UNA HISTORIA CONTROVERTIDA

LA CREACIÓN DEL SANDA

Artículo escrito por el Shifu Tony Rey García

2014

Dada la sincronía de datos que hemos conferido con relación a la evolución del Wushu moderno (新家武術), creo que estamos en condiciones de analizar un tema de extrema trascendencia. Concretamente me refiero a las técnicas boxísticas agrupadas bajo el epíteto de Sanda (散打), y sus drásticas transformaciones contemporáneas.

Hoy en día, es usual que la mayor parte de los practicantes de Gongfu (功夫) crean que tan solo con colocarse dos guantes de boxeos y subirse a un cuadrilátero de lucha ya están inmersos en las estrategias de ataque y defensa sublimadas a lo largo de la historia por los viejos patriarcas de las artes guerreras. Nada más lejos de la verdad que asumir el Sanda como una contundente expresión del Wushu tradicional (傳統武術).

En el Sanda (散打), las maniobras del Taekwondo se tornan evidentes.

Como mismo es absurdo suponer que las prolíficas creaciones marciales de China, ancladas desde el inicio de las primeras dinastías y evolucionadas en cientos de años e innumerables sublevaciones populares, puedan ser concentradas en dos o tres arreglos oficiales -como se pretendió hacer desde el año 1958 con el Chang Quan (長拳), el Nan Quan (南拳) y el Taiji Quan (太極拳) en su absurda estandarización masiva-, peor es aún condicionar los variados modelos de combate avalados a lo largo de la historia en los estrechos confines de un certamen. Estas adaptaciones competitivas llevadas a cabo en contextos políticos determinados y seducidas por los eslóganes de las reformas, niegan y arruinan rotundamente los antiguos preceptos del Wushu.

¿Qué es el Sanda y cómo devino en deporte nacional?

Para responder a esta interrogante es necesario que hagamos un poco de historia. De ningún modo podríamos comprender su remodelación contemporánea, sin antes rememorar los cimientos que lo anteceden.

Con solo remontarnos a las postrimerías de la dinastía Zhou (周朝, 1150 a.C.-256 a.C.), y hurgar en sus fuentes escritas descubriremos los gérmenes de lo que serían las escuelas familiares del norte (北派武術). En estos ámbitos, donde todavía sobresalían las gestas individuales en el campo de batalla y el orgullo de enfrentar al enemigo por el solo hecho de realzar el honor, los guerreros no sólo se ejercitaban en el entrenamiento de la ballestería y la conducción del carro, también competían en sus fiestas populares en una lucha a mano desnuda denominada Jiao Li (角力). Esta especie de pugna a corta distancia entremezclada con abundantes maniobras de derribo, nos recuerda las antiguas ceremonias tribales remontadas al mítico emperador Huangdi (黃帝, 2697-2597 a.C.), donde los ejecutantes se colocaban en la cabeza cuernos de animales como símbolo de las agrupaciones étnicas. Con el paso del tiempo, las prácticas folclóricas y chamánicas aunadas a ritos y cosmovisiones numéricas evolucionaron en otros modelos de combate.

En el período de los Reinos Combatientes (戰國, 475-221 a.C.) la guerra transita hacia las campañas donde los conocedores de las artimañas sutiles de la confrontación militar confeccionan los códigos tácticos. Los clásicos estratégicos como El Arte de la Guerra de Sunzi (Sunzi Bing Fa, 孙子兵法), son el resultado de la necesidad de un momento histórico, determinado por los conflictos entre los diferentes reinos. El Wu Gong (entrenamiento marcial, 武功) se impregna de estas tendencias y en la dinastía Song (宋朝, 960-1279), los adeptos al pugilato se encuentran en el Lei Tai (擂臺), las famosas arenas o plataformas donde los especialistas se enfrentaban sin reglas ni restricciones. El Quan Fa (拳法) ha alcanzado un rango de elevada sofisticación dentro de los clanes familiares, las concepciones paramilitares y las costumbres étnicas.

Como el Wushu ya estaba sólidamente formado como método de sobrevivencia mucho antes de lo que oficialmente se pregona, las escuelas de renombre contaban con entrenamientos alternos de San Shou (散手), para redirigir las habilidades de sus discípulos. El propio ideograma San (散) nos alude al acto de soltar o desatar alguna cosa. En este caso, se refiere al uso de las manos (Shou, 手), como símbolo inmanente de las armas corpóreas.

Estamos hablando de las destrezas guerreras (Wu Yi, 武藝), afinadas durante largos años de entrenamiento y focalizadas con la propia anatomía de los contendientes. Como ya hemos expresado en otras disertaciones, la construcción caligráfica del signo de Wu (武) no esconde en ninguna medida un acto pacifista ni impregnado de mandamientos religiosos como los que demarcan a los adeptos del budismo. Su conformación semántica implica la utilización de todos los recursos disponibles para obtener la victoria. Si bien es cierto que su práctica devino con el paso de los siglos en una refinada cultivación de la conciencia y que en muchos casos, su inserción dentro de las cofradías religiosas le adjudicó el estigma de la autodefensa, no podemos perder de vista sus verdaderas connotaciones lingüísticas. Los caballeros andantes de las viejas novelas decimonónicas (Wu Xia, 武俠), eran el vivo ejemplo de aquellos hijos del honor que deambulaban de un pueblo a otro en defensa de las clases oprimidas, los cuales no medían consecuencias a la hora de defender los principios de la justicia. Estos personajes, equivalentes a los hidalgos de la Europa medieval, subían al Lei Tai con prodigiosa valentía en una época donde el único requisito para detener la lucha estribaba en respetar los propios códigos éticos o la total incapacidad del oponente.

