LA DISOLUCIÓN DE UN ARTE MILENARIO

EL WUSHU COMPETITIVO, ¿TRADICIÓN O DEPORTE?

Artículo escrito por el Sifu Tony Rey García

(2014)

A raíz de una serie de entrevistas realizadas sobre el tema de las tradiciones chinas en mi país de origen, me he visto impelido a escribir algunas reflexiones.

En el panorama marcial del barrio chino de la Habana a menudo se reconstruyen las historias, los testimonios y las leyendas de algunos peregrinos de ojos rasgados y miradas enigmáticas que parapetados tras los muros de las sociedades clánicas, políticas y de recreo, solían enseñar las artes de combate a sus escasos descendientes.

Como los mitos siempre terminan fabulando la imaginación de sus exponentes, muchas de estas narraciones han pasado a ser un notorio artilugio para engrandecer la talla de algunos deportistas marciales, -descendientes indirectos de estos emigrantes asiáticos-, los cuales se han visto necesitados con extrema urgencia de apuntalar la precaria y evidente escasez de sus conocimientos.

Incapaces de renunciar al status psicológico de una maestría condicionada por las creencias ajenas, muchos de los más afanados exponentes y líderes de las escuelas gimnásticas de Wushu contemporáneo (Jing Sai Wushu, 競賽武術) citan y hacen referencia a los tiempos donde sus antepasados transferían los secretos ancestrales guardados en las viejas cofradías religiosas o en las impenetrables asociaciones pugilísticas. De un modo o de otro, estos falsos profetas del arte marcial se esfuerzan por esbozar los recuerdos enigmáticos que les otorgaron el privilegio y la membresía dentro de lo que ellos consideran una milenaria y profunda transferencia cultural.

Cuando el hombre yace atado a los ensueños de grandeza, opta por manipular los términos, las reminiscencias y las anécdotas generacionales. Es bien sabido, que Cuba tuvo algunos representantes del Wushu familiar expandido en suelo americano tras la controvertida emigración china iniciada en 1847.  El maestro Wong Kei (黃幟) y Li Choy (李才), serían dos ejemplos dignos de mencionarse al respecto. Junto a otros reconocidos patriarcas de la época y seguidores de renombre, deslizaron sus líneas genealógicas en las salas de la Chi Mut Hai Yut Wui (Jing Wu Ti Yu Hui, 精武體育會 – Asociación de Cultura Física de Expertos Marciales), fundada en 1926.

Por mucho que se trate de reconstruir las fisonomías de estas personalidades, ninguna conjetura nos corrobora los detalles de sus enseñanzas y mucho menos las reservas de contenido que pudieron acopiar de sus respectivos tutores. Solo poseemos algunas reseñas personales que atestiguan la intolerancia con que asumían la imagen del Wushu moderno. El mismo Li Choy era presa de ataques de ira cuando apoyado sobre su bastón presenciaba una clase de Ti Cao (conjunto de elementos acrobáticos que se tiende a confundir en los círculos deportivos con las herencias militares de la nación china, 體操).

Los convencionalismos acrobáticos del Chang Quan (長拳) se alejan de las fuentes primigenias que subvencionan desde épocas remotas la efectividad combativa de las corrientes del norte (北派武術)

Es irrisorio que se tomen estas imágenes como referencia para amparar una formación tergiversada por los dictámenes competitivos. ¿Qué pensarían esos ancestros si vislumbraran las adulteradas subjetividades con que se intenta venerar sus memorias?

Debemos aclarar con toda certidumbre, que ninguno de esos maestros transfirió completamente lo que sabían. Vivieron en una época de mentalidades cerradas, nacionalismos inquebrantables, juramentos religiosos, ideologías y aspiraciones políticas no colindantes con el caribeño universo de sus ingenuos  sucesores.

Portadores de una antigua tradición, la mayor parte de estos exponentes marciales eligieron el anonimato, el silencio y la compartimentación de sus legados patrilineales. ¿A qué patrimonio se refieren entonces los representantes de las escuelas capitalinas? ¿Acaso la gimnasia marcial, desprovista del pragmatismo guerrero puede restituir la grandeza de las técnicas perfeccionadas a lo largo de miles de años de historia? ¿Son los trajes incrustados de dragones, las poses cinematográficas y los desórdenes psíquicos los que garantizan el crecimiento espiritual?

