EL QI Y LAS IDEOLOGÍAS

EL QI Y LAS IDEOLOGÍAS

Artículo escrito por el Sifu Tony Rey García

(2013)

Existe una estrecha relación entre la mente y la circulación energética. Las creencias, los dogmas, las certezas y los fanatismos doctrinales provocan esquematismos de percepción específicas.

La comprensión humana es cuestión de sintonización de frecuencias. Cuando la conciencia se ensambla  con las diversas capas de estímulos vibratorios que nos rodean el cerebro convierte las gradaciones de Qi (energía, 氣) en pensamientos e informaciones sonoras. Por supuesto, no todo lo que se conceptualiza responde al acto de una concienzuda imbricación con el mundo. Las tradiciones y las culturas imprimen desde el momento del nacimiento una inmensa carga de condicionamientos generacionales.

Para un católico el sentido de culpa se torna un verdugo inconsciente. Su Qi yace atado a un sentido de deuda divina que lo supedita a una nefasta esclavitud volitiva. Un budista puede resarcir los remordimientos de un oscuro pasado con la idea de la reencarnación, pero vive agobiado por cumplir  mandamientos de abstención que lo enfrentan contra las propias barreras fisiológicas.

Las creencias no solo afectan la psiquis, también influyen en el equilibrio de Yin y Yang. Es obvio que cuando el miedo resurge la tez palidece y los miembros se enfrían, mientras que la ira enrojece la faz y hace ascender el Qi del hígado desorbitando las pupilas. Muchas patologías son el resultado inherente de una decadente psicología.

La mente direcciona el Qi y su rumbo establece pautas. Lo que se consolida en el Yinian (intención mental, 意念) delinea las tendencias del carácter (Xing Ge, 性格). La personalidad es un puente entre la intención (意), los pensamientos (思) y la psicología (Xin Li Xue, 心理學) con que se asumen los cambios externos.

Las personas pueden marchar a la muerte con extrema convicción o violar las barreras de la compasión y el amor, en honor a las imágenes que han tallado en sus mentes o que le han sido transmitidas con impecable desvelo en lo más profundo de su corteza cerebral.

Las relaciones sociales y familiares yacen circunscritas a disímiles conflictos de apreciación. Como es un hecho que el hombre no puede vivir sin Qi, cuando no posee el medio de obtenerlo por un modo de vida armónico elabora las más sofisticadas estrategias de compensación anímica. Le extrae el Qi a sus semejantes obligándolos por vías indirectas a participar de sus propias decisiones o en el peor de los casos compatibilizándolos con sus ilusas proyecciones.

Nuestro mundo inmediato es un campo de batalla invisible. Los lazos de fraternidad, los credos y las dependencias laborales pueden ser utilizados con máxima eficiencia para compensar el vacío y la insustancialidad de una simple persona. Por supuesto, los mecanismos éticos propician las razones y los argumentos para que los demás concluyan en aceptar la esclavitud neuronal que se les impone. ¿Cómo se puede romper esta férrea sujeción comunitaria? ¿Existe algún modo de adquirir energía sin menoscabar o decrecer las vitalidades ajenas?

La palabra Orden puede responder a esta interrogante. Un árbol necesita de dos aspectos fundamentales para garantizar su perdurabilidad biológica: una tierra fértil y un clima favorable. De nada vale que intente sacar sus raíces y vivir flotando en el aire. No puede violar las leyes naturales que lo definen. Tampoco puede sentirse mal porque un pájaro cante en las ramas del abedul que le hace compañía o sufrir la decepción de no ver emerger en sus troncos la flor del crisantemo. Debe aceptar su destino como especie y ser feliz de acuerdo con los decretos del Dao.

El regocijo de una planta no estriba en salir de compras ni en vestir sus hojas con la última confección de la moda. Es plena mientras no trasgreda los aledaños que la hacen manifestarse a plenitud. ¿Qué pasaría si todas las cosas discrepasen sobre las potencialidades con que han nacido? ¿Acaso el universo podría erigirse sobre el anarquismo de sus partes subyacentes?

Un hombre debe buscar la armonía en términos humanos. Ha de ser feliz con lo que es, sin forzar los horizontes que lo disuelven en conjeturas. La felicidad es el resultado de estar en el lugar adecuado realizando lo que nos concierne.

¿Acaso los modelos filosóficos pueden concluir en la satisfacción plena? ¿Es la felicidad la consecuencia de una conversión religiosa? ¿Cuáles son los requisitos que posibilitan que la sensatez se organice en una sinfonía de evolución?

El término de Dao (道) yace compuesto por la imagen de una cabeza (首), y el radical que señaliza un pie (辶). El primero alude a las leyes específicas que gobiernan los aconteceres universales y el segundo nos permite concebir y establecer una ruta. El Dao visto bajo la semántica de sus remotos orígenes nos confiere el camino que encauza el destino, proporcionando un sentido de equilibrio entre el Dao del hombre (Ren Dao, 人道) y las fuerzas celestes y telúricas.

Lo divino se devela en lo cotidiano. El hombre alcanza la totalidad cuando el Orden de su vida no atenta contra el flujo de las eventualidades. La espiritualidad más alta no la confiere un rosario, una sotana, los emblemas de una orden religiosa ni las apariencias de erudición que muchos intelectuales labran en sus rostros. En la sencillez, el anonimato y la entrega crece la luz de la conciencia.

Para ser libres hay que aceptar ser humanos. Desde el momento en que las limitaciones existenciales no concluyen en transformar el curso espontáneo de las cosas en una tormentosa noche de ensueños, el hombre puede experimentar la plenitud verdadera.

Las acciones correctas son plegarias y las decisiones se convierten en puertas que abren o cierran el umbral del paraíso o del infierno. Un hombre debe aceptar su camino y no permitir que su libre albedrío se entreteja con los hilos de las marionetas sociales. Si bien tiene que vivir en el teatro de títeres del mundo mercantilista, puede también prescindir de las argollas que mutilan las articulaciones de la mayoría.

El secreto del ser no consiste en tener. Los árboles que no traicionan sus raíces pueden sentir la savia bienhechora que corre por sus troncos y alimenta sus hojas. La sabiduría es el don de aceptar las limitaciones.

 

3 Responses to “EL QI Y LAS IDEOLOGÍAS”

  1. Martorelli Says:

    You have brought up a very excellent details, appreciate it for the post.

  2. Elva Says:

    Unquestionably believe that which you stated. Your favorite reason appeared to be on the net the simplest thing to be aware of. I say to you, I certainly get annoyed while people consider worries that they just do not know about. You managed to hit the nail upon the top as well as defined out the whole thing without having side effect , people could take a signal. Will likely be back to get more. Thanks

  3. Kathrin Says:

    What’s up, I read your blogs daily. Your humoristic style is awesome, keep doing what you’re doing!

Leave a Reply


7 × = 21