciones de estratagemas. Los mismos samuráis –diestros en el uso de la espada-, codificaron los cortes de la Katana en ángulos precisos. Sin embargo, su efectividad estaba fuera de dudas en los momentos donde asumían una confrontación real. Ni tan siquiera existían las cintas de colores para evaluar la grandeza de un guerrero. En estos sangrientos escenarios, un simple puño bien focalizado o un corte transversal del sable ejecutado con mano firme y desplazamiento preciso podían decidir el curso de la vida o la muerte.

Guiados por estas consideraciones teóricas, podemos asegurar que la esencia es más importante que su profusa variabilidad. Estos planteamientos cobran un significado vital cuando traspasamos la apariencia de los boxeos familiares. El Choy Lee Fut de los primeros tiempos yacía circunscrito a 5 métodos de mano (五手法), y el Yang Shi Taiji Quan (楊氏太極拳) en 8 gestos y cinco desplazamientos (八門五步). No obstante, las capacidades subyacentes de sus partidarios y el rango de prestigio histórico ganado por sus descendientes nos conduce a la admiración de sus propuestas. Ninguno de sus más afamados exponentes logró la maestría sin antes consolidar un dominio veraz de sus particularismos esenciales. Cuando Yang Lu Chan llega a la ciudad prohibida no era un autómata del boxeo de la familia Chen y mucho menos un acróbata de circo. Tampoco lo fue Chen Heung en sus incesantes confrontaciones en el sur de China. ¿Acaso estos personajes combatían mostrando las 108 imágenes del estilo?

Maestros de la talla de Huo Yuan Jia (霍元甲, 1868-1910) que hicieron leyenda en las plataformas del Lei Tai (擂台) no basaban su letalidad en la acumulación de secuencias. Por lo tanto, cuando un alumno ha sido iniciado en la transmisión oral no necesariamente significa que tenga que rememorar una larga cadena de reestructuraciones. El general Qi Ji Guan (戚繼光, 1528-1588) sintetiza varias escuelas y Yue Fei (岳飛, 1103-1142) gesta sus conclusiones sobre la base de estrictas gestualidades. Con esto no quiero resquebrajar la validez de las formas tradicionales. Una cosa es estudiar los baluartes de un método familiar y otra es aceptar como fidedigno sus incesantes adaptaciones. El Yijing resume con 64 hexagramas la mutación del universo. Sin embargo, es evidente que su magnitud sobrepasa el alcance de esta cifra.

El gran poder de estos principios no es hipotético. Cuando aplicamos los valores matemáticos a estas aseveraciones, comprobaremos a donde nos llevan sus mutabilidades aritméticas: 64 x 64 = 4096 y 4096 x 4096 = 8192. Por ende, si el hijo de Hong Xi Guan poseía un reducido número de técnicas, estas podían depararle en una primera fase de estudio un resultado directamente proporcional a su divisibilidad numérica. ¡Todo un sistema enclavado en tan solo unas simples y aparentes acciones! Si a esto le sumamos las posturas, los puños, las palmas, los codos y los pateos, la diversificación tendría condiciones para expansionarse  indefinidamente.

Como ya esbozamos al inicio de este estudio, el Taiji cifra el funcionamiento de Yin y Yang. Sin embargo, ¿cuánto puede hacerse con solo dos polaridades?

Debemos comprender que no son los números de técnicas las que nos deparan el respeto y la dignidad. Por mucho que nos esforcemos por acumular gran cantidad de Taolu, estos no pueden conducir a la libertad de expresión si antes no han sido dilucidados con extrema meticulosidad. El instinto y la claridad mental no pertenecen a ninguna escuela. Deben ser desarrollados en consonancia con las leyes estratégicas. Decir que hacemos Hong Quan (洪拳) porque ejecutamos el Gong Zi Fu Hu Quan (工字伏虎拳) o el Hu He Shuang Xing Quan (虎鶴雙形拳) es absurdo. El Quan (拳) de la corriente Hong (洪) es una expresión de ataque y defensa que solo puede ser entendido trascendiendo la rutina y el convencionalismo.

Un ejemplo clásico de cómo pocas informaciones pueden desembocar en innumerables funcionalidades nos la ofrece el estilo Wing Chun (詠春). Con apenas 3 interconexiones – Xiao Nian Tou (小念頭), Xun Qiao (尋橋) y Biao Zhi (鏢指)-, el maestro Yip Man (葉問, 1893-1972) alcanza la plenitud operativa. Vistos con objetividad y comparados con la exuberancia de otros sistemas, estos Taolus compendian un reducido conjunto de acciones.

Ahora bien, aunque el diseño sea reducido y perentorio sus elementos se reproducen con notable evidencia cuando se utilizan sus técnicas en el Mu Ren Zhuang (el muñeco de madera, 木人樁) o se entrelazan en el Chi Shou (黐手). Esto nos demuestra una vez más como el profundo escrutinio y la capacidad para hacer funcionar lo que se realiza con el cuerpo puede desembocar en una interminable procesión de combinaciones.

Al observar escuetamente las aplicabilidades del Wingchun, descubriremos que la mayor parte de las maniobras de palmas, puños y antebrazos están contenidos en el Hong Quan, el Bai Mei (白眉派), el Long Xing (龍形派), etc. ¿Qué es entonces lo que parece otorgarle diferencia a la tónica de sus movimientos? Aquí entra en juego el ángulo de inserción y la amplitud o reducción del desplazamiento.

