EL VERDADERO SENTIDO DEL TAOLU

Posted in TEXTOS on noviembre 9th, 2014 by admin

LA SIMPLICIDAD DE LOS GRANDES SECRETOS

Artículo escrito por el Shifu Tony Rey García

2014

La teoría de Taiji (太極的理論) es el punto de apoyo que sostiene las más intrincadas orientaciones del pensamiento chino (中國思想). Descrita dentro de las vetustas terminologías taoístas, las concepciones cosmogónicas que pautan las inmensurables manifestaciones microscópicas e interestelares se entretejen y diversifican como resultado del constante intercambio de Yin y Yang.

Con tan solo dos polaridades energéticas en permanente flujo la unidad del Dao (道) amplifica su infinita vastedad de creaciones. Visto desde la perspectiva del Yijing (易經), la dilatación y el recogimiento crean universos paralelos y amplias capas de dimensiones.

Los 64 hexagramas del Libro de las Mutaciones movilizan los cinco elementos (五行), y estos producen las circunvoluciones del Bagua (los ocho trigramas, 八卦). 8×8=64 y la multiplicación de 64×64 produce 4096 combinaciones. De aquí que el universo palpite en infinitas ramificaciones dialécticas avalado por la constante interrelación de sus formas. Las cifras podrían reproducirse en cuantificaciones inabarcables, pues dentro de Taiji (太極內) las matemáticas adoptan elevadas amplitudes.

Al ser el Wushu una elaboración de la teoría de Yin y Yang (陰陽的理論) su manifestación anatómica debe ser entendida bajo los parámetros de estas dualidades. Inducido por esta visión, he decidido establecer un breve análisis de uno de los temas que más confusión produce en la asimilación de las técnicas pugilísticas. Me refiero a la práctica y difusión de los Taolu tradicionales (傳統套路).

Actualmente el uso de internet en toda su magnitud divulgativa y la globalización tecnológica auspiciada por la inmensa red de teléfonos celulares ha posibilitado que las fabricaciones mercantilistas y las distorsiones del pensamiento filosófico y marcial dispongan de una velocidad de traslación nunca vistas. Como los caminos errados siempre han proliferado en las más variadas condiciones históricas, es innegable que en nuestros tiempos sus proporciones sobrepasan la norma de lo que es plausible captar neurológicamente. Esta penosa situación ha creado una plataforma de intercambio informativo a escalas visuales y auditivas, que lejos de favorecer el entendimiento lo priva de su logicismo racional. De este modo, las personas terminan compartiendo las banalidades o el error colectivo en una efervescente mixtura de prefabricadas opiniones.

Imbuido por estas prerrogativas han surgido los criterios publicistas que condicionan a los practicantes de Wushu a afrontar el entrenamiento físico por medio de una absurda recopilación de estructuras.

Los ejemplos sobrarían si no estuviesemos limitados por las formalidades del artículo. Escuelas de relevante envergadura conforman una muestra fehaciente de estos aciertos. El estilo Choy Lee Fut (蔡李佛) templado en el fragor de las conspiraciones políticas – y fuertemente influenciado por las ideologías del levantamiento de los Taiping (太平天國)-, se ha diluido en cientos de ordenamientos que no mejoran la comprensión de los adeptos. Debemos aclarar por encima de los gustos y apetencias de la moda, que la mayor parte de estas concatenaciones reinterpretan el mismo tema bajo distintas perspectivas. En la difícil época donde Cheng Heung (陈享, 1806-1875) y Jeung Yim (張炎, 1814?-1893) perfeccionaron las matrices del boxeo, la esencia de su efectividad combativa yacía cifrada en 8 módulos de ejercitación.

Algo parecido ha sucedido con la difusión contemporánea del Yang Shi Taiji Quan (el estilo Yang de Taiji, 楊氏太極拳) concebido por el maestro Yang Lu Chan (楊露禪, 1799-1872) y más tarde perfeccionado por sus descendientes familiares. Su refinada aplicabilidad combativa y la valiosa teoría filosófica que bien entendida podría cambiar radicalmente el sentido de la vida, ha terminado en una fragmentación deportiva carente de sus valores marciales y curativos. Si bien su vistosa y elegante ejecución entretiene la mirada y dulcifica el paladar estético, su falta de contenido mancilla rotundamente la veracidad de su estrategia.  Un sistema concebido por medio de un solo Taolu y que marcó historia dentro de las epopeyas pugilísticas del siglo XIX partió simplemente de 37 cánones de movimientos.

En otros casos, el problema no radica en la distorsión de los elementos constitutivos sino en una lamentable pérdida de visión conceptual. En el archiconocido Hong Quan (洪拳) expuesto en nuestros días y grandemente aparejado a los primeros filmes realizados por las compañías de Hong Kong (香港), los discípulos se ensimisman más en buscar las modelaciones adscritas a la época donde vivieran los diez tigres de Guangdong (廣東十虎) que a explotar las posibilidades reales que ofrecen sus vastos secretos encubiertos. Debemos recordar que con tan solo una síntesis de tigre y grulla (虎鶴雙形), el hijo del legendario Hong Xi Guan (洪熙官), el maestro Hong Wen Ting (洪文定), abre un centro de enseñanza y consolida su prestigio en un contexto de extremo pragmatismo marcial. ¿Cómo fue posible que esto sucediera?

Es necesario que aclaremos que el dominio de las artes marciales no se reduce a la destreza con que puedan realizarse varias agrupaciones de movimientos. La habilidad y la maestría son dos caras de una misma moneda. De aquí que el talento y el virtuosismo no siempre se correlacionen con sus utilidades en el contexto de la sobrevivencia. Ya hemos dicho en reiteradas ocasiones que un Taolu (套路) no es más que un orden inicial. Esto quiere decir, que la coreografía diseñada por un viejo patriarca es un alfabeto de sutilezas con diversos grados de interpretación y eficacia, un hecho que demuestra el valor de las disciplinas genuinas.

Con relación a esta temática podrían exponerse disímiles argumentos. No es una mera casualidad que las primeras escuelas de Okinawa –las cuales mezclaron muchas de las técnicas devenidas de la provincia de Fujian-, no dispusieran en su acervo militar de interminables aglomeraciones de estratagemas. Los mismos samuráis –diestros en el uso de la espada-, codificaron los cortes de la Katana en ángulos precisos. Sin embargo, su efectividad estaba fuera de dudas en los momentos donde asumían una confrontación real. Ni tan siquiera existían las cintas de colores para evaluar la grandeza de un guerrero. En estos sangrientos escenarios, un simple puño bien focalizado o un corte transversal del sable ejecutado con mano firme y desplazamiento preciso podían decidir el curso de la vida o la muerte.

Guiados por estas consideraciones teóricas, podemos asegurar que la esencia es más importante que su profusa variabilidad. Estos planteamientos cobran un significado vital cuando traspasamos la apariencia de los boxeos familiares. El Choy Lee Fut de los primeros tiempos yacía circunscrito a 5 métodos de mano (五手法), y el Yang Shi Taiji Quan (楊氏太極拳) en 8 gestos y cinco desplazamientos (八門五步). No obstante, las capacidades subyacentes de sus partidarios y el rango de prestigio histórico ganado por sus descendientes nos conduce a la admiración de sus propuestas. Ninguno de sus más afamados exponentes logró la maestría sin antes consolidar un dominio veraz de sus particularismos esenciales. Cuando Yang Lu Chan llega a la ciudad prohibida no era un autómata del boxeo de la familia Chen y mucho menos un acróbata de circo. Tampoco lo fue Chen Heung en sus incesantes confrontaciones en el sur de China. ¿Acaso estos personajes combatían mostrando las 108 imágenes del estilo?

Maestros de la talla de Huo Yuan Jia (霍元甲, 1868-1910) que hicieron leyenda en las plataformas del Lei Tai (擂台) no basaban su letalidad en la acumulación de secuencias. Por lo tanto, cuando un alumno ha sido iniciado en la transmisión oral no necesariamente significa que tenga que rememorar una larga cadena de reestructuraciones. El general Qi Ji Guan (戚繼光, 1528-1588) sintetiza varias escuelas y Yue Fei (岳飛, 1103-1142) gesta sus conclusiones sobre la base de estrictas gestualidades. Con esto no quiero resquebrajar la validez de las formas tradicionales. Una cosa es estudiar los baluartes de un método familiar y otra es aceptar como fidedigno sus incesantes adaptaciones. El Yijing resume con 64 hexagramas la mutación del universo. Sin embargo, es evidente que su magnitud sobrepasa el alcance de esta cifra.

El gran poder de estos principios no es hipotético. Cuando aplicamos los valores matemáticos a estas aseveraciones, comprobaremos a donde nos llevan sus mutabilidades aritméticas: 64 x 64 = 4096 y 4096 x 4096 = 8192. Por ende, si el hijo de Hong Xi Guan poseía un reducido número de técnicas, estas podían depararle en una primera fase de estudio un resultado directamente proporcional a su divisibilidad numérica. ¡Todo un sistema enclavado en tan solo unas simples y aparentes acciones! Si a esto le sumamos las posturas, los puños, las palmas, los codos y los pateos, la diversificación tendría condiciones para expansionarse  indefinidamente.

Como ya esbozamos al inicio de este estudio, el Taiji cifra el funcionamiento de Yin y Yang. Sin embargo, ¿cuánto puede hacerse con solo dos polaridades?

Debemos comprender que no son los números de técnicas las que nos deparan el respeto y la dignidad. Por mucho que nos esforcemos por acumular gran cantidad de Taolu, estos no pueden conducir a la libertad de expresión si antes no han sido dilucidados con extrema meticulosidad. El instinto y la claridad mental no pertenecen a ninguna escuela. Deben ser desarrollados en consonancia con las leyes estratégicas. Decir que hacemos Hong Quan (洪拳) porque ejecutamos el Gong Zi Fu Hu Quan (工字伏虎拳) o el Hu He Shuang Xing Quan (虎鶴雙形拳) es absurdo. El Quan (拳) de la corriente Hong (洪) es una expresión de ataque y defensa que solo puede ser entendido trascendiendo la rutina y el convencionalismo.

Un ejemplo clásico de cómo pocas informaciones pueden desembocar en innumerables funcionalidades nos la ofrece el estilo Wing Chun (詠春). Con apenas 3 interconexiones – Xiao Nian Tou (小念頭), Xun Qiao (尋橋) y Biao Zhi (鏢指)-, el maestro Yip Man (葉問, 1893-1972) alcanza la plenitud operativa. Vistos con objetividad y comparados con la exuberancia de otros sistemas, estos Taolus compendian un reducido conjunto de acciones.

Ahora bien, aunque el diseño sea reducido y perentorio sus elementos se reproducen con notable evidencia cuando se utilizan sus técnicas en el Mu Ren Zhuang (el muñeco de madera, 木人樁) o se entrelazan en el Chi Shou (黐手). Esto nos demuestra una vez más como el profundo escrutinio y la capacidad para hacer funcionar lo que se realiza con el cuerpo puede desembocar en una interminable procesión de combinaciones.

Al observar escuetamente las aplicabilidades del Wingchun, descubriremos que la mayor parte de las maniobras de palmas, puños y antebrazos están contenidos en el Hong Quan, el Bai Mei (白眉派), el Long Xing (龍形派), etc. ¿Qué es entonces lo que parece otorgarle diferencia a la tónica de sus movimientos? Aquí entra en juego el ángulo de inserción y la amplitud o reducción del desplazamiento.

De ningún modo podemos creer que la totalidad de un árbol puede comprenderse analizando exclusivamente la parte que exhibe sobre la superficie de la tierra. Para llegar a sus particularismos biológicos debemos hundir la mirada en sus raíces y por ende, penetrar en el lado no visible de las cosas. Esta metáfora tiene una gran vigencia en el mundo de las artes marciales.

Estudiar Wushu y fanatizarse con los bordes conceptuales de un estilo es perder la semilla ideológica que dio vida a todas las manifestaciones guerreras.

Nada sucede en el universo de manera fortuita. Los fenómenos acaecen tras asiduas proyecciones de intercambios. Por lo tanto, el combate nos obliga a desligarnos del raciocinio a que nos somete nuestro intelecto. Focalizar el poder y reaccionar de acuerdo con las circunstancias son los parámetros que demarcan la sobrevivencia física. Sé que entre “teorizar” y “realizar” se entreabre un abismo de diferencias, pero no se puede acceder al dominio total de lo que somos mientras permanezcamos alejados del instinto. Nada puede decirse de un instante de reacción, porque la auténtica respuesta no es el resultado de un cálculo equitativo. Un simple gesto devanado desde la vacuidad puede ser mortal para un oponente que se afana en dilucidar sus acciones.

Aunque existan escuelas que condensen su información en cientos de pasos y otras lo repartan en innumerables secuencias, todas buscan llevar a la realidad el modo en que asumen el ataque y la defensa. Estas acumulaciones de experiencias poseen un valor inobjetable si son validadas en la lucha. En este sentido cabe señalar que lo importante no es el tipo de Taolu que se realiza sino la interpretación que se hace de los mismos.

El problema no estriba en si practicamos 100 Taolus o simplemente nos concentramos en uno. La cantidad de ropa que tengamos en casa solo ofrece utilidad cuando es empleada en la estación precisa. A nadie se le ocurriría usar en verano sus abrigos de pieles ni exponerse a las crudezas del invierno con las vestimentas tropicales. Tampoco optaríamos por salir al teatro con un short de playa, unos zapatos de los años 50 y un saco con corbata. Igualmente sucede con los Taolu: han sido hechos para circunstancias y momentos determinados.

