LA INVOLUCIÓN DE LOS VALORES ÉTICOS

EL PROBLEMA ACTUAL EN LAS ARTES MARCIALES

Artículo escrito por el Sifu Tony Rey García

Fragmento del libro “La Dualidad del Hombre

(2014)

Por ser el Wushu una biblioteca de sincretismos gestuales, ha almacenado en la fertilidad de su curso, las pisadas de interpretación que en otras épocas nutrieron las expectativas cosmológicas, teológicas, militares, y médicas. De modo que no es necesario enfatizar que su uso y dominio veraz debe transformar rotundamente los rincones más apartados de la conciencia. ¿Cuál otro sentido tendría someter al cuerpo y la mente a una férrea disciplina?

Cuando una persona se adentra correctamente en el Zhen Wushu (真武術), posee los recursos para hacer que su vida se armonice. La propia esencia gnoseológica del Yijing (易經 – El Libro de las Mutaciones) amplificada a lo largo de los siglos en diversas reinterpretaciones filosóficas y humanísticas, concluyó por aunar –dentro del taoísmo religioso (道教), el budismo incorporado desde la India (佛教) y el confucionismo gubernamentalizado por los eruditos de la corte (儒家), el núcleo doctrinal y metodológico que alienta y vivifica la existencia de cientos de estilos marciales y escuelas de pensamiento (諸子百家).

Un texto anclado en la longevidad de una civilización milenaria posee la autenticidad que confiere la experimentación y dilucidación de interminables generaciones. No es mera casualidad que los fosos que levantan los cimientos del pensamiento chino hayan sido excavados sobre la base de la teoría de Yin y Yang (陰陽的理論), Bagua (ocho trigramas, 八卦), Wu Xing (cinco elementos, 五行) y los 64 hexagramas (六十四卦).

Con solo transferir a la realidad que nos rodea el sentido delineado en el ideograma de Jing (經) tendríamos a disposición la idea de un hilo de seda que retorna a las fuentes del origen. ¿Cómo nos atreveríamos entonces a asumir la ascesis taoísta despojada de esta veracidad lingüística?

Muchas conceptualizaciones fueron erigidas sobre el escrutinio de los gráficos antiguos. Si tan solo meditásemos sobre el término de  Zhong Yong, ampliamente utilizado en el confucionismo de los primeros tiempos e imbricado en las teorizaciones biomecánicas del Wushu, tendríamos a nuestra disposición un inmenso porciento de sapiencia.

Kong Zi (孔子)

Visto bajo las enseñanzas privadas que Confucio (孔子) reservaba a sus discípulos predilectos, la mesura es el principio motriz que auspicia la interacción con los contrastes. Indudablemente, actuando frente a Yin y Yang comenzamos el oficio de la espiritualidad silenciosa. O sea, me refiero a aquella facultad despojada de falsas deliberaciones y dudosas expectativas que en la intimidad de nuestras existencias nos convierte en artífices del ser. Muy por el contrario de lo que a menudo creemos, los sabios de antaño nos legaron las pautas que direccionan las voliciones internas. Ninguno exhortó el martirio, la flagelación y la enajenación neurofisiológica. Las enseñanzas de las grandes figuras del taoísmo estuvieron encaminadas a la restauración de un comportamiento que solo necesitaba de la espontaneidad y la sinceridad para establecerse ante las leyes naturales.

Estos patriarcas apócrifos vivieron despojados de la indumentaria religiosa y de la parafernalia litúrgica que limita en muchas construcciones teológicas de nuestros tiempos la amplitud de la percepción humana. Visto bajo el destello de sus descripciones, nunca han hecho falta los muros conventuales ni las sotanas religiosas para alcanzar la paz y la comunión con el universo. Los mecanismos para iluminar y esclarecer nuestra mente yacen inscritos en la psicofisiología que nos define como especie. Durante miles de años hemos llevado el arca de la sabiduría y sin embargo, insistimos en sufrir los abrazos de las penumbras.

Convertirse a una religión en momentos de desequilibrio es un esfuerzo infructuoso. Igualmente lo es rezar para que la tormenta que se avecina en un día de verano no ocurra o para retardar el abrazo que la noche esparce por las sinuosidades del mundo. Taiji es inquebrantable en su quehacer. Por lo tanto, el único modo de quebrar su irrefrenable flujo consiste en saber actuar dentro de sus mutaciones. De hecho, la felicidad humana es el resultado inherente de haber sabido comprender la transitoriedad de los aconteceres. ¡Una hazaña imperecedera que exige la equidad del corazón!