Desde la dinastía Ming (大明, 1368-1644) hasta principios del siglo XX, el Wushu preserva sus ingredientes primigenios. La política de rescate de las artes marciales facilita la colaboración de muchos maestros. El término de Wushu fue transformado por el de Guoshu (國術 – técnicas de la nación), un bautismo político y circunstancial que recoge en sí mismo los ideales del nacionalismo republicano.

En 1926 el presidente Chiang Kai-Shek (蔣介石, 1887-1975) apoya la creación de asociaciones atléticas. Bajo el liderazgo del general Zhang Zhi Jiang (张之江, 1882-1966) se establece en la ciudad de Nanjing (南京), el Zhong Yang Guoshu Guan (中央國術館 – Instituto Central de Guoshu de Nanjing), un centro de reconocida trayectoria que logra aglutinar a muchos preceptores de indiscutible prestigio. Figuras de la talla de Fu Zhen Song (傅振嵩, 1872-1953), Gu Ru Zhang (顧汝章, 1893–1952), Li Jing Lin (李景林, 1885-1931) y Wan Lai Shen (萬籟聲, 1903-1995), entre otros, conforman parte de esta excepcional institución.

Más tarde, algunos grandes exponentes estilísticos se unen en la ciudad de Guangzhou bajo los mismos estandartes ideológicos. Los maestros Lin Yao Gui (林耀桂, 1880-1966), Lin Shi Rong (林世榮, 1861-1943), y Zhang Li Quan (張禮泉, 1880-1966), no solo encumbran los estilos gestados tras la onerosa ocupación de los mongoles, sino también honran el prestigio de las escuelas sureñas con una sobresaliente actuación profesional.

Desde el período de los “señores de la guerra” (軍閥, 1916-1928) hasta la cruenta invasión japonesa y la posterior resistencia nacional (抗日戰爭, 1937-1945), los conflictos interiores se agudizaron. Por un lado la ocupación extranjera como símbolo de humillación nacional, y por el otro los intereses políticos de las potencias occidentales, sumieron al país en un escenario sangriento.

Si bien las artes de guerra evolucionaron satisfactoriamente hasta el período republicano, también es un hecho que su futuro fue moldeado por otros factores externos. En 1924 se crea la Academia Militar de Huangpu (conocida en Occidente como Whampoa, 黄埔军校) bajo estricta influencia del Guomindang (國民黨) y con el beneplácito del propio Sun Yat Sen (孙逸仙, 1866-1925). Diseñado para ofrecerles preparación logística y militar a las tropas revolucionarias de la nación (国民革命军) y en especial a las unidades de infantería, este centro de entrenamiento propicia la intervención de algunos asesores soviéticos que terminan por introducir otras visiones del combate a mano desnuda.

Fuertemente influenciados por el éxito obtenido en el segundo frente oriental (durante la 2da guerra mundial), los funcionarios del kremlin introducen las vertientes del Sambo (un arte marcial desarrollado en la Unión Soviética bajo las iniciativas del partido comunista en tiempos de Lenin), los cuales llegarían a formar los comandos de respuesta rápida (Spetsnaz) adjuntos a la KGB y adjudicados al ministerio del interior tras la muerte de Iósif Stalin (1878-1953). Un hecho que las convierte en todo un hito dentro de las unidades de operaciones especiales del mundo.

Técnica del Sambo ruso donde se vislumbran las influencias del Judo y la lucha grecorromana.

Bajo el mando del conocido mariscal Kliment Voroshílov (1881-1969), se instituyen los fundamentos para el entrenamiento físico de los integrantes del ejército rojo. Vasili Sergéyevich Ochschépkov, Víctor Spiridónov y Anatoli Jarlámpiev, estudian y condensan en un solo cuerpo doctrinal, el Judo (柔道), la lucha grecorromana (古典式摔跤), el Jiujitsu (柔術道), el boxeo occidental (拳擊), el Karate (空手道) y las antiguas tradiciones de lucha de los armenios, moldavos, uzbekos y mongoles. Por esta razón, en el año 1938 el Sambo es considerado el Sistema Nacional de Lucha de la Unión Soviética (URSS).

Estas nuevas prerrogativas se tornan atrayentes por una sencilla razón:

Prometían el dominio de un 80% de sus cualidades técnicas en un espacio de tiempo colindante con el que se necesitaba para el entrenamiento de las tropas y al mismo tiempo, satisfacían las ansías de reforma en un sector político que abogaba por la asimilación de las evoluciones militares de Occidente.