No podemos perder de vista que el mercantilismo necesita de los mitos para movilizar el interés de los adeptos y por supuesto despertar el anhelo por lo novedoso. No obstante, por muy ostentosas que sean sus propuestas, nunca logrará ofrecer la pericia y el conocimiento que solo se obtienen tras largos y duros años de entrenamiento. El Gongfu verdadero (真功夫) se alcanza sin esclavitudes motoras. Para que el cuerpo actúe en consonancia con los estímulos externos, la mente ha de ser liberada de sus esquematismos cotidianos. El uso del concepto de Taiji dentro del Wushu solamente puede obtenerse si el hombre logra acceder a las márgenes del vacío (無).

Es indudable que la estupidez humana es mucho más antigua que la sabiduría. De aquí que su longevidad histórica nos proporcione una infinita potencialidad para materializar sus impulsos inmanentes. Por muy duro y ofensivo que nos parezca esta afirmación, su veracidad es equiparable con el contradictorio itinerario del hombre. A este respecto, creo firmemente que el crecimiento espiritual de nuestra especie depende exclusivamente de la consecuente eliminación de sus intrínsecas necedades.

Una cosa es educar a la personalidad y otra ilustrar el espíritu. Aunque lógicamente no lo parezca, el acto de ser inteligente no es sinónimo de memoria. La inteligencia es la facultad que nos permite valorizar lo esencial y desechar lo superfluo. Un hombre erudito no siempre es inteligente. Si bien puede impresionar al vulgo con su lengua, también avergüenza al sabio con sus elecciones. De hecho, ¿cuántos intelectuales sucumben a las nimiedades de la vida?

Para llegar a la simplicidad de los grandes secretos, tenemos que retornar a la sencillez. Para que esto suceda, debemos liberarnos de la costumbre de imitar los códigos de una época. Los grilletes del siglo XIX se han metamorfoseado en propagandas engañosas. En nuestros días, los cautivos de la era tecnológica yacen subyugados cerebralmente. Aunque no sientan el dolor del látigo y el peso de las cadenas, las multitudes eligen lo que se les presenta como cierto y no saben determinar en donde radican sus auténticas necesidades.

Para salvar a las artes marciales del mal uso a que son sometidas, debemos aprender a pensar con autonomía. No existe poder, habilidad o técnica que supere la claridad del espíritu. Este es el ápice de una pirámide, que en su punto más bajo solo se preocupa por obtener el ilusionismo de las apariencias.

Antes de concluir quisiera enfatizar en un punto: los verdaderos maestros no son aquellos que presumen de lo que muestran, sino los que luchan por fundar una humanidad mejor. Si desde el entrenamiento del cuerpo no logramos modificar los alcances de la mente, entonces hemos perdido el tiempo miserablemente.

UNA HISTORIA CONTROVERTIDA

Posted in TEXTOS on octubre 7th, 2014 by admin

LA CREACIÓN DEL SANDA

Artículo escrito por el Shifu Tony Rey García

2014

Dada la sincronía de datos que hemos conferido con relación a la evolución del Wushu moderno (新家武術), creo que estamos en condiciones de analizar un tema de extrema trascendencia. Concretamente me refiero a las técnicas boxísticas agrupadas bajo el epíteto de Sanda (散打), y sus drásticas transformaciones contemporáneas.

Hoy en día, es usual que la mayor parte de los practicantes de Gongfu (功夫) crean que tan solo con colocarse dos guantes de boxeos y subirse a un cuadrilátero de lucha ya están inmersos en las estrategias de ataque y defensa sublimadas a lo largo de la historia por los viejos patriarcas de las artes guerreras. Nada más lejos de la verdad que asumir el Sanda como una contundente expresión del Wushu tradicional (傳統武術).

En el Sanda (散打), las maniobras del Taekwondo se tornan evidentes.

Como mismo es absurdo suponer que las prolíficas creaciones marciales de China, ancladas desde el inicio de las primeras dinastías y evolucionadas en cientos de años e innumerables sublevaciones populares, puedan ser concentradas en dos o tres arreglos oficiales -como se pretendió hacer desde el año 1958 con el Chang Quan (長拳), el Nan Quan (南拳) y el Taiji Quan (太極拳) en su absurda estandarización masiva-, peor es aún condicionar los variados modelos de combate avalados a lo largo de la historia en los estrechos confines de un certamen. Estas adaptaciones competitivas llevadas a cabo en contextos políticos determinados y seducidas por los eslóganes de las reformas, niegan y arruinan rotundamente los antiguos preceptos del Wushu.

¿Qué es el Sanda y cómo devino en deporte nacional?

Para responder a esta interrogante es necesario que hagamos un poco de historia. De ningún modo podríamos comprender su remodelación contemporánea, sin antes rememorar los cimientos que lo anteceden.

Con solo remontarnos a las postrimerías de la dinastía Zhou (周朝, 1150 a.C.-256 a.C.), y hurgar en sus fuentes escritas descubriremos los gérmenes de lo que serían las escuelas familiares del norte (北派武術). En estos ámbitos, donde todavía sobresalían las gestas individuales en el campo de batalla y el orgullo de enfrentar al enemigo por el solo hecho de realzar el honor, los guerreros no sólo se ejercitaban en el entrenamiento de la ballestería y la conducción del carro, también competían en sus fiestas populares en una lucha a mano desnuda denominada Jiao Li (角力). Esta especie de pugna a corta distancia entremezclada con abundantes maniobras de derribo, nos recuerda las antiguas ceremonias tribales remontadas al mítico emperador Huangdi (黃帝, 2697-2597 a.C.), donde los ejecutantes se colocaban en la cabeza cuernos de animales como símbolo de las agrupaciones étnicas. Con el paso del tiempo, las prácticas folclóricas y chamánicas aunadas a ritos y cosmovisiones numéricas evolucionaron en otros modelos de combate.

En el período de los Reinos Combatientes (戰國, 475-221 a.C.) la guerra transita hacia las campañas donde los conocedores de las artimañas sutiles de la confrontación militar confeccionan los códigos tácticos. Los clásicos estratégicos como El Arte de la Guerra de Sunzi (Sunzi Bing Fa, 孙子兵法), son el resultado de la necesidad de un momento histórico, determinado por los conflictos entre los diferentes reinos. El Wu Gong (entrenamiento marcial, 武功) se impregna de estas tendencias y en la dinastía Song (宋朝, 960-1279), los adeptos al pugilato se encuentran en el Lei Tai (擂臺), las famosas arenas o plataformas donde los especialistas se enfrentaban sin reglas ni restricciones. El Quan Fa (拳法) ha alcanzado un rango de elevada sofisticación dentro de los clanes familiares, las concepciones paramilitares y las costumbres étnicas.

Como el Wushu ya estaba sólidamente formado como método de sobrevivencia mucho antes de lo que oficialmente se pregona, las escuelas de renombre contaban con entrenamientos alternos de San Shou (散手), para redirigir las habilidades de sus discípulos. El propio ideograma San (散) nos alude al acto de soltar o desatar alguna cosa. En este caso, se refiere al uso de las manos (Shou, 手), como símbolo inmanente de las armas corpóreas.

Estamos hablando de las destrezas guerreras (Wu Yi, 武藝), afinadas durante largos años de entrenamiento y focalizadas con la propia anatomía de los contendientes. Como ya hemos expresado en otras disertaciones, la construcción caligráfica del signo de Wu (武) no esconde en ninguna medida un acto pacifista ni impregnado de mandamientos religiosos como los que demarcan a los adeptos del budismo. Su conformación semántica implica la utilización de todos los recursos disponibles para obtener la victoria. Si bien es cierto que su práctica devino con el paso de los siglos en una refinada cultivación de la conciencia y que en muchos casos, su inserción dentro de las cofradías religiosas le adjudicó el estigma de la autodefensa, no podemos perder de vista sus verdaderas connotaciones lingüísticas. Los caballeros andantes de las viejas novelas decimonónicas (Wu Xia, 武俠), eran el vivo ejemplo de aquellos hijos del honor que deambulaban de un pueblo a otro en defensa de las clases oprimidas, los cuales no medían consecuencias a la hora de defender los principios de la justicia. Estos personajes, equivalentes a los hidalgos de la Europa medieval, subían al Lei Tai con prodigiosa valentía en una época donde el único requisito para detener la lucha estribaba en respetar los propios códigos éticos o la total incapacidad del oponente.

Desde la dinastía Ming (大明, 1368-1644) hasta principios del siglo XX, el Wushu preserva sus ingredientes primigenios. La política de rescate de las artes marciales facilita la colaboración de muchos maestros. El término de Wushu fue transformado por el de Guoshu (國術 – técnicas de la nación), un bautismo político y circunstancial que recoge en sí mismo los ideales del nacionalismo republicano.

En 1926 el presidente Chiang Kai-Shek (蔣介石, 1887-1975) apoya la creación de asociaciones atléticas. Bajo el liderazgo del general Zhang Zhi Jiang (张之江, 1882-1966) se establece en la ciudad de Nanjing (南京), el Zhong Yang Guoshu Guan (中央國術館 – Instituto Central de Guoshu de Nanjing), un centro de reconocida trayectoria que logra aglutinar a muchos preceptores de indiscutible prestigio. Figuras de la talla de Fu Zhen Song (傅振嵩, 1872-1953), Gu Ru Zhang (顧汝章, 1893–1952), Li Jing Lin (李景林, 1885-1931) y Wan Lai Shen (萬籟聲, 1903-1995), entre otros, conforman parte de esta excepcional institución.

Más tarde, algunos grandes exponentes estilísticos se unen en la ciudad de Guangzhou bajo los mismos estandartes ideológicos. Los maestros Lin Yao Gui (林耀桂, 1880-1966), Lin Shi Rong (林世榮, 1861-1943), y Zhang Li Quan (張禮泉, 1880-1966), no solo encumbran los estilos gestados tras la onerosa ocupación de los mongoles, sino también honran el prestigio de las escuelas sureñas con una sobresaliente actuación profesional.

Desde el período de los “señores de la guerra” (軍閥, 1916-1928) hasta la cruenta invasión japonesa y la posterior resistencia nacional (抗日戰爭, 1937-1945), los conflictos interiores se agudizaron. Por un lado la ocupación extranjera como símbolo de humillación nacional, y por el otro los intereses políticos de las potencias occidentales, sumieron al país en un escenario sangriento.

Si bien las artes de guerra evolucionaron satisfactoriamente hasta el período republicano, también es un hecho que su futuro fue moldeado por otros factores externos. En 1924 se crea la Academia Militar de Huangpu (conocida en Occidente como Whampoa, 黄埔军校) bajo estricta influencia del Guomindang (國民黨) y con el beneplácito del propio Sun Yat Sen (孙逸仙, 1866-1925). Diseñado para ofrecerles preparación logística y militar a las tropas revolucionarias de la nación (国民革命军) y en especial a las unidades de infantería, este centro de entrenamiento propicia la intervención de algunos asesores soviéticos que terminan por introducir otras visiones del combate a mano desnuda.

Fuertemente influenciados por el éxito obtenido en el segundo frente oriental (durante la 2da guerra mundial), los funcionarios del kremlin introducen las vertientes del Sambo (un arte marcial desarrollado en la Unión Soviética bajo las iniciativas del partido comunista en tiempos de Lenin), los cuales llegarían a formar los comandos de respuesta rápida (Spetsnaz) adjuntos a la KGB y adjudicados al ministerio del interior tras la muerte de Iósif Stalin (1878-1953). Un hecho que las convierte en todo un hito dentro de las unidades de operaciones especiales del mundo.

Técnica del Sambo ruso donde se vislumbran las influencias del Judo y la lucha grecorromana.

Bajo el mando del conocido mariscal Kliment Voroshílov (1881-1969), se instituyen los fundamentos para el entrenamiento físico de los integrantes del ejército rojo. Vasili Sergéyevich Ochschépkov, Víctor Spiridónov y Anatoli Jarlámpiev, estudian y condensan en un solo cuerpo doctrinal, el Judo (柔道), la lucha grecorromana (古典式摔跤), el Jiujitsu (柔術道), el boxeo occidental (拳擊), el Karate (空手道) y las antiguas tradiciones de lucha de los armenios, moldavos, uzbekos y mongoles. Por esta razón, en el año 1938 el Sambo es considerado el Sistema Nacional de Lucha de la Unión Soviética (URSS).

Estas nuevas prerrogativas se tornan atrayentes por una sencilla razón:

Prometían el dominio de un 80% de sus cualidades técnicas en un espacio de tiempo colindante con el que se necesitaba para el entrenamiento de las tropas y al mismo tiempo, satisfacían las ansías de reforma en un sector político que abogaba por la asimilación de las evoluciones militares de Occidente.

Visto bajo el prisma de la realidad objetiva, pocos resultados podrían obtenerse con la introducción en el ejército de los diversos sistemas de Gongfu, los cuales necesitarían al menos diez años de práctica consecuente para desarrollar las genuinas habilidades aplicativas. Debemos recordar, que el Wushu no está pensado para violentar las etapas de crecimiento y mucho menos puede garantizar la refinación de la reacción instintiva en tan solo seis meses de adiestramiento. Un arte marcial que golpea (打), patea (踢), proyecta (摔), agarra (拿), punza (點), y que además combina el cultivo físico con el desarrollo mental y espiritual, no puede ser reducido en los estrechos límites de un entrenamiento acelerado. Es esta la causa de que en nuestros tiempos -matizados por la síntesis y los cursos reduccionistas-, la mayor parte de los estudiantes se queden flotando en apreciaciones que no logran tocar el corazón de la maestría.

