ENSAYO SOBRE LA RELATIVIDAD COGNOSCITIVA

LOS CONTRASTES DE LA RAZÓN HUMANA

Artículo escrito por el Sifu Tony Rey García

(2012)

El ser humano ha construido una sofisticada interacción con su propia especie. Las grandes metrópolis aglomeran las costumbres y los patrimonios ideológicos almacenados en el hábito de la repetición masiva. Las leyes refrenan los instintos asentando las barreras volitivas. En tanto, los acordes políticos generan alienación, partidismos, división de criterios y una absurda tendencia a fragmentar la visión de las cosas.

En este conjunto de simultaneidades, crece el concepto de la democracia. Es innegable, que la libertad ha pasado a ser una elección de lo que es permitido consolidar dentro de un contexto geográfico específico. Este libre albedrío condicionado por la fuerza de una minoría, crea aprehensión, neurastenia, colisiones emotivas, desacuerdos generacionales y una tediosa sensación de rutina. ¿Cómo puede ser feliz una multitud que comparte los antagonismos de su falta de decisión interna?

Cuando el hombre no puede equilibrar sus temores ni tampoco sabe como escapar de la temporalidad física, huye hacia los linderos donde nacen las utopías. Las religiones han socavado el silencio de estas pesadumbres con el amparo de las construcciones divinas.  Dios crece encima de las ruinas espirituales de miles de generaciones. Se yergue como un apologista de lo imposible y sobrevive alimentado por los atributos que le otorgan sus devotos.

Cuando las certidumbres se afianzan, surgen los atolladeros doctrinales y se propugnan las crisis metafísicas. No podemos erigir la comprensión genuina cuando optamos por encapsular la conciencia en los dogmas y las ortodoxias. ¿Cuántas posibilidades quedan ausentes siempre que la voluntad se afana en perpetuar un restringido ángulo de definiciones?

En el capítulo sobre la Unidad de los Seres (Qi Wu Lun, 齊物論), Zhuangzi ilustra el eterno dilema que agobia al entendimiento humano:

Si tú y yo discrepamos y tú me vences a mí, y no puedo superar tus razones, ¿acaso por eso serán tus argumentos portadores de la verdad y los míos engendramiento de la mentira? Si, al contrario, soy yo el que impongo mis criterios y tú no puedes ofrecerme resistencia, ¿acaso estarán mis puntos de vista realmente en el lado de la veracidad? ¿Cómo asegurar hasta qué nivel se evidencia el discernimiento genuino o la falta absoluta de comprensión? Si tú y yo no sabemos cómo solucionar este problema ¿a quién llamaremos para que nos rectifique? Si quien viene a ayudarnos es partidario de tus conceptos, entonces consentirá contigo, ¿cómo puede corregirme quien desde un inicio yace condicionado por un ángulo de percepción? Si, en cambio, el que nos asiste es adepto de mi opinión, ¿cómo podrá establecer una norma de juicio veraz cuando en silencio confraterniza con mis exposiciones? Si es de una tendencia diferente de la tuya y la mía, el que pretende equilibrar nuestros desajustes ¿cómo podrá acceder a una orientación bienhechora cuando cuenta con una tercera base interpretativa? Así si ni tan siquiera contando con otro, tú y yo podemos saberlo, ¿vamos a pensar todavía en involucrar a otras personas?…

(Zhuangzi cap. II)

Si la ley que expansiona la materialidad cósmica yace fundamentada por la fuerza del cambio y el dualismo estructural de los sentidos físicos subyace en la transfiguración de las formas universales, ¿cómo puede consolidarse un solo aspecto perceptivo? ¿Puede la sabiduría escapar de la disección preestablecida por los esquemas sociales?

Escoger implica también desechar. El hombre que parcializa sus convicciones se aliena en mil direcciones. Por lo tanto, si las propuestas culturales no pueden converger con las aspiraciones intelectuales, devienen los conflictos de la conciencia.

¿Acaso se puede enarbolar el crecimiento espiritual cuando lo que prima son las fragmentaciones del pensamiento? ¿No es un laberinto sin salida el encuentro de varias mentes y su afán por prevalecer dentro de las descripciones que atesoran?

