BRUCE LEE Y EL JEET KUNE DO

LA LEYENDA DEL KUNGFU

Artículo escrito por el Sifu Tony Rey García

(2013)

Li Xiao Long (Li, significa el pequeño dragón, 李小龍), es el nombre que identifica en todo el continente chino a la legendaria figura de Bruce Lee. Un insigne personaje que indiscutiblemente deja su impronta en la historia de las artes marciales de Occidente.

Mucho se ha hablado de su vida y de su relevante legado. Su carismático talento  cinematográfico y la singular caracterización de sus emblemas combativos, le adjudicaron la idolatría de sus admiradores y el fanatismo de varias generaciones. Incluso su muerte fue motivo de insolubles cavilaciones y enigmáticas hipótesis.

No es mi intención ahondar en su trayectoria histriónica ni en los pormenores que lo condujeron en suelo norteamericano a los lentes del séptimo arte. Lo que me incita a escribir estas breves líneas yace estrechamente relacionado con la necesidad de esclarecer su dramática incursión dentro de las tradiciones del Wushu y la errada visión que suele erigirse cuando se intentan definir sus conocimientos verídicos.

¿Qué es lo que produce la amplia aceptación de sus prosélitos y el éxito de sus acciones estratégicas? ¿Realmente poseía un profundo legado de Kungfu? ¿Cuántos estilos logra asimilar en su perentoria existencia física? ¿Fue un fiel exponente de las teorías del maestro Yip Man como tanto se ha divulgado? ¿En qué se basaban sus conclusiones personales? ¿Es el Jeet Kune Do (Jie Quan Dao, 截拳道) un estilo capaz de reflejar las premisas que caracterizan a los boxeos chinos?

Para responder a estas interrogantes es imprescindible que recorramos algunos trechos secuenciales de los eventos que demarcan su vida.

Bruce Lee junto al maestro Yip Man (葉問).

Si bien es cierto que a los trece años de edad es aceptado como discípulo de Yip Man, también es un hecho que sólo pudo mantenerse muy poco tiempo a la sombra de su preceptor. En aquella época, las enseñanzas no estaban prefijadas a los códigos deportivos ni comerciales. Los maestros implantaban sus métodos en fuertes entornos de rivalidad y necesitaban ante todo de prosélitos capaces de impugnarles una sólida reputación. Por otro lado, los prejuicios raciales recrudecían los esquemas sociales en una nación humillada por los recuerdos de la ocupación extranjera y la deplorable invasión japonesa.

Algunos condiscípulos –celosos con los rápidos progresos del joven aprendiz-, descubrieron que poseía una ascendencia no china por vía materna. Impulsados por las pasiones, acosaron al maestro con ideas xenófobas e incluso le expusieron la posibilidad de abandonar la escuela. La gravedad del asunto colocó a Yip Man en una engorrosa disyuntiva.

Con el maestro Yip Man realizando técnicas de Chi Sao (詠春黐手).

Bajo estas circunstancias, Bruce Lee se vio forzado a encontrar otras alternativas. Algunos seguidores de Yip Man de reputada trayectoria, como fueron Wong Shun Leung (Huang Shun Liang, 黃淳樑) y William Cheung (Zhang Zhuo Qing, 張卓慶), le brindaron sus conocimientos. De alguna manera, su insaciable sed de aprendizaje pudo satisfacerse por vías indirectas.

En sus constantes intercambios con partidarios de otras escuelas –cosa muy común en el ámbito de su época-, Bruce accedió a los códigos del Choy Lee Fut, diferenciando a primera vista los rangos de distancia y las posibles limitaciones del estilo que preconizaba.

Más tarde, con la instrucción recibida del maestro Siu Hon Sang (Shao Han Sheng, 邵漢生), se adentró en el estudio de algunas secuencias de Bei Pai Wushu (Wushu de la tendencia del norte, 北派武术).

Este conocido especialista le transmitió el Jie Quan (boxeo articulado, 節拳) algunos basamentos del Luo Han Quan (boxeo del iluminado, 羅漢拳), técnicas de Tang Lang Quan (mantis religiosa, 螳螂拳) y ataques del Tan Tui (boxeo de las piernas volantes, 腿骽拳).

Con este sintético andamiaje de combate relacionado con las transmisiones de la Jing Wu Ti Yu Hui (Asociación Atlética de Jing Wu, 精武體育會), fundada en Shanghai en los inicios del siglo XX, Bruce Lee abandonó el continente asiático para arribar en 1959 a los Estados Unidos.