De ningún modo podemos creer que la totalidad de un árbol puede comprenderse analizando exclusivamente la parte que exhibe sobre la superficie de la tierra. Para llegar a sus particularismos biológicos debemos hundir la mirada en sus raíces y por ende, penetrar en el lado no visible de las cosas. Esta metáfora tiene una gran vigencia en el mundo de las artes marciales.

Estudiar Wushu y fanatizarse con los bordes conceptuales de un estilo es perder la semilla ideológica que dio vida a todas las manifestaciones guerreras.

Nada sucede en el universo de manera fortuita. Los fenómenos acaecen tras asiduas proyecciones de intercambios. Por lo tanto, el combate nos obliga a desligarnos del raciocinio a que nos somete nuestro intelecto. Focalizar el poder y reaccionar de acuerdo con las circunstancias son los parámetros que demarcan la sobrevivencia física. Sé que entre “teorizar” y “realizar” se entreabre un abismo de diferencias, pero no se puede acceder al dominio total de lo que somos mientras permanezcamos alejados del instinto. Nada puede decirse de un instante de reacción, porque la auténtica respuesta no es el resultado de un cálculo equitativo. Un simple gesto devanado desde la vacuidad puede ser mortal para un oponente que se afana en dilucidar sus acciones.

Aunque existan escuelas que condensen su información en cientos de pasos y otras lo repartan en innumerables secuencias, todas buscan llevar a la realidad el modo en que asumen el ataque y la defensa. Estas acumulaciones de experiencias poseen un valor inobjetable si son validadas en la lucha. En este sentido cabe señalar que lo importante no es el tipo de Taolu que se realiza sino la interpretación que se hace de los mismos.

El problema no estriba en si practicamos 100 Taolus o simplemente nos concentramos en uno. La cantidad de ropa que tengamos en casa solo ofrece utilidad cuando es empleada en la estación precisa. A nadie se le ocurriría usar en verano sus abrigos de pieles ni exponerse a las crudezas del invierno con las vestimentas tropicales. Tampoco optaríamos por salir al teatro con un short de playa, unos zapatos de los años 50 y un saco con corbata. Igualmente sucede con los Taolu: han sido hechos para circunstancias y momentos determinados.

No podemos perder de vista que el mercantilismo necesita de los mitos para movilizar el interés de los adeptos y por supuesto despertar el anhelo por lo novedoso. No obstante, por muy ostentosas que sean sus propuestas, nunca logrará ofrecer la pericia y el conocimiento que solo se obtienen tras largos y duros años de entrenamiento. El Gongfu verdadero (真功夫) se alcanza sin esclavitudes motoras. Para que el cuerpo actúe en consonancia con los estímulos externos, la mente ha de ser liberada de sus esquematismos cotidianos. El uso del concepto de Taiji dentro del Wushu solamente puede obtenerse si el hombre logra acceder a las márgenes del vacío (無).

Es indudable que la estupidez humana es mucho más antigua que la sabiduría. De aquí que su longevidad histórica nos proporcione una infinita potencialidad para materializar sus impulsos inmanentes. Por muy duro y ofensivo que nos parezca esta afirmación, su veracidad es equiparable con el contradictorio itinerario del hombre. A este respecto, creo firmemente que el crecimiento espiritual de nuestra especie depende exclusivamente de la consecuente eliminación de sus intrínsecas necedades.

Una cosa es educar a la personalidad y otra ilustrar el espíritu. Aunque lógicamente no lo parezca, el acto de ser inteligente no es sinónimo de memoria. La inteligencia es la facultad que nos permite valorizar lo esencial y desechar lo superfluo. Un hombre erudito no siempre es inteligente. Si bien puede impresionar al vulgo con su lengua, también avergüenza al sabio con sus elecciones. De hecho, ¿cuántos intelectuales sucumben a las nimiedades de la vida?

Para llegar a la simplicidad de los grandes secretos, tenemos que retornar a la sencillez. Para que esto suceda, debemos liberarnos de la costumbre de imitar los códigos de una época. Los grilletes del siglo XIX se han metamorfoseado en propagandas engañosas. En nuestros días, los cautivos de la era tecnológica yacen subyugados cerebralmente. Aunque no sientan el dolor del látigo y el peso de las cadenas, las multitudes eligen lo que se les presenta como cierto y no saben determinar en donde radican sus auténticas necesidades.

Para salvar a las artes marciales del mal uso a que son sometidas, debemos aprender a pensar con autonomía. No existe poder, habilidad o técnica que supere la claridad del espíritu. Este es el ápice de una pirámide, que en su punto más bajo solo se preocupa por obtener el ilusionismo de las apariencias.

Antes de concluir quisiera enfatizar en un punto: los verdaderos maestros no son aquellos que presumen de lo que muestran, sino los que luchan por fundar una humanidad mejor. Si desde el entrenamiento del cuerpo no logramos modificar los alcances de la mente, entonces hemos perdido el tiempo miserablemente.

2 Responses to “EL VERDADERO SENTIDO DEL TAOLU”

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