Si observamos con detenimiento el contraste ideológico de algunas de las figuras relevantes de nuestro pasado racional y teológico, constataremos como sus planteamientos doctrinales fueron sometidos a la erosión de las críticas divergentes.

Dentro del budismo, el cristianismo y el taoísmo las ideas originales fueron replanteadas y adaptadas a los designios religiosos de sus prosélitos. Ninguna pudo exonerarse de la masacre conceptual que las generaciones posteriores indujeron en lo más hondo de sus proposiciones.

Buda edificó su hallazgo mental –definido como iluminación dentro de la terminología budista-, sobre el tema del sufrimiento. Enarboló un camino ético sobre ocho principios de comportamiento y evitó desvirtuar su doctrina teologizando lo absoluto. Tambaleó la aparente solidez del hinduismo tradicional, la onerosa división de castas y las tendencias mentales que perforaban la sociedad de su tiempo.

Tras la fuerte impresión que le causara la visión de la vejez, de la enfermedad y la muerte, Siddhartha Gautama se internó en las selvas donde los anacoretas se sumían en las sinuosidades del ser. Probó las abstenciones y se permeó de todas las tendencias que asaltaban su camino. Desde la mortificación corporal hasta la continencia de las impresiones, se exploró a sí mismo con toda la intensidad que confieren las pupilas desencarnadas. Confrontado con los aspectos más íntimos de su naturaleza, encontró refugio en una explicación  impregnada de comprensión y del intraducible dolor que generan nuestras ilusas sensaciones.

¿Deberíamos entender su propuesta como un medio de escapar a la tristeza del nacimiento y a la incontrolable degeneración física? ¿Por qué termina convertida su ideología en una ecléctica fusión de creencias? ¿Cómo pudo trastocarse su sencillez virginal en una inmensa argamasa de deidades y efímeros rituales?

Si nos internamos en el siglo I en la región de Judea y Galilea podremos contemplar otro fenómeno de extrema relevancia.

Cristo socava las bases del judaísmo redefiniendo la imagen del padre celestial. En su incansable predicación riega en las sedientas muchedumbres un profundo mensaje de amor y compasión universal. De sus manos nacen los versos de la igualdad y se configuran los sermones del alma. Muere crucificado entre las manos de sus congéneres como una alegoría futura, tan solo por no cumplir con los esquemas políticos implantados bajo la sombra de la ocupación del imperio romano. Es bien sabido que los profetas del judaísmo esperaban la figura redentora de un caudillo militar que restituyera la grandeza de los tiempos de Salomón.

Con el concilio de Nicea y el apoyo del emperador Constantino (274-337 d.C.), el cristianismo se transforma en una religión de estado. Bajo la sombra de los intereses gubernamentales se instituye su culto, así como los evangelios que deben transitar a la penosa categoría de heréticos o apócrifos. Es así como se inducen en las masas las nuevas conceptualizaciones religiosas, como si se tratase de un simple esquema de percepción unitaria.

Separado de sus fuentes primigenias, las enseñanzas de Jesús quedan definidas en cuatro evangelios y en un absurdo mundo de poderes eclesiásticos e intervenciones divinas. ¿Qué quedaba de la transparencia de aquel hombre que caminaba por las calles de Galilea pregonando un camino de amor y de sacrificio por los demás? ¿Pudo la Iglesia acercarse a comprender el valor de la pobreza y el decoro de quienes entregan todo para que el mundo sea mejor? ¿Comprendió alguna vez el catolicismo, que el hombre no necesita de las intercepciones humanas para alcanzar la comunión con Dios?

Si remontamos la mirada a los inicios de la cultura china nos toparemos con la imagen de otro de los grandes sabios de antaño. Me refiero al hombre que le confirió paternidad al taoísmo filosófico y que dibujo 81 poemas con el denuedo de quien yace listo para abandonar los apegos y las pertenencias.