Ya en suelo norteamericano su camino lo llevó a la asimilación de otras disciplinas. Estudió Judo con el maestro Shuzo Kato en la universidad de Washington e incorporó, de otros estudiantes, elementos de boxeo y de lucha libre (no debemos olvidar que fue un gran admirador de Jack Dempsey, Joe Louis, Willie Pep y Muhammad Ali).

Decidido a trascender los modelos clasicistas que había incorporado en Hong Kong, comenzó a disponer de una movilidad sumamente expresiva y de un desplazamiento más eficaz (en donde su velocidad de traslación se conjugaba con cambios de dirección, saltos y un sorpresivo uso de la pierna delantera).

Articulando los ritmos de quietud y dinamismo con la instantaneidad de un Fajing fulminante (emisión de Qi durante la ejecución técnica, 發劲), rompió definitivamente con las reducidas estratagemas del Wingchun, confiriéndole a su estudio un nuevo conjunto de maniobras.

Bruce Lee en una expresiva pose de combate.

Sus antiguos desvíos a corta distancia se metamorfosearon en intercepciones abruptas y ataques circulares. Las posturas fueron hundidas y ampliadas en un rango de mayor separación de las piernas y algunos pasos del boxeo occidental se agregaron en sus juegos espaciales. De esta extraña mixtura surgió el Jeet Kune Do (el camino del puño interceptor), un estilo que intentó suplantar la acción de los bloqueos por los deslizamientos y las inserciones angulares en una exhaustiva tendencia a golpear las propias intencionalidades del oponente.

Con las amplias lecturas filosóficas que nutrían sus ideas y las meditaciones que le confería a la teoría del Taiji, engendró aliento a un híbrido marcial de inobjetable efectividad física.

Ahora bien, ¿podemos catalogar esta ingeniosa creación como fiel exponente de las credenciales del Wushu?

Bruce Lee fue un observador perspicaz de todo lo que encontraba a su paso. Poseía una capacidad excepcional para extraer la esencia que pudiera sufragarle sus invenciones estilísticas. De algún modo, se convirtió en un constante renovador de sus grandiosas concepciones. No obstante –y esto es de suma importancia si deseamos comprender la vigencia de sus proposiciones-, lo que presentó como método no puede enmarcarse completamente dentro del rango de las artes familiares y monásticas.

Es evidente, que desconocía muchos de los aspectos profundos de los boxeos de su tierra de origen. Esta desventaja lo llevó a introducir pasos de esgrima, técnicas de Karate, proyecciones de Judo, pateos de Taekwondo, golpeos de Choy Lee Fut y hasta elementos de las técnicas filipinas.

¿Qué es lo que produjo su máxima eficiencia? ¿Cuáles eran los secretos con los que contaba para rivalizar con los peleadores de su época?

Primero que todo, Bruce Lee llegó a un Occidente dominado por las artes japonesas. El Wushu apenas se entreabría ante las pupilas americanas y europeas en una China cerrada al mundo por recelos e ideologías políticas. Muchos de sus oponentes expresaban sus estilos apoyados sobre la contracción muscular y la linealidad del ataque y la defensa. Los bloqueos eran ejecutados como barreras independientes y el cuerpo no unificaba su poder en una indivisible centralización de la emisión energética.

Bruce Lee en una escena del filme Puños de Furia, estrenado en 1972.

Con los pocos elementos que poseía sobre Wing Chun y todo lo que tomó de su mundo inmediato, Bruce Lee contaba con las bases para introducir –en un contexto de desconocimiento total-, las directrices de un rango de movilidad diferente. Solo el hecho de interceptar el ataque, de cambiar los ángulos de entrada y salida, de relajar la musculatura y exponer una concepción de la fuerza más explosiva, de combinar simultáneamente las acciones de las manos y los pies, lo llevó a refutar de manera rotunda los cánones estandarizados de su tiempo.

Indudablemente disponía de una cualidad innata para el combate y de un inigualable talento. Sin esta capacidad intrínseca, el Jet Kune Do no hubiese trascendido en la historia. Esta gracia natural y su fuerte expresión actoral le crearon un aura de indiscutible velo mítico.