Del Wushu de aquellos tiempos podemos asegurar que no quedan ni las sombras de las descripciones. ¿Dónde están sus legítimos promotores? ¿Por qué no amplifican lo que irremediablemente los haría más grandes y famosos? Dos Taolu (套路) y unas cuantas aplicaciones técnicas no hacen un estilo. Las escuelas sureñas y norteñas (南北派武術) cuentan con un conjunto definido de secuencias, trabajos básicos de ejercitación (基本功), métodos de fortalecimiento (外功法), manejos de armas y una considerable sofisticación de tácticas encubiertas que solo pueden ser reveladas por un maestro de intachable envergadura. Si a esto le sumamos los códigos filosóficos y las informaciones de nivel medio y superior que terminan por llevar a un discípulo a los pedestales del dominio y las sutilezas, podremos tener una idea de la magnitud de enseñanzas que las tendencias clánicas aglomeraron en las siglas que definen sus nombres.

El Nan Quan contemporáneo (當代南拳) es una síntesis con fines competitivos. Su estereotipado arreglo no conlleva a la comprensión del Wushu tradicional del sur de China (中國傳統南派武術).

El misterio puede convertirse en un excelente método de encubrimiento cuando las personas rozan la superficie de un sistema. En tiempos de conjuras, las simulaciones, los enmascaramientos y las señas proporcionaba seguridad y camuflaje a los ideales de reformas o a las constantes revitalizaciones de los iniciados en las órdenes esótericas. Más tarde, con la humillación nacional sufrida por China tras la ocupación extranjera, los pensadores del ala conservadora se refugiaron en el núcleo de las instituciones, que dentro y fuera del continente, custodiaban los mandamientos y las exigencias de las impenetrables cédulas patrióticas.

Guardar y ocultar un legado en períodos de guerra no significa frenar el proceso de expansión de una línea genealógica. Los caminos se preservan y regeneran cuando muchas personas hunden sus pies en los linderos que se entreabren en la floresta. De aquí que la palabra “tradición” sea también un modo de mantener viva la urna de los ideales antiguos.

Otro punto que debemos tener en cuenta en el curso de estas deliberaciones es el que concierne a las restricciones culturales llevadas a cabo por los chinos de ultramar. En Cuba los hijos mestizos no eran considerados como una prole capaz de compartir los ritos y emblemas. Aunque dominaran el léxico coloquial, solo accedían a los resquicios de una transmisión incompleta. De aquí se vislumbran las grandes diferencias etnográficas y socio-culturales manifestadas entre los sincretismos africanos, la estricta parcialización ideológica impuesta por los culíes y las paulatinas emigraciones de comerciantes devenidos de las tierras de Norteamérica.

Aunque algunos conocedores de las artes boxísticas traspusiesen el umbral idiosincrásico de Cuba y confraternizados con el carácter o los lazos afectivos de sus coterráneos decidiesen compartir algunos de sus conocimientos, los porcientos de transmisión se mantuvieron en la mayor parte de los casos, muy por debajo de lo que significa y representa ser aceptado convencionalmente como seguidor de un maestro.

El propio Taiji de la familia Yang (楊氏太極拳) ha sufrido tantas variaciones que ha perdido en muchas de sus ejecuciones los baluartes que lo definen en su teoría. Su práctica convencional arruina la connotación inscrita en el término de Quan (拳).

Un rompecabezas posee un conjunto definido de piezas que posibilitan construir un paisaje. Si de las 64 partes que conforman un juego solo poseemos 24, ¿cómo llegaremos a completar los detalles finales del dibujo? Aunque podamos presumir de estos fragmentos en su uso práctico, nos quedaremos blandiendo una espada que carece del temple y la refinación para lo cual fue concebida.

Tristemente, el mundo contemporáneo no vibra en consonancia con las búsquedas trascendentes. Si en el propio continente chino las artes marciales están siendo mancilladas, comercializadas y malinterpretadas, ¿qué tipo de comprensión puede emerger a cientos de miles de quilómetros geográficos? ¿Acaso las embellecidas modulaciones danzarias retrotraerían el control y la frialdad anímica con que dos especialistas se enfrentaban antiguamente entre las arenas de la vida y la muerte?

Pregonar lo que no se conoce y ostentar sobre los pedestales del Ego es la base que consolida la extinción de la sabiduría. Las verdades no son solo palabras, sino también hechos. Cuando el hombre no vive dignificado en la luz de sus ideales contradice con sus acciones lo que con tanto esmero pregona.