Es bien sabido que Laozi (老子), tras haber sido el archivero de la biblioteca imperial, huye del elitismo de la corte y se pierde entre las montañas del olvido. Escribe un texto repleto de alegorías en las fronterizas márgenes del mundo civilizado y se interna para siempre en las páginas del anonimato. ¿Es acaso un egoísmo acérrimo abandonar el área de la razón para caminar entre los informes paisajes de las ausencias? ¿Por qué no desanduvo sus pasos y se dirigió hacia los bulliciosos mercados donde se aglomeraban las sedientas muchedumbres? ¿No pensó acaso que su doctrina pudiese cambiar la faz de sus coterráneos?

Con la llegada del budismo a suelo chino el taoísmo se bifurcó en un conglomerado de ritos. Perdió la frescura de los primeros tiempos y se ensimismó en una preocupante búsqueda de la inmortalidad física. Paradójicamente, el Dao De Jing (escrito por Lao Zi antes de abandonar los confines del reino), se transformó en su columna vertebral. Todo parecía indicar que sus prosélitos contaban con un sólido substrato de sabiduría. No obstante, sus entrenamientos psicofísicos y sus rebuscados emblemas religiosos lo dirigieron hacia caminos opuestos.

Entre Buda, Cristo y Laozi existen grandes diferencias. No obstante, el único que logra evadir las indecorosas manos de la discordia humana es aquel que traspone los límites de su época. Buda muere a los 80 años, dejando atrás un enorme número de seguidores. Cristo no pudo convencer a los dirigentes religiosos de sus falsas convicciones y mucho menos logró comprometer a los que habían compartido sus enseñanzas.

Si Laozi –en vez de abandonar las superficialidades de su entorno-, hubiese decidido exponer sus tenaces críticas a los príncipes y eruditos de la corte, otra historia matizaría los instantes finales de su existencia.

Tal vez tendría que haber presenciado como las manos de algún verdugo cercenaban para siempre la base de sus ideas, o incluso como expiraban sus alientos filosóficos, entre la risa y la incomprensión de sus incrédulos congéneres.

Si bien es cierto que los pueblos claman por ser liberados de las cadenas que los mutilan, también es un hecho que cuando aparece un Mesías lo toman por un enemigo tenaz. ¡El mundo lleva milenios envuelto en la ceguera y no admite que las verdades se desnuden con inocencia! De este modo, una perla de sabiduría puede también convertirse en una piedra gastada por los balbuceos de los falsos profetas.

19 Responses to “ENSAYO SOBRE LA RELATIVIDAD COGNOSCITIVA”

  1. Asley Says:

    Muchas gracias Sifu. De cierta manera necesitaba de la sabiduria que emana de un articulo como este. Hoy tuve la dicha de chatear con Leanny, una conversacion corta que me lleno de mucha alegria y nostalgia. Espero que todo este bien con ud y Sifu Miriam. Reciba un fuerte y calido abrazo de mi parte.

    Feliz Navidad

    Asley

  2. Williams Cronk Says:

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    Sin dudas uno de lo elementos que más ha afectado el proceso de la civilización humana ha sido la reinterpretación de los conceptos creados por grandes hombres como Buda, Lao Tze y Cristo. Tal como se plantea, se crea una tergiversación, un conglomerado de ideales, alejados del precepto original, más cuando la sociedad con sus leyes y costumbres obstruyen el pensamiento natural del ser y canaliza hacia una misma senda los variados matices que generan verdaderos “atolladeros doctrinales”.
    El hombre es un ser minúsculo en un mundo inmenso y rico, y como los primeros tiempos de la civilización humana intenta dar un sentido a su existencia y entonces surgen variadas formas de explicar los fenómenos de la naturaleza y la misma sociedad. Tres hombres se destacaron en este sentido de dar una razón y un camino al sempiterno temor.
    Propugnaron ideales que llegaron a tener un sentido en el momento mismo de su surgimiento y en contextos complejos de su época. Pero ocurre que las tribulaciones internas del hombre siguieron más allá de la época de estos hombres y solo surgió una diversificación de conceptos, términos e interpretaciones a partir de las nobles raíces del budismo, taoísmo y cristianismo que solo han venido a complejizar la existencia humana, dada la diversidad de criterios y puntos de vistas.
    Aún está muy lejos el hombre de librarse de sus temores y ataduras doctrinales. Gracias al Sifu Tony por este interesante artículo.

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