Con el triunfo del comunismo y la instauración de la República Popular China en 1949, los tiempos de gloria de las artes marciales cambiarían drásticamente. Las iniciativas para transformar su contenido en un deporte de magnitudes olímpicas acrecientan que los especialistas de las Universidades de Cultura Física opten por elaborar un método de ataque y defensa con características similares al Sambo. Tras una evidente e inobjetable asimilación de los puños del boxeo, los pateos de Taekwondo (跆拳道) las proyecciones de Judo, los desbalances de la lucha libre, y algunas estrategias inmovilizadoras del Jiujitsu, componen una nueva metodología que definen bajo el nombre de Sanda (散打).

Las técnicas de sacrificio del Jiujitsu son ampliamente utilizadas.

Lo interesante de este híbrido de artes marciales mixtas no es que prescinda de efectividad, sino que sea concebido internacionalmente y con la aprobación de las entidades deportivas de China, como una expresión de las técnicas del Wushu tradicional (傳統武術). Si todos los especialistas pretendiesen combatir bajo los esquemas del Sanda ¿para qué entonces entrenar los Taolu (套路), las armas y las estrategias estilísticas enraizadas en cientos de escuelas con características distintas? Aunque el Sanda pueda ser tan eficaz como el Kickboxing (踢拳) o el Muay Thai (泰拳), es una aberración vergonzosa convertirlo en manifestación de una civilización, con al menos 4000 años de experimentaciones estilísticas.

Si aceptamos –bajo los eslóganes comerciales y deportivos-, que el Sanda es una ramificación del Wushu y que todos los peleadores deben condicionar sus patrones de entrenamiento en la dirección que demarcan sus reglas ¿en dónde quedan las respectivas particularidades del Wushu?

Haciendo un análisis escueto de algunos pormenores del pasado que tal vez nos puedan ilustrar los profundos desacuerdos conceptuales que reinan en nuestros tiempos, se nos hace imprescindible preguntar:  ¿los adeptos del  Ba Ji Quan (八極拳), del Tong Bei Quan (通背拳), del Ying Zhao Men (鷹爪門), del Tang Lang Quan (螳螂拳), por solo citar algunas de las vertientes del norte (真北派), han estado durante siglos equivocados al repetir estructuras que no pueden traducir sobre las arenas de un cuadrilátero? ¿Acaso los insignes líderes de los reinos combatientes obtuvieron sus proezas utilizando estrictamente los reducidos esquemas del Sanda? ¿Qué es lo que entonces le ha dado credibilidad histórica a la imagen de Yue Fei (岳飛, 1103-1142), Qi Jiguan (戚繼光, 1528-1588), o Huo Yuan Jia (霍元甲, 1868-1910)?

Es evidente que estamos en presencia de un exterminio sociocultural que terminará por usurpar el juicio y la comprensión de las generaciones futuras. Ya en nuestros días, las nociones erradas proliferan en demasía. ¿Qué no se creerá en tan solo algunas decenas de años?

Quizás podamos todavía salvar del holocausto comercial, las gemas de un conocimiento que lejos de herir a un oponente por medallas o dinero, puede trasponer los moldes de la mediocridad y las argucias del Ego. Desechar la lucha que nos hace más humanos, por aquella barbarie que nos acerca a la ignorancia, es pisotear los baluartes filosóficos de una de las naciones más antiguas del planeta.

Antes de terminar con este breve ensayo, creo que debemos nuevamente enfatizar que la práctica del Wushu no consiste exclusivamente en lanzar golpes con las manos y los pies, con el único objetivo de vencer a un contrincante poderoso, es ante todo el arte de aprender a pensar y sentir el mundo de un modo tan excelente como para merecer haber nacidos con los atributos del intelecto y el raciocinio. Si tan solo percibimos su lado marcial, desconociendo el pensamiento que lo sostiene y sus inmensas reservas ideológicas, entonces hemos desperdiciado nuestros duros años de entrenamiento en esfuerzos indecorosos que solo concluirán por dañar nuestros cuerpos, arruinando la mente y el espíritu.

LA INVOLUCIÓN DE LOS VALORES ÉTICOS

Posted in LOS EXTRANJEROS EN LA CHINA DEL SIGLO XXI, TEXTOS on septiembre 1st, 2014 by admin

3ra Parte

LOS EXTRANJEROS EN LA CHINA DEL SIGLO XXI

Artículo escrito por el Sifu Tony Rey García

(2014)

Basándonos en la secuencia de datos que hemos ofrecido con respecto a la convulsa y contradictoria evolución de las artes marciales, creo que estamos en condiciones de analizar un tema de extrema trascendencia: el errado aprendizaje del Wushu moderno y su decadente expansión por el mundo.

China – emergente superpotencia del siglo XXI-,  es una sociedad multiétnica enclavada sobre las bases de una indiscutible economía de mercado. Un país que vive bajo la sólida centralización de un gobierno unipartidista y los contradictorios rigores del capital nacional y extranjero, no puede evadir las rupturas de pensamiento y los desacuerdos ideológicos que imponen las privatizaciones, la filosofía monetaria de Occidente, el consumismo desmedido, el estatus que deparan los valores adquisitivos, las propiedades, el usufructo y la herencia, la corrupción funcionarial, los privilegios de clases y la pérdida del paternalismo comunista en una población constituida por más de mil trescientos millones de personas.

Cuando las costumbres folclóricas y los hábitos remanentes de una nación se combinan con la lucha desenfrenada por la sobrevivencia y el pragmatismo de las ganancias individuales, los valores éticos decrecen y sus legados intelectuales se desplazan a un rango de menor importancia. Es esta la causa, de que las artes marciales tradicionales –portadoras de un grandioso patrimonio filosófico y etnográfico-, se hayan transformado bajo las luces de neón que alumbran las grandes metrópolis incrustadas de rascacielos y ostentosas arquitecturas postmodernas, en lucrativas y poderosas fuentes de enriquecimiento.

Como toda empresa comercial debe afanarse por vender una determinada mercancía, los inversores necesitan obtener la aprobación y el reconocimiento volitivo de sus congéneres para garantizar la demanda de sus productos. De este modo, surgen las exacerbadas propagandas de los estilos familiares, las ofertas de aprendizaje en las grandes escuelas provinciales, los viajes organizados al monasterio de Wudang (武當山) y Shaolin (少林寺), las hazañas y prodigios de los viejos maestros, las prometedoras terapias rehabilitadoras y las instrucciones estandarizadas por las universidades de cultura física y deportes (体育大学). O sea, se acrecientan los medios de información y las difusiones masivas para que multitudes enteras terminen eligiendo y aceptando como verídico, las premisas y los enunciados publicitarios que se le presentan.

Los occidentales suelen ser una de las víctimas preferenciales en este exuberante mercado de ventas. De aquí que la mayoría de los asiduos turistas que a diario aterrizan en los aeropuertos de las grandes ciudades, terminen tras algunos años de infructuoso esfuerzo o duras experiencias monetarias y emotivas, trastocando el sentido real de lo que representa el budismo, el taoísmo o las artes de combates genuinas.

Por otro lado, muchos estudiantes de idioma –graduados en las prestigiosas universidades lingüísticas-, creen que tan solo dominando los resortes coloquiales del mandarín (普通話) ya tienen abiertas las puertas del conocimiento. ¡Grave error perceptivo que tristemente puede deparar la frustración y el hastío!

Encontrar en China a un maestro verdadero dispuesto a enseñar es toda una odisea en un panorama plagado de falsos mesías. Sin embargo, si lo que se ansía es hallar a toda costa algún personaje relevante que enorgullezca nuestra imagen con su historia y genealogía, entonces no pasaremos mucho trabajo para descubrirlo. Cualquier región del norte o del sur nos reporta en nuestros días una efusiva colección de figuras acopladas a leyendas y mitos populares que nos harían languidecer la mirada. Con esto no quiero decir que todos sean una falsificación rotunda. El problema radica en que precisamente muchos de los descendientes reales de los grandes maestros del pasado viven de una historia que les reporta prosélitos y reconocimientos sin necesidad de generar demasiados esfuerzos físicos e intelectuales. Bajo estos estandartes de presentación, un sinnúmero de estudiantes foráneos sucumben en la trampa de las apariencias sin ni siquiera notar la falta de solidez o el desamparo aplicativo de las formas y técnicas que los supuestos expertos pregonan.

Con solo mirar detenidamente a un hombre podremos comprender cuanto de verdad o mentira habita en sus palabras. El pensamiento, lo hábitos y la psicología individual conforman los gestos y las apetencias de un modo indisoluble. Por mucho que un demagogo profesional pretenda ocultar sus intenciones, estas se muestran al desnudo en cada elección o movimiento que ejecuta. La mente posee una estrecha correlación con los impulsos nerviosos que llegan al sistema músculo-esquelético. Por ende, los enlaces psicomotrices de un ser humano sin voluntad o con una percepción empobrecida por la falta de un sistema de vida armónico menoscaban sus respuestas locomotoras. ¿Qué quedaría de la destreza de un tigre si desde pequeño lo acostumbramos a residir entre las paredes de una celda? ¿Podría volver a usar sus garras con la misma presteza de los felinos que deambulan por las asperezas del bosque? De nada valen las maniobras de un estilo si no se comprenden y mucho menos cuando apenas se practican. El Wushu es un árbol que florece sobre la actividad constante y el entendimiento de sus raíces.

Podemos avanzar un poco más en estas disertaciones y señalar las diferencias de apreciación que se promueven desde las diversas perspectivas individuales. Hay aquí una especie de fatalismo que nos inmoviliza los criterios en una obsoleta marginación visual. Un estilo de gongfu es apenas una rendija de percepción histórica por donde se escurre un tenue rayo de luz. Si bien un resplandor en una habitación a oscuras es un milagro divino capaz de cambiar las penumbras en esperanza y sosiego, su apariencia celestial no puede sobrepasar los diámetros de un tenue agujero. ¿Cuántas verdades escapan a diario a nuestro pobre entendimiento? ¿No es la ignorancia directamente proporcional a la extensión de la sabiduría? Cuando decidimos abordar el Wushu bajo el prisma de una escuela, estamos apartando la posibilidad de entender el resto de sus creaciones. En este caso, no solo estaremos acercando nuestros ojos a un minúsculo ángulo perceptivo, sino que incluso participaremos de las apreciaciones inconscientes y subjetivas con que coloreamos el mundo.

Un microscopio amplifica el volumen de una partícula y un telescopio nos acerca la fisonomía de las estrellas y los planetas. Los científicos pueden elucubrar sus modelos teóricos sobre la bases de tales observaciones, pero nunca podrán comprender al unísono las infinitas correlaciones que surcan la globalidad del espacio subatómico ni la miríada de procesos interestelares ligados a las constelaciones y galaxias. Por más que se agranden las amplitudes de lo lentes y se perfeccionen las tecnologías científicas, la totalidad fenomenológica del universo es muy superior al estudio de sus partes. Asimismo ocurre con las enseñanzas de un buen maestro. Nos da su criterio llevándonos al nivel de comprensión que profesa. Pero si su conocimiento dependiese de la luz que entra por un solo agujero, nos estaría condicionando a ver el horizonte de un modo incompleto.

Otro punto delicado que inevitablemente hiere la susceptibilidad de muchos emigrantes y peregrinos, es el tema de su afiliación a las escuelas de Wushu. En nuestros días los extranjeros son vistos en  algunas asociaciones pugilísticas de China como una fuente notable de ingresos. Independientemente de la dosis de dignidad que pueda conferir – en los rígidos esquemas sociales chinos-, la adquisición de un alumno con rasgos europeos o pasaporte norteamericano, es indiscutible que su aceptación oficial fortifica el rostro público de la academia, implicando un puente futuro para venideros planes de expansión y enriquecimiento, los cuales asegurarían el sustento del preceptor o de sus familiares más cercanos.

Las antiguas escuelas tenían como objetivo primario el cultivo ético, marcial y filosófico. Con la estandarización del Wushu moderno (現代武術) los altos valores espirituales se confinan al olvido.

Tal vez no sospechemos todo lo que se ha perdido desde los oscuros recodos de la Revolución Cultural (無產階級文化大革命) ni las declinaciones provocadas por la transformación de la economía planificada. El desenlace de estos eventos yace inscrito en los anales de la historia. Cuando el presidente Deng Xiaoping (鄧小平, 1904-1997) promulgó la existencia de un país y dos sistemas (Yi Guo Liang Zhi, 一國兩制), los viejos tiempos del Wushu estaban transitando a una enervante época de consumismo e implacables ansiedades existenciales.

La involucración de las artes boxísticas en los programas educativos comenzó a inicios del siglo XX bajo las iniciativas del presidente Yuan Shikai (袁世凱, 1859-1916). Ahora bien, una cosa fue fundar asociaciones para el fomento de las artes marciales y otra crear institutos deportivos para reducir la diversidad del gongfu a unas cuantas estructuraciones gimnásticas despojadas de su filosofía, así como de los fundamentos teóricos y biomecánicos que consolidan la eficacia de las ejercitaciones medicinales y guerreras. Debemos recordar que lo que hoy se denomina bajo el epíteto de Zhong Guo Wushu (中國武術) es el resultado de una concisa adaptación y sistematización gubernamental acontecida en la década de los años 60 para estandarizar y simplificar la herencia de un pueblo dado al cultivo de las técnicas bélicas.

El movimiento de rescate de las artes marciales chinas se amplifica en el período republicano (中華民國) con la proliferación de diversas organizaciones, como lo fue la Asociación de Estudios Marciales (武術學會) creada en 1918 en Shanghai o el Instituto de Investigación de las Artes Marciales (武術研究會) establecido en la misma ciudad en el año 1923. También se consolidaron diversas organizaciones para el rescate de los valores éticos. El Centro de Estudio de los Conceptos Morales del Wushu (天津道德武術研究會) erigido en Tianjin, es un vivo ejemplo de la tentativa gubernamental por elevar los valores tradicionales.