Algunos métodos de Qigong (氣功) son promocionados bajo una metodología desfavorable para la desobstrucción del Qi. Divulgados por medio de sincronismos musicales rompen la focalización del Yinian (意念), creando una impresionante dispersión mental y un embelesamiento psíquico que obnubila los altos ideales taoístas.

La espiritualidad, el desarrollo de la conciencia y el cultivo de la salud no pueden convertirse en un Show circense y mucho menos en un obsoleto faquirismo grupal. Wushu es una ideología en movimiento. Cuando se practica adecuadamente y se metabolizan sus premisas medulares, resurge a la mirada común la efectividad de un simple gesto.

Desgraciadamente las autenticidades pugilísticas que otrora engrandecieran el nombre del imperio del centro (Zhong Guo, 中國) están siendo enterradas por superfluas aspiraciones olímpicas. ¿Qué baluarte imperecedero quedará para las generaciones venideras?

No son las facciones externas las que determinan el alcance de la comprensión. El corazón humano no posee nacionalismos ni contornos raciales. Es una puerta universal de entendimiento que solo puede ser abierta con la sinceridad, el decoro y la honorabilidad.

Cuando vemos y escuchamos muchas de estas entrevistas no podemos ocultar la pesadumbre y el quebranto que nos embarga. Hablan de una historia en la cual no tuvieron participación. Sin embargo, la llegada del maestro Wong Yi Man (黄宇文), un acontecimiento que dio inicio en Cuba a la introducción oficial de los estilos sureños por un fiel exponente de reconocida trayectoria, es ignorada o silenciada con perceptible deliberación.

¿Por qué se intenta reiteradamente modificar el curso de la historia? La razón debemos buscarla en el temor a divulgar los antecedentes de un camino que no poseen y el cual, contradictoriamente, podría honrar con creces el conocimiento y la epopeya de aquellos líderes que tanto parecen idolatrar.

Indiscutiblemente, el Shifu Wong Yi Man fue el primer preceptor dispuesto a descorrer el velo de los secretismos doctrinales. Sin medir las consecuencias que podrían engendrarse de su generosidad y alejado de los tabúes raciales y políticos, enseñó sin reservas ni titubeos el arte que hasta entonces había sido fraccionado en miles de alegorías. Aún hoy su escuela continua vigente en la provincia de Guantánamo, contando con un entusiasta grupo de instructores avalados internacionalmente y formados bajo una estricta y depurada concepción ortodoxa.

Si nos circunscribimos al significado semántico del ideograma Wu (武) veremos que estamos tratando con todo lo relacionado con la acción del ataque y la defensa. Mientras que Shu (術) nos alude a la perfección física, mental y espiritual con que se encumbran estas delimitaciones. Wu Shu (武術) es un arte de guerra. Por mucho que intentemos matizarlo de virtuosismos y adornos corpóreos lo perdemos si lo ejecutamos desprovisto de la estrategia tallada en sus respectivas ramificaciones.

Con el Qi Gong (氣功) acontece lo mismo. Qi (氣) es energía y Gong (功) el medio que permite movilizarla por los canales y colaterales del cuerpo. Entrenar la energía es una cosa y realizar una calistenia musical es otra. De hecho los pilares del Qi Gong nacen del Wushu. Por ende, si el Wu (武) no coincide con el Gong (功), el Qi se obstruye ralentizando su flujo, y la refinación de Shu (術) se diluye erradamente. ¿Qué beneficios fisioterapéuticos podrían obtenerse si los principios médicos no son respetados?

Por lo general, el hombre común busca la gloria y quiere a toda costa obtener los logros y el reconocimiento sin someter la soberbia y el orgullo. Es innegable que las mentiras embrutecen y cuentan con el apoyo de los medios de difusión masiva. Esto las convierte en una enfermedad contagiosa que termina matando la libertad cognoscitiva.

En todo caso, nada puede detener el curso de las historia. Aunque las nubes se cierren y oculten la luz que se levanta en la mañana, sus oscuras tenebrosidades se disiparán con los eternos resplandores del sol. El propio maestro Wong Yi Man ha hecho un llamado mundial en busca de un retorno a las raíces genuinas. Sabe que la epidemia del Wushu deportivo es una malformación voraz capaz de exterminar la brillantez filosófica del pueblo chino.

 

6 Responses to “LA DISOLUCIÓN DE UN ARTE MILENARIO”

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