Visto bajo el prisma de la realidad objetiva, pocos resultados podrían obtenerse con la introducción en el ejército de los diversos sistemas de Gongfu, los cuales necesitarían al menos diez años de práctica consecuente para desarrollar las genuinas habilidades aplicativas. Debemos recordar, que el Wushu no está pensado para violentar las etapas de crecimiento y mucho menos puede garantizar la refinación de la reacción instintiva en tan solo seis meses de adiestramiento. Un arte marcial que golpea (打), patea (踢), proyecta (摔), agarra (拿), punza (點), y que además combina el cultivo físico con el desarrollo mental y espiritual, no puede ser reducido en los estrechos límites de un entrenamiento acelerado. Es esta la causa de que en nuestros tiempos -matizados por la síntesis y los cursos reduccionistas-, la mayor parte de los estudiantes se queden flotando en apreciaciones que no logran tocar el corazón de la maestría.

Con el triunfo del comunismo y la instauración de la República Popular China en 1949, los tiempos de gloria de las artes marciales cambiarían drásticamente. Las iniciativas para transformar su contenido en un deporte de magnitudes olímpicas acrecientan que los especialistas de las Universidades de Cultura Física opten por elaborar un método de ataque y defensa con características similares al Sambo. Tras una evidente e inobjetable asimilación de los puños del boxeo, los pateos de Taekwondo (跆拳道) las proyecciones de Judo, los desbalances de la lucha libre, y algunas estrategias inmovilizadoras del Jiujitsu, componen una nueva metodología que definen bajo el nombre de Sanda (散打).

Las técnicas de sacrificio del Jiujitsu son ampliamente utilizadas.

Lo interesante de este híbrido de artes marciales mixtas no es que prescinda de efectividad, sino que sea concebido internacionalmente y con la aprobación de las entidades deportivas de China, como una expresión de las técnicas del Wushu tradicional (傳統武術). Si todos los especialistas pretendiesen combatir bajo los esquemas del Sanda ¿para qué entonces entrenar los Taolu (套路), las armas y las estrategias estilísticas enraizadas en cientos de escuelas con características distintas? Aunque el Sanda pueda ser tan eficaz como el Kickboxing (踢拳) o el Muay Thai (泰拳), es una aberración vergonzosa convertirlo en manifestación de una civilización, con al menos 4000 años de experimentaciones estilísticas.

Si aceptamos –bajo los eslóganes comerciales y deportivos-, que el Sanda es una ramificación del Wushu y que todos los peleadores deben condicionar sus patrones de entrenamiento en la dirección que demarcan sus reglas ¿en dónde quedan las respectivas particularidades del Wushu?

Haciendo un análisis escueto de algunos pormenores del pasado que tal vez nos puedan ilustrar los profundos desacuerdos conceptuales que reinan en nuestros tiempos, se nos hace imprescindible preguntar:  ¿los adeptos del  Ba Ji Quan (八極拳), del Tong Bei Quan (通背拳), del Ying Zhao Men (鷹爪門), del Tang Lang Quan (螳螂拳), por solo citar algunas de las vertientes del norte (真北派), han estado durante siglos equivocados al repetir estructuras que no pueden traducir sobre las arenas de un cuadrilátero? ¿Acaso los insignes líderes de los reinos combatientes obtuvieron sus proezas utilizando estrictamente los reducidos esquemas del Sanda? ¿Qué es lo que entonces le ha dado credibilidad histórica a la imagen de Yue Fei (岳飛, 1103-1142), Qi Jiguan (戚繼光, 1528-1588), o Huo Yuan Jia (霍元甲, 1868-1910)?

Es evidente que estamos en presencia de un exterminio sociocultural que terminará por usurpar el juicio y la comprensión de las generaciones futuras. Ya en nuestros días, las nociones erradas proliferan en demasía. ¿Qué no se creerá en tan solo algunas decenas de años?

Quizás podamos todavía salvar del holocausto comercial, las gemas de un conocimiento que lejos de herir a un oponente por medallas o dinero, puede trasponer los moldes de la mediocridad y las argucias del Ego. Desechar la lucha que nos hace más humanos, por aquella barbarie que nos acerca a la ignorancia, es pisotear los baluartes filosóficos de una de las naciones más antiguas del planeta.

Antes de terminar con este breve ensayo, creo que debemos nuevamente enfatizar que la práctica del Wushu no consiste exclusivamente en lanzar golpes con las manos y los pies, con el único objetivo de vencer a un contrincante poderoso, es ante todo el arte de aprender a pensar y sentir el mundo de un modo tan excelente como para merecer haber nacidos con los atributos del intelecto y el raciocinio. Si tan solo percibimos su lado marcial, desconociendo el pensamiento que lo sostiene y sus inmensas reservas ideológicas, entonces hemos desperdiciado nuestros duros años de entrenamiento en esfuerzos indecorosos que solo concluirán por dañar nuestros cuerpos, arruinando la mente y el espíritu.

13 Responses to “UNA HISTORIA CONTROVERTIDA”

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