En la década de los 70 la tendencia oficial propugnada por el gobierno reorienta el cultivo de las artes de combate hacia una marcada simplificación deportiva. Con el curso del tiempo y la involucración de algunos maestros, la fuerte influencia de las reformas boxísticas promueve la fundación en Beijing en 1980 de la Facultad de Cultura Física y Deportes (北京體育學院). Si en épocas antiguas la maestría fue el resultado de un arduo proceso de entrenamiento y desarrollo personal, con las nuevas orientaciones políticas impulsadas por el presidente Mao Zedong (毛澤東, 1893-1976) y Zhou Enlai (周恩來, 1898-1976) la ejercitación popular y masiva del pueblo repercute definitivamente en las nuevas readaptaciones.

Solamente el acto de convertir al Wushu (武術) en una educación física en consonancia con la visión competitiva occidental demarca una notable diferencia de enseñanza, alejada de las experiencias energéticas y médicas experimentadas durante miles de años. Un deporte (體育) despojado de filosofía es tan perturbador como lo sería un anochecer sin estrellas.

Con la producción de filmes hongkoneses se rotulan los iconos folclóricos que durante décadas inmovilizarían el criterio de muchos adeptos. Evidentemente, las leyendas y los roles televisivos, acrecentaron la proliferación de algunas escuelas y sobre todo, singularizaron la imagen de los viejos personajes del siglo XIX.

El mito de Wong Fei Hong (黃飛鴻) ampliamente popularizado en el cine en los años 70 por el actor Guan De Xing (关德兴), fue un hito determinante en la reducida visión histórica del estilo Hong Quan (洪拳). Como Occidente ama el misterio y adora sentirse afiliado a un conocimiento exclusivo, algunas escuelas han sabido atraer la atención de miles de prosélitos inoculando una fuerte dosis de fantásticas historias.

De algún modo somos el resultado de lo que hemos vivido. La historia no descorre las hojas de los almanaques impunemente ni las canas nos tiñen las sienes de otoño por el simple placer de modular la cualidad de nuestro rostro.

Es obvio, que un maestro nacido en las postrimerías de la dinastía Qing (清朝, 1644-1912) estaba familiarizado con la mentalidad y el código moral reinante en el ambiente histórico y sociopolítico circunscrito a la ocupación manchú. Por mucho que este viejo patriarca se esforzase en inmortalizar su visión personal del arte marcial profesado en su época, de ningún modo podía garantizar que las transmisiones se extendieran hacia el futuro, con los valores perceptivos que enfundaban luz en lo más íntimo de su corazón. De esta forma, aunque el conocimiento de una escuela hubiese sido transferido durante varias generaciones con innegable celo, la psicología de los pueblos sería moldeada según se transformasen las circunstancias económicas y políticas. Lo mismo ocurre con nuestros hijos y nietos. Llevan en sus caracteres algunos rasgos tomados de la madre y el padre y otros que desconocemos por completo.

Como ya lo hemos dicho, no es imposible que un estudiante occidental establecido en territorio chino termine tras años de estudio y convivencia social comunicándose en algunos de los dialectos del norte (北方話), e incluso que también logre dominar los resortes más rebuscados de la lengua culta. Todo eso podría suceder cuando las horas de esfuerzo han sido debidamente focalizadas. Pero lo que nunca obtendrá este devoto de la cultura oriental por más que trasgreda los límites de su inteligencia, es hacer que su impecable fonética o la destreza de su escritura transformen el curso de los acontecimientos que demarcan su presente.

La cultura china surgida hace más de 5000 años y expuesta en textos sapienciales que todavía pregonan la visión dual del universo y la insensatez del apego a las pertenencias efímeras, se ha metamorfoseado profundamente en los interiores de una colosal potencia económica. Sus nuevos ciudadanos ya no caminan con los preceptos del taoísmo filosófico a cuestas, ni respiran las prerrogativas humanísticas del legendario Gongzi (公子). Antes bien, miran el horizonte que los rodea con las pupilas amarradas al dinero, edificando las aspiraciones sociales y los emblemas psicológicos sobre la base de las adquisiciones materiales.

En un ambiente depauperado por el valor de lo que puede mostrarse, un  teléfono celular de último modelo es más importante colocado encima de una mesa, que el pensamiento de la propia persona que lo sostiene. A modo crítico deberíamos preguntarnos, ¿qué espacio queda en estos banales contextos para el cultivo de los méritos intelectuales?

El Wushu es una ideología regeneradora. Aprenderlo con autenticidad equivale a modificar los patrones de vida y los esquemas de comportamiento. No existe otro modo de abordarlo que no sea sacrificando nuestras superficies egocéntricas. Si los propios monjes taoístas y budistas tienen que luchar en la actualidad contra las crueles leyes del mercado y no pueden entregarse al abandono de una meditación despojada de cotidianeidades superfluas, ¿hacia dónde dirigirá sus pasos un simple mortal con espíritu de renuncias?

La representación de este modelo de relacionamientos, donde las marcas y la moda garantizan los gustos y las apetencias, nos deja claro que el uso del lenguaje imposibilita establecer una transformación rotunda del ser. Participar de una sociedad que dialoga sobre el curso de las adquisiciones y que desconoce hasta qué punto ha sido embrutecida por la pasiva aceptación de los eslóganes propagandísticos, es una patética e inhumana manera de involucionar.

Las manipulaciones humanas han existido en todas las épocas. Antes del 1949 los falsos criterios eran muy abundantes en los círculos marciales. De hecho, las falsificaciones escritas y los dogmas errados llenaron las librerías con el clamor de las revelaciones literarias.

El talentoso e incisivo historiador Tang Hao (唐豪, 1897-1959), desmitificó muchas de las historias referentes a los orígenes del estilo Chen (陳式), la existencia de Damo (達摩), la leyenda de la creación del Taiji por Zhang San Fen (張三丰), los mitos esotéricos del monasterio de Shaolin (少林寺) y las erradas divisiones creadas entre los partidarios de la escuela Nei Jia (內家) y Wai Jia (外家).

Alcanzar el eje del Wushu no significa aprender un Taolu (forma clásica de un estilo, 套路) ni tampoco el hecho de haber pasado por la ceremonia de Bai Shi (rito que se hace para honrar al maestro y ser reconocido oficialmente como discípulo, 拜师) ni mucho menos retornar al país de origen con tres medallas olímpicas o un título universitario. ¡Es mucho más que esto! Tal como hemos enfatizado en otras disertaciones, Wushu es el arte de seguir el ejemplo decoroso de un hombre que nos sirve de guía durante toda la vida y el oficio de ser conscientes de nuestras debilidades intrínsecas.

Al final, si miramos con sapiencia el uso de las manos y los pies, nos percataremos que toda su aparente complejidad y rigor, conforman un pretexto idóneo para llevarnos a derrumbar la horrible imagen que hemos erigido en nuestros Egos. Este premio a la constancia y al sudor no necesita de ubicaciones geográficas. El país que debemos visitar y conocer para alcanzar la percepción literal del universo se llama espíritu (神). Esta tierra interior es de todos y permite el acceso a sus paisajes totalitarios sin restricciones nacionalistas ni documentaciones oficiales. Nos deja comulgar con el Ser cuando abandonamos  deliberadamente nuestras efímeras limitaciones cognoscitivas.

Si un maestro no conduce a sus discípulos a esta franja divisoria que colinda con la existencia del Dao (道), entonces de nada han servido los lazos genealógicos, las poses marciales y las leyendas de los antepasados. Esta fantasía rutinaria solo sirve para saciar el hambre atávica que devora a nuestros Egos.

El espíritu ancestral (元神) no respira la contaminación de los sentidos. Es el lado que nos conecta con el entendimiento que mana de un corazón abierto. La sabiduría nos es un léxico y mucho menos una gramática lingüística confinada en los bordes de un idioma. Aquello que los filósofos han sentido, ha quedado excluido en sus limitadas transcripciones. El avance interno depende en última instancia de haber sabido liberarnos de las espesas capas de desperdicio racional con que cubrimos nuestra absurda identidad. Desde un inicio, todos hemos nacido enlazados al Dao. No entendemos su mensaje porque contraponemos las conjeturas y contradicciones que ensordecen los oídos del alma. Sordos y ciegos seguimos hablando hasta la vejez, mientras los demás solidarizan su aislamiento con nuestra miopía cotidiana.

En este estado de decadencia espiritual da lo mismo si hablamos de Qigong, Wushu, Taiji o medicina tradicional. Nada puede ser comprendido mientras vivamos exiliados del espíritu. El verdadero camino es un retorno hacia lo que hemos perdido.

 

LA IMPORTANCIA DEL DAO LI

Posted in LA IMPORTANCIA DEL DAO LI, TEXTOS on mayo 4th, 2014 by admin

PROBLEMAS GNOSEOLÓGICOS DEL WUSHU MODERNO

Artículo escrito por el Sifu Tony Rey García

(2014)

Un arte marcial moldeado sobre sólidas premisas culturales, no puede ser aprehendido con una simple explicación de sus apariencias externas. Han de socavarse sus férreas barreras conceptuales si se quiere hundir el rostro en las aguas de la lucidez cognoscitiva.

A este ordenamiento racional del pensamiento se le denomina Zhong Guo Wushu De Dao Li (la teoría  del Wushu chino, 中國武術的道理).

El concepto de Dao Li (道理) constituye la médula de las ejercitaciones psicofísicas y por ende, el substrato de las nociones guerreras.

Cuando hablamos de teoría no nos referimos al cuerpo doctrinal de un estilo, sino a las leyes mecánicas y neurofisiológicas que determinan el funcionamiento de las motricidades físicas.

Si todo el andamiaje del Wushu estuvo dispuesto desde hace miles de años para ser usado bajo un orden prescrito, ¿por qué gran parte de los maestros disuelven sus técnicas en falsas demostraciones? ¿Es que los restos de sus bienes literarios –rescatados de las hecatombes políticas y los devastadores acontecimientos de la historia-, están siendo dilucidados por otros derroteros?

He aquí el problema fundamental de las enseñanzas contemporáneas. Por mucho que se disfrace la mentira globalizada, es un hecho palpable que la mayor parte de los grandes mentores postmodernos -reverenciados por miles de estudiantes extranjeros y divulgados en innumerables materiales visuales-, muestran una clara fragmentación de lo que profesan. ¿Dónde radica el conflicto? ¿La teoría que imparten es errada o son ellos lo que no logran hacer coincidir sus deducciones con lo que recitan de memoria?

Por si fuera poco, las librerías se llenan de caducas traducciones que imantan la investigación con ingenuas credulidades. Quizás sea una novedad revelar a los afanados estudiosos del Wushu los cuantiosos libros de Qigong que paradójicamente comprometen el flujo de Qi y que en la mayor parte de los casos, fueron escritos dentro de los oscuros velos del taoísmo o en las incesantes readaptaciones del budismo.

El Dao (道) constituye una armónica proporción de Yin y Yang. Dentro de su bipolaridad energética se promueve el funcionamiento del Taiji (太極). El flujo de lo natural (自然) hace intercambiar el Qi en miríadas de transmutaciones. Si el Wushu se desliga de la grandeza del Dao, su práctica obstaculiza los resortes del espíritu. ¿Cómo entonces se puede potenciar la intención si la fuerza espiritual se ha dispersado?

El maestro Wong Yi Man piensa que el Zhen Wushu (el Wushu verdadero, 真武術) no tiene nada que ocultarle al mundo. ¿Por qué habría que mistificar la autenticidad del conocimiento? Cuando una persona carece de comprensión pero desea ser reconocida, recurre a lo inescrutable como táctica para sujetar la atención de sus prosélitos. Como interpreta literalmente el legado estilístico que profesa no concluye en extraer ni un 20% de la trascendencia estampada en la semántica ideográfica que sus legítimos autores eligieron.

Mantener el enigma es un excelente modo para obnubilar el entendimiento y aumentar las adquisiciones monetarias. Nos encontramos ante un momento crítico en las transmisiones globales del arte marcial chino. Tal y como hemos demostrado en ensayos precedentes, hoy no se muestran dominios veraces ni ejemplos dignos de emular sin adjetivaciones egocéntricas. Se trastoca el sentido de la apariencia con la credibilidad, la genealogía con el entendimiento, las leyendas con el patrimonio real y el fetiche de ser copartícipe de una quimera, con el titánico silencio de aquellos que luchan por vencer y superar sus deficiencias internas.

La falta de escrúpulos en la consecución de los objetivos económicos y las ambiciones individuales, presupone una devastación total de las doctrinas antiguas. ¿De qué modo pueden contrarrestarse estas indolentes actitudes? ¿Existe un medio de reconocer y desmitificar a los depredadores cerebrales que viven del vandalismo y la distorsión? ¿Hacia dónde devendrán las ineficacias pedagógicas?

Una de las particularidades de la verdad es su escasez. Por lo tanto, no tardaremos en reconocer la grandeza de un hombre con sabiduría siempre que acepte presentarse ante nosotros.

Cuando un preceptor de respeto posee la información genuina no la esconde. La puede demostrar engrandeciendo realmente el prestigio de su escuela. El único motivo de la tradición es la preservación de los valores y estos solo se perpetúan cuando son mostrados convincentemente a las generaciones que nos siguen.

El Dao Li es la clave que permite diferenciar a los falsos profetas. Estos propagadores de las falacias son descubiertos porque sencillamente hacen lo contrario de lo que dicen. Por mucho que se esfuerzan en recordarles a sus seguidores el conocimiento que aseguran tener, lo niegan desde que comienzan a realizar el primer gesto.