Mucho se ha enfatizado en nuestro mundo contemporáneo sobre su vínculo con el Wing Chun. Esto, visto a la luz de lo que realmente aprendió, es una verdad relativa. Bruce Lee no solo poseyó pocos conocimientos de este estilo, sino que incluso lo trascendió con otras tácticas corporales. Su pragmatismo marcial y su necesidad constante de expresarse a sí mismo, lo llevó a romper con todos los moldes. Incluso, con los que usualmente disponía para las eventualidades combativas. Esto deparó que su técnica quedara enmarcada en una incitación a la libertad de encontrar lo que cada cual pudiese extraer del interior de su espíritu.

Si bien es cierto que transportó una nota de espontaneidad y de auténtica exteriorización, también es un hecho que no dispuso del tiempo para convertir sus ideas en un modelo de transmisión generacional.

Bruce Lee hizo innumerables montajes con el Liang Jie Gun (pequeños palos seccionados conocidos en Occidente como Nunchaku, 兩節棍). Si bien es cierto que sabía de sus limitaciones y de su exigua maniobrabilidad combativa, su talento marcial le confirió un notable virtuosismo coreográfico. En China, este antiguo utensilio de trabajo no forma parte de las dieciocho armas clásicas (Shi Ba Bing Qi, 十八兵器). Es considerada junto al abanico (Shan, 扇), la banqueta (Deng, 櫈), la flauta (Xiao, 簫) y otros emblemas de la vida aristocrática y campesina como un pertrecho de rango secundario.

Existen muchas interpretaciones de su figura, algunas rondan los libretos fantasiosos y otras le otorgan una cierta primacía dentro de las narraciones marciales. Las descripciones que nos han incitado a vislumbrar su rostro como el padre del Kungfu, convergen con el rango de las grandes utopías. ¿Cuántas escuelas conforman el Wushu? Y dentro de esos sistemas, ¿no existen amplias capas de informaciones? ¿Hasta dónde pudo captar la esencia genuina cuando sólo ahondó de manera indirecta en las fuentes de un estilo?

Si comparamos el perfil biográfico de Bruce Lee con el de los patriarcas que tallaron los anales de las proezas marciales en los diversos recodos históricos de China, podremos comprender que aún cuando sus ideas tendiesen hacia la cúspide de la perfección, su aporte no sobrepasaba las dimensiones de un grano de arena.

Figuras como Hong Xi Guan (fabuloso maestro sobreviviente de la época de las conjuras contra el gobierno manchú, 洪熙官), Lu A Cai (uno de los diez tigres de Guangdong, 陆阿彩), Chen Xiang (creador del Choy Lee Fut, 陈享), Huo Yuan Jia (reconocido preceptor de la corriente norteña durante la ignominiosa ocupación japonesa, 霍元甲) o Yang Lu Chan (personaje de extraordinaria habilidad que logró trascender las perspectivas de la familia Chen, 楊露禪), han inmortalizado las crónicas orales y escritas sentando las bases de las escuelas de renombre.

Es indudable que la imaginación concluye por distorsionar la realidad de los hechos. Una cosa es apreciar a un actor con una fuerte tendencia pugilística y otra es valorizar sus conocimientos marciales por la elegancia o el virtuosismo de sus gestos escénicos.

Quizás, algunas personas objeten que la diferencia crucial es establecida en el revolucionario método con que Bruce Lee asumía el acto de la defensa personal y su renuncia total a prefijarse dentro de un código específico.

Este razonamiento tendría validez si de antemano aceptáramos la posibilidad de creer que se puede construir una escuela sin patrones ni metodologías. Si esto fuera posible, ¿cómo aprenderían sus partidarios?

Bruce Lee no comenzó de la nada. Estudió todo lo que encontró en su camino y si hubiese tenido acceso a otros maestros de seguro se habría nutrido de sus fuentes. Si bien podemos admirar su efigie como un ejemplo de perseverancia, no debemos olvidar que sus conclusiones estaban muy lejos de albergar el núcleo de los conocimientos superiores.

Como siempre ocurre en la historia, los eventos se osifican según el punto de descripción en que se ofrecen. Bruce Lee ha sido un símbolo manufacturado bajo los estandartes económicos de las empresas cinematográficas. Por lo tanto, su muerte constituyó un medio extraordinario de monitorear grandes expectativas.

Vivimos en un mundo de rotulaciones y esquemas propagandísticos. No obstante, aunque creamos conocer bastante sobre el Wushu y su legendario contenido, muchos de sus secretos aún no han sido revelados. Un mito posee siempre mayor atractivo que una leyenda viva.

 

21 Responses to “BRUCE LEE Y EL JEET KUNE DO”

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