Heng Qi (衡器) es el nombre genérico que designa a todos los instrumentos antiguos de medición que calibran la cuantificación de carga bipolar que cae sobre el brazo graduado de un astil. Como símbolo esotérico de algunas cofradías de iniciación, la balanza representa el control sobre las fuerzas ambivalentes y el signo de imparcialidad asignado a las divinidades que rigen la jurisprudencia. Si extraemos el mensaje inscrito en esta distinción descubriremos que en toda tentativa racional Yin y Yang deben ser sopesados deliberadamente en una minuciosa disección de la conducta. Como todo cambia dentro de Taiji, la felicidad y la armonía solo pueden ser alcanzadas velando permanentemente por el equilibrio entre los contrastes. Si una de las polaridades se torna preponderante o deficiente se pierde el punto medio (Zhong Yong).

Vivir con Taiji implica despojarse de la costra humillante de pasiones que arruinan la lucidez. Por mucho que un estudiante de artes marciales se esfuerce repitiendo las técnicas de un estilo o presumiendo de sus conocimientos lingüísticos, solo desgastará su anatomía en una obsoleta y decadente psicología, si no comprende lo que realiza con el cuerpo ni posee las matrices orales que posibilitan el despertar del entendimiento.

La sabiduría no es un idioma ni la veracidad se encuentra en un estilo. Los rayos del sol parten en mil direcciones y aunque se alejen de su centro de convergencia mantienen el vínculo con la luminosidad que los antecede. Quien ha bebido un sorbo del conocimiento ancestral sabe que la comprensión real proviene de una transmisión directa.

Si una persona práctica kungfu y no encuentra el sosiego, entonces algo anda mal en las enseñanzas que recibe. En este sentido, no importa cuán famoso sea el maestro que lo asiste ni la genealogía que lo guía. El sistema que pregona no funciona aunque esté repleto de secretismos y vanaglorias.

Debemos siempre tener en cuenta, que por muy grande que sea un preceptor e inmensurable su apariencia, de nada sirve sus lecciones si no concluyen por modificar la vida de sus prosélitos. Es contradictorio y risible, que incluso estilos internos –como el Taiji Quan (太極拳) en todas sus modalidades y manifestaciones modernas-,  no deparen la tranquilidad del alma y solo sirvan para enaltecer las desavenencias de los Egos.

El Wushu es la puerta de la transformación espiritual. En su más elevada imagen nos lleva a luchar contra nuestras propias manos y pies con los aspectos más banales de las construcciones y esquemas generacionales. O sea, es el arte de vencernos cada día en una constante odisea, con el objetivo de preservar el equilibrio del cuerpo, de la mente y el espíritu.

Hoy en día tristemente la práctica del Wushu yace despojada del espíritu. Tampoco se experimentan – en la mayor parte de los casos-, sus elevadas orientaciones psíquicas. Sus fervientes precursores quedan ensimismados en el sectarismo y la auto – contemplación del Ego. En este campo de cultivo solo crece una plaga de emociones que fluctúa entre los celos, la envidia, el rencor, la inconstancia y una errada visión de lo que significa ser agradecido y leal.

Analizando las variabilidades de los casos psicológicos que rodean al mundo de las artes marciales, nos preguntamos: ¿qué espacio queda en estos terrenos mentales para sembrar una planta de realización espiritual? ¿Pueden las tierras mustias y resecas develar las majestuosidades de un exuberante jardín?

Cuando el hombre pierde el Zhong Yong de su corazón ha matado la estabilidad de su mente. Entonces, no importa dónde se encuentre y cuán efusivas sean sus palabras. El Dao interior (內道) se desploma cuando no existe conexión con el espíritu.

Cualquier lugar es idóneo para crecer y viceversa. Lo único importante en el camino de la vida es nuestra eterna disposición para lustrar nuestras imperfecciones. La culpa de los desvaríos individuales no le concierne a nadie. Cada cual orienta sus pisadas hacia dónde quiere y a nadie le está dado caminar con los pies de otros.

Una caravana no puede marchar si de antemano no se prepara para asumir las eventualidades del destino, las irregularidades del terreno y los ladridos amenazadores de los perros. De cualquier modo lo trascendente estriba en alcanzar la meta y no en perturbar la visión con los obstáculos ilusorios. La sombra de un árbol no da frutos y el reflejo de la luna fácilmente desaparece.

Siempre debemos recordar que las cosas externas cambian y tienen un precio, pero las internas permanecen, nos guían y no pueden costearse con los valores imperecederos.

Continuará

 

3 Responses to “LA INVOLUCIÓN DE LOS VALORES ÉTICOS”

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