Deseo concluir este breve escrito con una interesante reflexión del Sifu Wong Yi Man:

Hoy en día el Wushu vive la ruina de sus amañados predicadores. Sus portavoces se jactan de lo que carecen rivalizando con el resto de las escuelas. Por lo general, es sintomático observar, que mientras más glorioso y afamado es el líder, menos kungfu dispone para enseñar.

 

LA RUTA DEL MERCANTILISMO

Posted in LA RUTA DEL MERCANTILISMO, TEXTOS on marzo 17th, 2013 by admin

EL DECLIVE DEL WUSHU MODERNO

Artículo escrito por el Sifu Tony Rey García

(2013)

El universo es un Taiji (太極) de fuerzas divergentes. En esta anatomía de yuxtaposiciones bilaterales se engendra la fisonomía de la existencia.

¿Cómo redimir la esclavitud mental que aprisiona a las multitudes en un ambiente diseñado sobre relatividades cognoscitivas? ¿Acaso las estandarizaciones deportivas, las malformaciones pugilísticas o las especulaciones monetarias pueden reincorporar la virginal trascendencia del arte marcial? ¿Qué se entiende en nuestros tiempos por maestría?

Vivimos en una época donde el término de Shifu (maestro de Wushu, 師父) es pronunciado con extrema celeridad. Los medios de difusión nos atestiguan de la ingente capacidad que posee el hombre para  metamorfosear los embustes que le llenan el bolsillo. Hoy en día, apenas hace falta sudar para dirigir una ACADEMIA. Con solo recibir la representación escrita de un mánager estilístico (un documento que atestigua la pertenencia a una escuela o la autorización para impartir clases), los nuevos preceptores inician sus enseñanzas despojadas de las exigencias tradicionales. O sea, ni llevan años entrenando bajo la sombra del preceptor que encarnan ni conocen a fondo las nociones que intentan extender a sus ingenuos prosélitos.

En otros casos, los afanados guías espirituales no solo se circunscriben a dos o tres documentaciones de este tipo, sino que incluso inventan sus propias vertientes interpretando lo que obtienen por medio de videos o libros. En esta carrera de velocidad, los resultados pueden rayar en la locura o en el subdesarrollo técnico y metodológico. ¿No es esto un declive permanente del Wushu? ¿Hacia dónde nos conduce esta absurda orientación?

Todavía nos queda un segmento de análisis que nos dirige a los umbrales de la religión. Me refiero a todos aquellos que pretenden mostrar los aparentes poderes de los monjes de Shaolin o la sapiencia de la meditación taoísta. La manera de recrear sus promesas con los disfraces de un atuendo cinematográfico, atrae todavía más la adolescente fantasía del mundo occidental. ¿Qué queda de lo que otrora conformase al arte marcial en su magnitud genuina? ¿Podrían sobrevivir las pocas verdades que deambulan entre las generaciones actuales?

Cuando los partidarios del Wushu se adentran en los recintos de una escuela, sin un código de evaluación que les garantice la autenticidad de los instructores que lo reciben, están expuestos a cometer algunos desaciertos:

  • Se parcializan en apreciaciones obsoletas.
  • Absolutizan la vigencia de un estilo.
  • Se fanatizan con una línea de transmisión adulterada.
  • Aceptan todo cuanto se les dice sin cuestionar la veracidad de lo que sus supuestos consejeros pregonan.
  • Desvirtúan lo que aprenden recurriendo a argumentos paliativos.
  • Arruinan su energía en la búsqueda de poderes ilusos.
  • Sacrifican la técnica por la absurda incorporación de elementos artísticos.
  • Osifican los límites de lo que han aprendido.
  • Olvidan que lo importante no radica en el virtuosismo sino en la comprensión de lo que realizan.
  • Se deleitan en practicar los aspectos más banales de la cultura china.
  • Convierten un modelo de combate en un punto de fragmentación estilística.
  • Obnubilan el entendimiento repitiendo lo que todos asumen como cierto.
  • Se afanan en obtener logros efímeros.
  • Niegan todo criterio que atente contra los dogmas que les han sido inoculados.
  • Presuponen que la verdad se encuentra en la alfombra donde camina la fama.
  • Trastocan la legitimidad del Wushu con los falsos emblemas deportivos.
  • Arruinan el paso hacia la maestría por medio de títulos y documentaciones sensacionalistas.
  • Apoyan el fraude de lo que se enriquecen a costa de un conocimiento que no entienden.

Cada escuela consolida un sistema de entrenamiento energético utilizando las bases teóricas y filosóficas del Wushu. Estas estructuras son módulos relativos de conocimiento.

Por lo tanto, no existen apreciaciones concluyentes, la comprensión evoluciona a medida que se avanza dentro de la práctica. Al mismo tiempo, lo que en un momento constituye un modo de solventar las exigencias históricas o medioambientales, en otro contexto puede carecer de efectividad de realización. Yin y Yang se transforman y se diversifican en cada recodo de su eterna circunvolución.

Si miramos las amplias variaciones de estilos que habitan dentro del Wushu nos percataremos que estamos en presencia de un esfuerzo permanente por reinterpretar el substrato ideológico de la teoría del cambio (Taiji). Todo lo cual equivale a decir que dentro de su gestación marcial abundan los puntos de referencia.

Si bien las ramas de un árbol forman parte de su anatomía, no nos enseñan los vericuetos de sus raíces. Es necesario que reevaluemos nuestros procederes.

Al respecto, el maestro Wong Yi Man nos dice: lo más importante para rescatar la cultura marcial del pueblo chino no estriba en el engrandecimiento de una persona o de una línea de transmisión, sino en el sincero escrutinio de la verdadera teoría del Wushu. La investigación constante y el dominio de sus fundamentos es el único camino para restituir el discernimiento veraz.

El CAMINO DE LA ÉTICA EN EL WUSHU TRADICIONAL

Posted in TEXTOS on marzo 24th, 2012 by admin

El CAMINO DE LA ÉTICA EN EL WUSHU TRADICIONAL

Artículo escrito por el Sifu Tony Rey García

(2012)

En la vida de la China medieval las artes marciales eran consideradas una manifestación del Dao (道). Al igual que la pintura, la caligrafía, la música, la poesía o el arreglo floral, el Wushu constituyó un medio para aplicar las energías físicas, psíquicas y espirituales del hombre, en un incesante proceso de auto-conocimiento.

Para hacer efectivo el crecimiento interior se crearon, desde la antigüedad, reglas éticas que canalizaban las energías físicas y mentales en un comportamiento veraz. Esa era la clave del desarrollo: una impecable fidelidad con los principios que rigen el camino que se ha elegido.

Xiu Yang Dao De (修养道德) es el término utilizado por los maestros para designar el cultivo de las condiciones morales en el Wu Dao (武道 – Camino del Guerrero). Cada escuela cuenta con sus propios códigos. Pero la concordancia de lo que se entiende como formación del carácter esta inscrita en nueve principios:

  • Zhong Cheng (忠誠 – Lealtad)
  • Ren Qing (人情 – Humanidad)
  • Zheng Yi (正義 – Rectitud)
  • Qian Xu (謙虛 – Humildad)
  • Zun Jing (尊敬 – Respeto)
  • Xin Xin (信心 – Convicción)
  • Yi Zhi (意志 – Voluntad)
  • Heng Xin (恒心 – Perseverancia)
  • Yong Gan (勇敢 – Valentía)

La moral en el Wushu tradicional ha sido siempre un factor determinante. El entrenamiento se contempla como un punto de inserción entre la conciencia y el cuerpo. Un hombre sin ética no puede avanzar en el camino. No tiene espíritu verdadero. Es como un huevo vacío. Su forma exterior puede ser perfecta, pero la carencia de sustancia es un sello tallado en su destino.

Cuando las bajas pasiones imperan en la conducta, la intención no es clara. Sin claridad el Qi no se moviliza. Si el Qi no se moviliza no hay transformación. Esta es la triste condición de los que intentan abordar el Wushu sin alma: una parálisis evolutiva.

En los inicios, los bonzos del monasterio de Shaolin asimilaron cinco preceptos del budismo Mahâyâna:

  • Bu Sha (不殺 – No causar males a los demás)
  • Bu Wang Yu (不妄语 – No mentir)
  • Bu Tou Dao (不偷盗 – No robar)
  • Bu Xie Yin (不邪淫 – No relaciones carnales)
  • Bu Yin Jiu Lei (不饮酒類 – No consumo de bebidas alcohólicas)

Más tarde, en el siglo XVI, fueron ampliados en diez mandamientos, que sirvieron como código moral para regir el adiestramiento del Wushu genuino.

Como es de nuestro interés comprender los mandamientos que mejor ofrecen vigencia a los preceptos del pensamiento chino, nos reduciremos a comentar solamente ocho de los diez que sustentaban la tradición antigua.

El primer precepto dice:

Quien aprende Wushu debe entrenarse con celo y tenacidad.

El Wushu se divide en semillas, flores y frutos. Las semillas son los movimientos básicos, los trabajos destinados a fortalecer el cuerpo, cultivar la energía y crear una raíz. Las flores son los encadenamientos de movimientos. Los frutos, las aplicaciones marciales de cada técnica aprendida.

La fase de la semilla debe dominarse al menos en un 95%. El Wushu tradicional rechaza la superficialidad. Si se aprende mal se pierde el tiempo y se perjudica la salud. Es importante conocer los tres componentes, pero nunca se debe precipitar el proceso. La intensidad no garantiza la eficacia del resultado.

Cuando se comienza el entrenamiento se debe obtener primero el estado espiritual, que permite el cultivo de la esencia y de la energía. Un axioma antiguo dice: “La energía sin las leyes naturales no se transforma, las leyes naturales sin la energía no se sostienen.” Esto quiere decir que en el Wushu no es suficiente saber cuáles son los mecanismos para incrementar la energía, sino que es necesario conocer las leyes que gobiernan el mundo que nos rodea.

La llave de la sabiduría se llama voluntad. Ese es el secreto para los que se inician en el auto-perfeccionamiento.

El segundo precepto dice:

El empleo del Wushu se permite exclusivamente con fines de autodefensa.

El Wushu es el arte de vencerse a sí mismo. Un buen practicante se domina y no se convierte en víctima de las circunstancias.

Lo primero que hay que comprender son las causas de la violencia. El hombre que es esclavo de sus emociones es un ser humano agobiado por la torpeza de un temple mal dirigido.

La actitud es más importante que la técnica porque nos prepara para responder sin miedos ni remordimientos. El capítulo Mou Gong Pian (谋攻篇 – La Estrategia de la Ofensiva), del Sunzi Binfa (孙子兵法 – El Arte de la Guerra), sentencia:”Conoce al enemigo y conócete a ti mismo y podrás ganar cientos de batallas.”

Cuando la mentalidad es abierta y receptiva, el Qi se mueve sin rupturas. En esta circulación de energía se transmuta la personalidad. Los hábitos se modifican y se adquiere una comprensión de los cambios que rodean la existencia. La moderación, la flexibilidad y la constante observación, confieren la facilidad para amoldarse a los propósitos de un adversario. El arte de la defensa contiene el ataque. Un peleador sabe cómo anular una agresión sin tener que excederse en la letalidad de su técnica.

El tercer precepto dice:

Quien lo ha aprendido debe ser respetuoso y modesto en el trato con el preceptor y los compañeros mayores.

Utilizar el poder conquistado en el entrenamiento para humillar, menospreciar, y maltratar a los semejantes es una señal de la ausencia de un lazo profundo con el conocimiento. La torpeza para dominar el lado oscuro es una marca eterna de la debilidad y la carencia de autodominio.

Cuando se entrena Wushu se abren los canales energéticos; si ese potencial no se canaliza con un comportamiento ético, se convierte en el peor de los venenos. Por esta razón, antiguamente se esperaba durante años para transmitir los secretos del arte, no solamente por el temor a ser utilizado por manos indecentes, sino por el daño intenso que podían ejercer en la falsa manipulación de un carácter inadecuado. Una vez que el hombre decide lanzarse al torrente furioso de las aguas del autoconocimiento, no hay tiempo para imaginar que se puede desviar el río y utilizar el agua para inundar el bosque. La catarata lo tragará entre la espuma y la frialdad de lo ignoto.

El cuarto precepto dice:

Quien lo está aprendiendo debe ser siempre cortés y honesto; benevolente en las relaciones con los compañeros.

Enseñar es sólo indicar el camino. Es necesario tener una buena guía, pero la perseverancia por limpiar el alma es responsabilidad individual. Nadie puede dar los pasos utilizando los pies de otros. No hay un sendero para atravesar el esfuerzo. La vida es acción, movimiento, no existe posibilidad alguna de evadir el camino.

En una escuela de Wushu tradicional, los alumnos son hermanos. El entrenamiento une al maestro con los discípulos como una gran familia. En estos lazos de energía no hay espacio para interponer divisiones. Una familia es un núcleo de armonía. La práctica colectiva y el intercambio de amor y amistad, conducen a la cumbre de la realización humana.

El quinto precepto dice:

Quien aprende Wushu tiene el deber de contener el deseo de mostrar sus conocimientos a la gente, debe eludir cualquier desafío.

El Wushu no sirve para ocultar los complejos de inferioridad y las manías de grandeza. La preparación para la vida no admite la arrogancia, lo que cuenta es el tiempo que vamos a estar vivos y desde esta perspectiva no hay arsenal para invertir en tonterías. La modestia es una virtud que nace donde sobran los argumentos.

Ceder fácilmente a la provocación es el estigma de una mente primitiva. Dice un viejo adagio: “El mejor guerrero gana sin lanzar un golpe”. El Wushu es un arte de sutilezas. No hay prodigio mayor que empapar la ira y el orgullo ajeno con la paz del espíritu. Hay que aprender a comprender la debilidad ajena. El combate mayor que puede realizarse debe estar dirigido contra los propios impulsos. Un combatiente audaz debe ser como un niño inofensivo.

El sexto precepto dice:

Quien aprende Wushu no debe en caso alguno ser el primero en iniciar una pelea.

Si ceder a la provocación y al desafío es síntoma de debilidad, peor es la agresión intencional lanzada con la furia que la impotencia y la ira ejerce. ¿De qué sirvieron todos los años de esfuerzo, de dolor y de angustia por conquistarnos, si una simple querella nos arrastra al desorden?

Hay una historia que cuenta como tres hombres deseosos de aprender Wushu se presentaron en un monasterio budista. Acogidos por el monje principal expusieron su deseo de ser aceptados como discípulos. Este los miró detenidamente y les dijo:

-Si quieren ingresar en la orden antes deben pasar por una pequeña prueba -alzando la mirada, señaló por encima de sus cabezas, indicándoles que subiesen al tejado y se lanzasen en señal de fidelidad.

Inmediatamente los tres hombres subieron al tejado. El primero, fogoso como un caballo salvaje, se arrojó sin pensarlo. El segundo, diestro como un felino, caminó lentamente hasta el borde saltando con ligereza. El tercero, tembloroso como una liebre, se acercó indeciso y tras un breve instante, descendió por donde mismo había subido con el rostro turbado por el miedo.

El monje se acercó a los dos primeros y les dijo:

-Váyanse, la prueba ha terminado.

Todos se quedaron confundidos y los dos primeros pretendientes exigieron una explicación. Ellos habían cumplido la propuesta sin dudar.

El monje los escuchó sonriente mientras les decía:

-Si por aprender Wushu no le temen a la muerte, ¡qué no serían capaces de hacer una vez que hayan aprendido!

El Wushu es un tesoro para los que no tienen nada ni esperan nada. Para los que se entregan en cuerpo y alma a la misión de ayudar a los pobres. Un hombre bueno no depara sacrificios en favor de la justicia y el beneficio de sus semejantes. En las situaciones penosas y dolorosas, en la carencia total o en las penurias de la vida será el primero en dar su mano para sostener la necesidad. En el peligro no titubeará frente a los riesgos. Un artista marcial no se mide por la perfección de sus técnicas sino por la calidad de sus sentimientos.

El séptimo precepto dice:

No debe precipitarse a enseñar Wushu a desconocidos. Sólo se debe enseñar a personas dignas, de buen corazón y sinceramente gratas.

En la antigüedad no era fácil arrancar los secretos de un estilo; las pruebas eran largas, duras y severas. Un maestro tardaba años en convencerse de la fidelidad de un discípulo y aún así no siempre estaba dispuesto a ceder toda la información. En las sociedades secretas y en los sistemas clánicos se cuidaba que las técnicas no fueran divulgadas al exterior. Los códigos morales eran tan severos con respecto a la traición, que el castigo podía llegar hasta la muerte de la segunda generación.

El Wushu tradicional estaba encaminado a formar, no a informar. Este objetivo implicaba un conocimiento de los intereses del discípulo y de sus verdaderas cualidades internas. Descubrir la naturaleza real de una persona no era tarea de unos minutos de conversación. Había que probar los valores y para esto se necesitaban años de interacción.

La vida moderna impone la velocidad de los sucesos. No obstante, es imposible construir un edificio en tres días. Crear es una cosa y dar la ilusión de haber hecho algo es otra. Si no se cuenta con una aptitud sincera, cualquier ayuda será insuficiente.

El octavo precepto dice:

Quien aprende Wushu debe eludir por todos los medios la cólera, la avidez y la fanfarronería.

La medicina tradicional china reconoce seis estados emocionales que están estrechamente relacionados con los órganos y las vísceras:

  • Xi (喜 – alegría)
  • Bei (悲 – tristeza)
  • You (忧 – ansiedad)
  • Nu (怒 – cólera)
  • Kong (恐 – miedo)
  • Si (思 – preocupación)

Las emociones humanas, cuando no están en armonía, son una fuente de desórdenes que afectan al hombre. El hígado es el filtro de la sangre y junto al corazón regula el flujo de la energía en el cuerpo. La ira daña las funciones del hígado, produciendo dolores en los tendones y una movilización de Qi negativo en los meridianos. Ese flujo de Qi puede perturbar el equilibrio del organismo, afectar el estómago y desequilibrar la estabilidad espiritual. Hay una unidad energética directamente relacionada con el cuerpo y la actividad mental. Los órganos y las vísceras son los conductos por donde transitan las energías de los alimentos y de la respiración. Si no hay un estado de control emocional en el entrenamiento del Wushu, los cuadros patológicos se manifestarán en la misma proporción. Las leyes de la vida son intransigentes. El hombre no puede evitar los efectos de una inadecuada postura interna.

La avidez es el segundo aspecto de este precepto, esta pasión por obtener es hija del egoísmo. La persona que se excluye de todo lo que la rodea, sólo piensa en términos de provecho personal. El hombre mezquino es un ciego que viaja por el mundo con la triste misión de tener que satisfacer su propia demanda; a menudo sus exigencias crecen tanto que cae en la apatía y la depresión, porque el medio circundante no satisface la magnitud de su pedido.

La fanfarronería es una expresión de inseguridad. Mientras mejor hable una persona de todos sus talentos, más alejada se encuentra de entender lo que significa la realización personal. En el Dao De Jing se dice: Xin Yan Bu Mei (信言不美 – Las palabras auténticas no son hermosas). Los que dominan un arte no están atormentados en saber si los demás lo reconocen. Viven su felicidad agarrados al “hoy” y sonríen a las críticas del mundo con un placer inigualable.

Por este motivo, una vez que se comienza la práctica del Wushu se debe obtener la actitud mental que permita cultivar la esencia. El hombre que está preocupado por satisfacer sus intereses de manera egoísta llega al vicio, a la corrupción o a los repentinos actos de violencia. Sus propósitos personales no le permiten alcanzar la paz del verdadero entrenamiento. Cuando el Yinian (intención mental) no es correcto, el Qi se estanca o se dispersa. Cuando la circulación del Qi se deteriora, la comprensión degenera. Sin comprensión, el arte marcial se diluye en un conjunto de movilidades físicas. Entonces, no existe posibilidad alguna de alcanzar la comunión con el espíritu.

El Wushu tradicional es un camino de autoconocimiento y control de sí mismo. Por lo tanto, solo aquellos que hayan limpiado su imagen de atributos indeseables pueden comprender como maniobrar con los resortes de la conciencia.

Si no se cultiva la ética del arte marcial, no se producirán cambios trascendentes. De nada vale el sudor de cien años, si en unos segundos no podemos controlar nuestro flujo de emociones.  La maestría tiene fases y niveles, pero en su grado más puro es simplemente una expresión de impecabilidad espiritual.

EL WUSHU Y EL CONCEPTO DE SHI JI

Posted in TEXTOS on diciembre 8th, 2011 by admin

EL WUSHU Y EL CONCEPTO DE SHI JI

Artículo escrito por el Sifu Tony Rey García

(2011)

El Wushu no debe ser entrenado como una propuesta, sino como un medio de validar nuestra percepción del mundo. Existe un concepto denominado Shi Ji (realidad o condiciones concretas, 實際), que se torna preponderante.

El caracter Shi (實) conlleva el sentido de lo que es real y se torna un hecho ante la evidencia perceptiva, mientras que Ji (際) contiene entre sus trazos la imagen de un momento determinado y el límite que colinda entre lo que puede ser conceptualizado de un modo específico. O sea, estamos ante un espeso conjunto filosófico. Por un lado se nos incita a distinguir el acontecer que nos rodea y por otro se nos exhorta a refinar los alcances de dilucidación para aprehender –dentro de un instante vivencial-, lo que las circunstancias exigen. Aquí no se trata de elucubrar interpretaciones, sino de aceptar lo que se manifiesta evidente e indivisible al criterio común. Shi Ji concluye –como combinación de estudio-, en aceptar el decurso de los procesos fenomenológicos y en saber elegir que postura mental se adecua al influjo que recibimos de las cosas.

En la práctica del Wushu este concepto se torna de extrema importancia. ¿No es acaso una vía para corroborar nuestros estatutos internos?

Lo que debemos confrontar no es lo que creemos ni lo que nos dicen los demás al respecto, sino el resultado real de la práctica o ejecución que estamos realizando. Realidad es pragmatismo. No podemos evadir un ataque creyendo que no va a llegar a nosotros porque utilizamos un poder mental determinado o disponemos de una estrategia superior. Si asumimos esta creencia, de seguro no podremos escapar de la triste fatalidad que generan nuestras fantasías subjetivas.

Lo que debemos preguntarnos ante todo es lo siguiente, ¿es verdaderamente real lo que estoy haciendo? No importa de donde venga ni quien sea el que lo exponga. Debemos aprender a pensar por nosotros mismos.

Todo sistema yace compuesto por una teoría y esta es expresada a menudo con deliberada parcialización. El ser humano se dogmatiza con suma facilidad y se esquematiza en defender ideales que le han sido propugnados desde afuera. Precisamente, una de las tristes realidades que mancilla la superficie del Wushu es la multiplicidad de criterios y la división ideológica de quienes intentan profesar su estructura. Y no es que sea dañino poseer una apreciación diversa de las cosas. Si no existiera la multiplicidad de aconteceres que nos rodean, el mundo sería el sitio más aburrido de la galaxia. El problema no radica en la cantidad sino en la ausencia de una conexión real con los sucesos que colindan sobre la superficie de nuestro cuerpo.

Analizando los episodios que han matizado la historia, no podremos escapar de la penosa sensación de ser una extensión del vasto panorama que nos antecede. Tanto los grandes líderes, los falsos profetas religiosos, los avatares del comercio y de la política, comprometen la mente de las multitudes con una repetida técnica de enfatizar mil veces el mismo tema. En estos lares, ¿qué representa verdaderamente la propaganda? Sencillamente lo podemos traducir de la siguiente manera: haz lo que te digo, piensa como deseo que pienses, elige lo que determino que debes elegir.

Muchos creen que son libres en una sociedad donde las decisiones parecen ser individuales. Pero en realidad son víctimas del encadenamiento sutil de la voluntad humana. Antiguamente la esclavitud era cuestión de cadenas. Las argollas eran visibles y determinantes. Los vasallos eran custodiados, maltratados, castigados y obligados a ejecutar las órdenes. Hoy no hacen falta tales herramientas. La multitud carece de voluntad propia y no pueden evadir los bordes del mundo mental que se les ha impuesto. La esclavitud –en nuestros tiempos-, es virtual. No obstante, es un arma eficaz para garantizar el comportamiento de inmensas aglomeraciones de personas.

En esta subyugación neuronal yacen nuestros impulsos primarios. A menudo, se confunde la capacidad de almacenar información –esquema muy común en los círculos académicos contemporáneos-, con la capacidad de saber discernir en donde radica lo esencial y lo superfluo. Un ser humano necesita ante todo una mente libre de ataduras, un instinto despojado de prejuicios y una cultura enraizada en la percepción natural de las cosas.

Todo lo que se vende y se oferta no tiene por qué llevar etiquetada la garantía de lo que promete. Muchas mentiras históricas han sido –tras muchos años de manipulación-, grandes acontecimientos humanos. Hay una exigua barrera que divide lo falso y lo veraz. Pasar de un lado a otro, es solo cuestión de enfoque y de cómo se plantean las cosas. Un bandido puede convertirse en héroe y viceversa. Su imagen última la determina el punto de vista de quien describe el hecho.

He aquí otra paradoja: leemos los periódicos y miramos las noticias, pero lo que percibimos y las conclusiones que elaboramos están predeterminadas por el carácter político-social que encierra el enfoque. De alguna manera vivimos en un mundo donde se nos fuerza a pensar como otros deciden. Por supuesto, esto consolida la sobrevivencia de los intereses económicos de una minoría. Somos parte de la maquinaria que necesitan los pudientes como vía de preservación  de sus aparentes poderes.

Igualmente, acontece con el Wushu. Ha perdido sus raíces históricas y su sentido de ser, y se ha transformado en un producto dispuesto para la venta. Como todo producto que se oferta, necesita ser potencializado y elevado a la categoría de panacea. O en el peor de los casos, compartido como un poder divino.

Estas mentiras comerciales arruinan el sentido real que albergaba desde los orígenes e imprimen la decepción y el hastío de aquellos que descubren que 20 años de entrenamiento no constituyeron un tercio de realización dentro sus expectativas personales.

Por supuesto, nada suele ocurrir bajo las sombras del azar. Hasta los desastres más grandes siempre tienen un origen que determina su durabilidad e intensidad manifiesta. El hombre contemporáneo es un ser mecánico y repetitivo, lleno de prejuicios e ideas preconcebidas. Sencillamente es así, porque no vive en un mundo que le incite a desarrollar sus cualidades intrínsecas. Cree más lo que le dicen sobre él mismo que lo que sus impulsos internos le dictan. No confia en sus instintos y racionaliza con extrema facilidad lo que debe vivirse en el silencio. Un ser con tales características es un extranjero dentro de su propia epidermis.

El Wushu es un camino de imbricación con la conciencia. Ahora bien, sino se acepta la realidad, ¿cómo podemos evidenciar un discernimiento fidedigno? Conciencia no significa intelecto. Sino el receptáculo que comulga con los aconteceres de la vida deparando impulsos precisos. Si el hombre se olvida de su parte biológica muere entre las manos del hastío. ¿No es ésta la viva imagen que asola los rostros de las grandes metrópolis? ¿Hacia dónde se llegaría en un universo sin salida racional? ¿Es acaso la felicidad una explicación del mundo o un modo de ser ante la vastedad que nos abruma?

Shi Ji nos lleva a aceptar las cosas como son, a sentir la mutación del mundo sin apremios, a no querer apoderarse de un cambio por eximio que parezca, a comprender que la felicidad auténtica nace cuando no arrebatamos -con las garras de la costumbre-, la faz que decora nuestro aparente rostro.

Aprender a pensar es también saber decidir. Un ser humano que no sabe a donde se dirige, es un esclavo inmanente del medio que lo circunda. En verdad, realización no es lo que construimos para engañar la percepción ajena, ni lo que los demás opinan al respecto. Somos el comienzo y el fin de un largo itinerario, ¿de quién más depende la responsabilidad de nuestros actos?

BREVE HISTORIA DEL KUNGFU Y LA EMIGRACIÓN CHINA EN CUBA

Posted in TEXTOS on noviembre 27th, 2011 by admin

BREVE HISTORIA DEL KUNGFU Y LA EMIGRACIÓN CHINA EN CUBA

Breve fragmento extraído del libro del Sifu Tony

“El Arte del Enraizamiento”

(2002)

En 1847 llegan a Cuba las primeras inmigraciones de chinos. Abrumados por un pasado desolador y por el afán de encontrar un futuro prometedor, evaden las costas del continente asiático arrastrando consigo las tradiciones milenarias de un país devastado por las guerras y lo conflictos internos. Difícilmente podrían sospechar que estaban realizando un viaje hacia el futuro sin retorno a los confines de su mundo cotidiano.

Sin lugar a dudas, la influencia china en Cuba se puede clasificar en tres etapas migratorias:

  • Entre el año 1847 hasta el año 1883, con una presencia de 150.000 culíes.
  • Un segundo flujo migratorio comprendido entre 1860 y 1875, con la llegada aproximada de 5.000 chinos procedentes de California.
  • Y una tercera oleada acontecida entre 1920 y 1930, con un flujo de 30.000 inmigrantes.

Provenientes del sur de China, fundamentalmente de los distritos de Tai Shan (台山), En Ping (恩平), Zhong Shan (中山), Kai Ping (开平) y Xin Hui (新会), transportaron consigo las artes marciales aprendidas en sus regiones de origen. Sometidos a cautiverio y condenados a trabajar como esclavos, muchos se evadieron a las montañas para unirse a las luchas independentistas en la isla.

Entre 1920 y 1930 muchos comerciantes chinos viajaron a Cuba con la intención de invertir sus capitales en negocios que favorecieron el surgimiento de una determinada infraestructura económica. Crece el Barrio Chino de La Habana y la colonia de asiáticos se afinca a todo lo largo de la isla con sus sociedades clánicas, políticas, artísticas, nacionalistas; sus periódicos, cines, teatros y casas de juego. En esta época se funda la sociedad de cultura física Jing Wu Ti Yu Hui (Asociación de Cultura Física de Expertos Marciales, 精武體育會), por los maestros Wong Kei (黃幟) y Li Choy (李才). Aunque en los comienzos sólo los chinos y sus descendientes podían tener acceso a estos recintos, con el tiempo la información sobrepasó la impermeabilidad de la mentalidad de estos emigrantes imbuidos por la desconfianza extrema hacia todo lo que significara influencia occidental.

El contenido del Wushu tradicional traído a Cuba a partir de 1847 puede clasificarse en cuatro grupos fundamentales:

El primer grupo pertenece a la clase pobre de campesinos y agricultores que, abismados en las penurias del mundo feudal, establecieron contacto con lo que ellos describían como “los sacerdotes que bajan de la montaña”. Esta descripción alude a los monjes rebeldes que enseñaban al pueblo el Kungfu monástico, con la misión de preparar las sublevaciones de campesinos contra la ocupación mongola. Este tipo de Wushu clandestino se basaba en la efectividad de las técnicas y en la carencia de formas clásicas y contenidos filosóficos. Se trataba de preparar en corto tiempo la reacción de un peleador; los ejercicios corporales eran directos y concretos, con hincapié en el Qin Na (técnicas de captura, 擒拿), en el Shuai Jiao (técnicas de proyecciones, 摔交) y en las técnicas de golpeo en zonas vulnerables. Muchos de los que trajeron estos elementos combativos a Cuba pensaban que el Zhong Hua Wushu (中华武术 – las artes marciales chinas) carecía de formas y de un camino filosófico. Sus enseñanzas se reducían a la interacción de los discípulos en parejas y a la efectividad de las técnicas de defensa personal.

El segundo grupo estuvo compuesto por aquellos descendientes o integrantes de las sociedades secretas chinas que fomentaron, dentro de los círculos del Wushu tradicional, las conjuras contra la dinastía Qing (1644-1911). A finales del siglo XVII y en los albores del XIX, las sublevaciones y las revueltas campesinas en China, se expandieron como llamas sobre un bosque de hojas secas. Todos estos movimientos de masas estaban relacionados con el entrenamiento de las artes marciales. El Wushu y las armas tradicionales eran las cartas de triunfo que los guerreros de un imperio, considerado como el centro de la civilización, disponían para enfrentar a los extranjeros. Los mitos y las creencias supersticiosas del pueblo, presentes desde antaño en los cultos agrarios, penetraron las sociedades pugilísticas, sincretizándose con la adoración de los ancestros.

Este fue el panorama heredado por las generaciones de chinos que se encontraron cerca de las costas del sur con los traficantes de manos de obra barata. Para muchos, embarcarse rumbo a lo desconocido era una opción más prometedora que permanecer huyendo, sumergidos en la miseria o disfrazados con una identidad falsa, en un continente adolorido por la guerra, las masacres y la hambruna. Este segmento de los emigrantes que habían tenido acceso a las artes marciales de las sociedades secretas chinas, llegan a las costas cubanas en 1847, trayendo consigo muchos boxeos tradicionales del sur, maniobrando un arte de combate donde se perfilan las creencias populares, como son los trabajos con velas y espejos, las prácticas chamánicas para asimilar los poderes de una divinidad, los ejercicios de visualizaciones a horas determinadas para ponerse en conjunción con los ciclos cósmicos favorables al cultivo del Qi, los desplazamientos específicos para espantar a los demonios o para absorber el Qi expulsado por el contrincante, los sonidos para emitir el Qi por una parte determinada del cuerpo, los antiguos sistemas de golpeo a los canales energéticos para desviar el flujo de Qi, y los entrenamientos con ojos vendados o posturas para ser poseído por el espíritu de un animal protector. Por supuesto, los portadores de semejante tradición de rebeldía pronto se afiliarían en los montes y palenques con los negros cimarrones escapados de las sombras de la esclavitud, o simplemente se unirían como combatientes por la emancipación y la libertad junto a los mambises cubanos.

Sociedad Min Zhi Tang de la provincia de Guantánamo, fue la sede central de la Academia Wong Yi Man en el año 1996.

En el tercer grupo se encuentran las vertientes de Kungfu desarrolladas en el seno de las familias. Este tipo de Kungfu familiar penetró junto a la oleada de emigrantes que viajaron desde Cantón a los yacimientos auríferos de California.

La vida de los emigrantes chinos en EE.UU estuvo impregnada de despotismo y rechazo. No es de extrañar que en suelo norteamericano renacieran las sociedades secretas, como lo fue la Zhi Gong Tang (conocida por su fonetización al cantonés como Chee Kung Tong, 致公堂), originada en China durante el siglo XVIII como centro aglutinador de los rebeldes que intentaban derrocar al gobierno manchú, y resucitada en Occidente en el siglo XIX por una clase de comerciantes y propietarios de empresas que lograron crear un terreno económico favorable.

En el año 1946, la Chee Kung Tong de Cuba cambió su nombre por el de Zhong Guo Hong Men Min Zhi Tang  (中國洪門民治黨). Como en este tipo de sociedad las artes marciales eran un sustento para afrontar las conjuras y las sublevaciones, la tradición perpetuó dentro de los reglamentos tales requisitos. Por esta causa se han podido encontrar muchos restos en Cuba de libros de Wushu y de Qigong, armas y escritos personales de algunos de los maestros muertos, e infinidad de anécdotas sobre peleadores callejeros.

El Kungfu familiar estaba compuesto por una amplia variedad de ejercicios de Qing Gong (trabajos de ligereza, 輕功), Wai Gong (trabajos de fortalecimiento externo, 外功), Ying Gong (trabajos de fortalecimiento de una zona determinada del cuerpo, 硬功), Zhuang Gong (trabajos de la estaca, 桩功), Jin Gong (trabajos para manifestar el poder del Jin, 勁功) y Nei Gong (trabajos internos de Qi, 內功). Estos estilos se caracterizaban además por el desarrollo de un conjunto de estrategias corporales y energéticas transferidas bajo el más estricto cuidado y recelo.

En Cuba el Wushu que se desarrolló estaba representado fundamentalmente por el apellido, como lo ilustran estos sistemas:

  • Cai Quan (boxeo de la familia Cai, 蔡拳)
  • Hong Quan (boxeo de la familia Hong, 洪拳)
  • Cai Li Fo Quan (boxeo que combina las técnicas de los maestros Li Yau San, Chan Yuen Woo y las del monje Choy Fook, conocido en Occidente como Choy Lee Fut, 蔡李佛)
  • Bai He Quan (boxeo de la grulla blanca, 白鶴拳)
  • Hu Quan (boxeo del tigre, 虎拳)
  • Tang Lang Quan (boxeo de la mantis religiosa, 螳螂拳)
  • Yong Chun Quan (boxeo de la eterna primavera, conocido en occidente como Wingchun, 詠春拳).

Por último, en el cuarto grupo podemos ubicar a un reducido grupo que tuvo acceso a los entrenamientos en monasterios. Personalmente, sólo conocí a un integrante, quien murió con noventa y nueve años, envuelto en los recuerdos de un juramento inviolable. Éste era portador de un vasto conocimiento de artes marciales, medicina y filosofía tradicional. A menudo narraba algunos pasajes de su aprendizaje, pero finalmente se llevó a la tumba el legado de una transmisión antigua.

Patio central de la sociedad Min Zhi Tang de la provincia de Guantánamo. En este lugar se gestaron las bases para la creación de la actual Academia Wong Yi Man.

El Kungfu arraigado en suelo cubano es parte de este mausoleo de conocimientos que se evadió dentro de las bodegas de los barcos contrabandistas en un viaje sin retorno. La necesidad de sobrevivir es suficiente para gestar el sincretismo cultural. Hay que recordar que entre los años 1844-1883 arribaron a territorio cubano alrededor de 150.000 emigrantes chinos. Esta primera avalancha, y las siguientes, fomentarían un inevitable intercambio cultural. Si a esto le sumamos la cantidad de lazos entre chinos y negros, y la masa de chinos rebeldes que se unieron al ejercito mambí, ¿quién se atrevería a negar cuánta información subrepticia se deslizó de un horizonte mental al otro?

Desde el año 1920 el Kungfu es impartido en el Barrio Chino de la Habana. Al comienzo sólo se enseñaba a familiares directos, actores del teatro tradicional de segunda generación y ejecutantes de la danza del león. Más tarde se extendió a algunos cubanos que servirían de enlace entre la tradición de los emigrantes chinos.

No obstante –y esto es importante aclararlo-, el Kungfu tradicional no es practicado de manera oficial hasta la llegada del maestro Wong Yi Man en el año 1995, quien funda la Academia Wong Yi Man Zhong Guo Nan Pai Wushu Zong Guan (Academia de artes marciales Wong Yi Man de la corriente de escuelas del sur de China, 黄宇文中国南派武术總館), auspiciada por la Federación Cubana de Karate Do y Artes Marciales Afines. El maestro Wong Yi Man obtuvo el grado de Miembro de Honor de Kungfu, otorgado por el Comité Olímpico Cubano, el día 20 de mayo de 1995 y además obtuvo el mérito de ser la primera figura de reconocimiento internacional que introdujo la corriente tradicional del sur en Cuba, quedando así plasmado en la historia.

Armario donde el Sifu Tony tuvo acceso a libros de Wushu, medicina y Qigong del siglo XIX, pertenecientes a los chinos que se asentaron en esta región.

Tras el retorno del maestro Wong Yi Man a China se funda la Asociación Cubana de Wushu por el profesor Roberto Vargas Lee, quien se graduó en la Universidad de Cultura Física de Beijing, en el año 1995. Aquí se comienza a fomentar el Wushu deportivo en Cuba, el cual ha sido una gran fuente de entusiasmo dentro de la gran cantidad de jóvenes que lo practican.

Tras esta exigua peregrinación histórica, ¿qué podemos decir de aquella inmigración china que trajo a suelo cubano legendarias costumbres? ¿Perdieron ineludiblemente sus raíces o se desmembraron en sincretismos?

Es innegable que el Wushu antiguo se extinguió entre las manos de una generación acosada por el temor de compartir su visión del mundo. La mentalidad de puertas cerradas y la incomprensión de un entorno inconsciente a sus motivaciones internas, trajo como consecuencia que aquellos ancestros de ojos rasgados y expresión recogida, se cobijaran en una actitud de introspección y censura. No podían, de ningún modo, ser compatibles con un medio tan distante de sus recuerdos natales.

Evidentemente, la historia de la inmigración china en Cuba se torna un mausoleo de paradojas inconclusas. Nunca pudieron retornar al mundo que dejaron en sus memorias, pero tampoco revelaron los fundamentos de su civilización.

LA INFLUENCIA DEL BUDISMO SOBRE EL WUSHU

Posted in TEXTOS on noviembre 23rd, 2011 by admin

LA INFLUENCIA DEL BUDISMO MAHÂYANA SOBRE EL WUSHU

Artículo publicado en la revista Budo de Brasil

(Fragmento extraído del libro “La Raíz de la Academia Nan Pai Kungfu del Maestro Wong Yi Man”)

El arte marcial tradicional chino tuvo momentos de esplendor y decadencia. El taoísmo nutrió desde tiempos inmemoriales la práctica del Wushu, sobre todo en los estilos de tendencia interna,  con sus concepciones filosóficas emanadas de la doctrina elaborada por Laozi (老子) y Zhuangzi (莊子), en donde se patentizan las nociones expuestas en el Yi Jing (易經), con algunos ingredientes de la religión tradicional.

El período donde nace el fundador del budismo, Sidhârtha Gautama, estuvo marcado por los fuertes conflictos de una sociedad de clases, donde la diferencia de castas y la opresión de un estado enclavado sobre los privilegios de la minoría se abatían sobre la ultrajada masa de seres en un mundo físico depauperado, repartido entre los lazos de sangre y la posición social.

En su origen el budismo no estuvo cimentado sobre las bases religiosas de interpretación del mundo que circundaban la época, su visión negaba la autoridad de los Vedas y expulsaba el barroco ritualismo de los dioses tradicionales, con la política de puertas abiertas donde no se necesitaba nacer bajo el techo de una familia brahmánica para acceder a las anchas márgenes del despertar.

Su estructura ideológica estaba sustentada en la comprensión de las Cuatro Nobles Verdades y el Camino del Óctuple Sendero:

Las Cuatro Nobles Verdades (Cattâri-ariya-saccâni)

(四圣谛 – Si Shen Di)

La verdad del sufrimiento (Dukkha-sacca) (苦谛 – Ku Di)

El nacimiento, la enfermedad, la muerte, la conexión que se establece con lo que se ama, la desunión de lo que se ama, la no obtención de lo que se desea y todo lo que constituye una causa de encadenamiento, está circunscrito al sufrimiento y al dolor.

La causa del sufrimiento (Samudaya-sacca) (集谛 – Ji Di)

La búsqueda del placer, del devenir, las ansias de satisfacer el deleite de los sentidos y la apetencia, atan al hombre a la rueda eterna de la existencia.

Extinguir el sufrimiento (Nirodhasacca) (灭谛 – Mie Di)

Mediante la extinción del deseo el hombre se libera del dolor y del sufrimiento.

El camino para cesar el sufrimiento (Magga-sacca) (道谛 – Dao Di)

La vía para alcanzar la emancipación del dolor discurre por la práctica impecable del “Óctuple Sendero.”

Óctuple Sendero (Magga)

(八正道 – Ba Zheng Dao)

Recta visión (Sammâ-ditthi) (正见 – Zheng Jian)

Recto pensamiento (Sammâ sankapa) (正思维 – Zheng Si Wei)

Recta palabra (Sammâ vâcâ) (正语 – Zheng Yu)

Recto obrar (Sammâ kammanta) (正业 – Zheng Ye)

Recta vida (Sammâ âjiva) (正命 – Zheng Ming)

Recto esfuerzo (Sammâ vâyâna) (正精进 – Zheng Jing Jin)

Recto estudio (Sammâ sati) (正念 – Zheng Nian)

Recta concentración (Sammâ samâdhi) (正定 – Zheng Ding)

Es evidente que el budismo original planteado por Sidharta fue una corriente novedosa para la época. Buddha aceptó la idea del ciclo de las reencarnaciones y la retribución de las buenas y las malas acciones kármicas que ya existían antes de él, pero con una interpretación diferente. La idea imperante de que los miembros de una casta reencarnan en el mismo nivel fue abolida. Él creía que nada podía salvar al hombre de la penuria que imponen la causa y el efecto, ni aún los sacrificios consecuentes ni los rituales habituales que la caterva de dioses convencionales exigían, si el hombre no cuidaba que su actitud y sus acciones fueran buenas. El budismo proclamó una moral basada en la conciencia plena del sufrimiento de todos los seres vivos y la compasión universal. Buddha no alimentó la creencia en un Dios personal que castiga a las individualidades y exonera los pecados con la obediencia ciega, se mostró reacio a aceptar la eficiencia de la doctrina Védica, pero en cambio enseñó que el hombre puede construir su propio karma en un acto de completa responsabilidad sobre sí mismo. Esta revolucionaria concepción fue aceptada rápidamente por la hambrienta masa de desesperados que, acosados por la dureza de las creencias tradicionales, vieron en esta plegaria de luz el camino a la libertad inconmensurable.

La evolución histórica del budismo puede establecerse en cuatro períodos:

  • Proclamación de la doctrina de Sidharta Gautama (siglos VI-V a.C.).
  • El budismo sufre interpretaciones, se producen Concilios y nace el Budismo Hinayana (siglo IV a.C. ).
  • El budismo Mahayana ya está elaborado, acoplado a dos derivaciones fundamentales: el Madhyamaka y el Yogakara (siglo I d.C.).
  • Surgimiento del budismo Tántrico, el Lamaísmo y el Vajrayana (después del siglo VII).

En el siglo XIII las llamas del budismo comienzan a extinguirse en la India, pero el calor de su contenido doctrinal había alcanzado los recodos más apartados de Asia.

En China los vestigios de contacto con misioneros budistas se establecieron a lo largo de la Ruta de la Seda, un largo trecho donde el intercambio comercial se fusionaba con las ideas, las costumbres, las tradiciones y los fundamentos filosóficos y religiosos de las antiguas culturas. Muchos monjes hindúes penetraron por esta vía y difundieron entre la población el budismo Mahâyana, nutriéndose a su vez con los primeros rudimentos conceptuales del taoísmo.

La afiliación del budismo con el sitio donde se cultivarían los aspectos más destacados del Wushu monástico se remontan al 386-534 d.C., cuando el emperador Xiao Wen Di (孝文帝) de la dinastía Wei del Norte ordenó la construcción de un templo budista en el condado de Deng Feng Xian (登封縣), provincia de Henan, al norte del monte Shao Shi (少室), para un monje indio llamado Bhadra (跋陀). Al construir el monasterio con la ayuda de los campesinos, plantaron en los alrededores jóvenes pinos que guarecían al monasterio contra los vientos, por eso se bautizó el sitio con el nombre de Shaolin (少林 – bosque joven).

En el año 426 d.C., el emperador visitó Shaolin disponiendo que se ampliara aún más con nuevas construcciones y le proporcionó una guarnición permanente para la protección contra el asalto de los bandidos. Los monjes ya no tenían que extenuarse montando guardia día y noche, y se concentraron exclusivamente en el auto cultivo espiritual del dogma religioso, en un sistema monacal donde la meditación y la austeridad de ceremonias y rituales tomó la preeminencia. En esta situación poco favorable para el cultivo físico, las artes de combate fueron relegadas al olvido y no fue hasta la llegada de Damo que los conceptos del Wushu se revitalizaron.

Pórtico de la entrada de la cueva de Damo

Pútidamo o Damo (達摩), conocido en Occidente por el nombre de Bodhidharma, y en Japón por Bodaidaruma o Daruma, nació aproximadamente en el 470 d.C. en la India. Reconocido como el patriarca veintiocho desde Sakyamuni el Buddha, en la línea de transmisión del budismo indio y el primer patriarca del budismo Chan (corriente budista surgida en China desde los siglos VI-VII d.C. mediante la fusión del budismo Mahâyana con el taoísmo autóctono, 禅宗). Damo fue discípulo y sucesor de Prajñadhara y maestro de Hui Ke (慧可), quien lo sucedió como segundo patriarca del budismo Chan en China.

Invitado por el emperador Liang Wu (梁武帝) para que predicara su doctrina, Damo arribó a China en el año 527 d.C., en el reinado del emperador Wei Xiao Ming (魏孝明帝). Tras una infructuosa prédica con el monarca, cruzó el río Huang He (黃河) rumbo al norte, dirigiendo sus pasos al monasterio de Shaolin. Su llegada no agradó al monje principal que, intuyendo los puntos de vista no convencionales del visitante, temía que se introdujeran reformas religiosas en un sistema doctrinal que durante más de cien años había permanecido fiel a la tradición del Mahâyana. Por estos motivos rehusó aceptar la entrada de un monje indio con ideas novedosas en este ambiente conservador. Según cuenta la leyenda, Damo se retiró a meditar bajo la bóveda de una gruta cercana y, contemplando la pared de piedra, se sumió en el proceso de autoconocimiento, viviendo en este recinto natural durante nueve años.

El Sifu Tony Rey García recibiendo un obsequio personal del monje Shi De Chao (monasterio de Shaolin 2004)

Asombrado por esta silenciosa demostración de perseverancia y austeridad, el monje principal accedió a dejarlo entrar al templo. Damo se conmovió por el aspecto enfermizo y el estado de debilidad física de los devotos. Entonces se dio a la tarea de desarrollar varios sistemas de entrenamiento para el cuerpo, la mente y el espíritu, escribiendo dos clásicos: el Yi Jin Jing (易筋經 - Clásico de la Transformación de los Músculos y de los Tendones) y el Xi Siu Jing (洗髓經 - Clásico de la Purificación de la Médula y el Cerebro).

Por el orden de la historia se podría pensar que Damo elaboró su trabajo solamente por el largo retiro al que se sometió durante nueve años frente al muro de piedra, pero lo cierto es que el budismo, después de la muerte de su fundador Sidharta Gautama, había sufrido una fuerte variación en contenido y forma. La asimilación abarcó todas las teorías y prácticas que los devotos importaban de otras escuelas, desde el brahmanismo hasta las sofisticadas prácticas del Yoga, incluyendo los sistemas religiosos construidos con posterioridad y la herencia de las artes guerreras de los Ksatriyas.   Era de esperar que el mensaje que Sidharta proclamara, tras alcanzar la iluminación en su esencia de las “cuatro nobles verdades”, se hubiera fragmentado en un complicado sistema de ritos, visualizaciones, mantras, posturas físicas, ofrecimientos y deberes religiosos en un extenso panteón de dioses y divinidades.

Ya en la célebre conversación que Damo entabló con el emperador se delimitaron claramente los aspectos de su teoría. Éste era un creyente fervoroso y se creía merecedor de ciertos méritos celestiales por su apoyo brindado a la construcción de algunos templos y su política de amparo hacia el budismo. Influido por esa tendencia de la clase dominante de persuadir al clero para obtener la aprobación divina, le preguntó al monje:

— ¿Qué méritos he obtenido para mi próxima vida con mi actitud de aprobación hacia el budismo?

—Ninguno —respondió Damo con voz cortante.

Contrariado, el emperador insistió:

— ¿Cuál es el sentido de la suprema verdad?

—Un vacío interminable, un olvido de sí mismo.

El emperador que de seguro no contaba con semejante respuesta, ingenió otra estrategia de penetración en la obtusa naturaleza de su huésped.

— ¿Quién es el que está frente a mí?

—No sé —dijo Damo con indiferencia.

En este diálogo Damo muestra con claridad las bases de una visión que rompía con los cánones del budismo hindú. Él no quería una práctica ritualista repleta de deberes y rutinas en donde el hombre se olvida de su propia responsabilidad y de su verdadero crecimiento interior. Sabía que el ser humano busca la gloria, aún postrándose de rodillas frente a una imagen divina. El camino del auténtico conocimiento estriba en la sinceridad de dirigir un esfuerzo adecuado sobre uno mismo. Ni karma, vida futura, rezos, peticiones, sacrificios y votos, podían elevar al ser humano sobre la imantación perenne que el barro de las pasiones ejerce. El autodominio y la meditación constante son las vías para descubrir que el pedazo de carbón de una montaña se puede transformar en un hermoso diamante cuando se pule con humildad y perseverancia.

Antiguo salón de entrenamiento en el monasterio de Shaolin.

Con este substrato de conocimiento, Damo dispuso de una amplia gama de información para elaborar las bases de un nuevo enfoque en la práctica del budismo, sólo necesitaba combinar certeramente la experiencia de la India con los fundamentos que el taoísmo le ofrecía para tener en sus manos un excelente material con el cual purificar el budismo indio de los atavíos innecesarios y crear un método de crecimiento físico, mental y espiritual en concordancia con las leyes universales.

Bodhidarma, además, no era partidario de un ascetismo pasivo donde sólo se cultivara la mente y el espíritu, por lo que propuso un nuevo enfoque del budismo a través de una filosofía de vida desligada de todo ritualismo efímero, en un concentrado esfuerzo para transformar la pasividad ascética-religiosa en una ejercitación tenaz del cuerpo y del espíritu. El budismo Chan había nacido con la tendencia a la búsqueda de la iluminación espontánea y su carencia de apego por ceremonias y rituales.

Si analizamos cuidadosamente el contenido del diálogo entre Damo y el emperador descubriremos los conceptos fundamentales de la filosofía del Wushu:

—¿Qué méritos he obtenido para mi próxima vida con mi actitud de aprobación hacia el budismo?

—Ninguno —respondió Damo con voz cortante.

El emperador representa al hombre cotidiano que es incapaz de realizar un acto sin esperar un resultado. Este estado universal de apego no es sólo una pintura histórica con mixtura literaria, es la imagen perenne del hombre atado al poder: “Primero entra un camello por el ojo de una aguja que un rico al reino de los cielos.” Cristo no dijo esta frase en vano, el rico quería alcanzar los confines celestiales con todo lo que no estaba dispuesto a renunciar. El hombre sin voluntad siempre intenta un pacto con dios y con el demonio, no puede comprender —ni quiere— que la verdad se muestra cuando no tenemos nada que interponer. En el Wushu no hay iniciación posible al dominio de uno mismo si

antes no se está en disposición de renunciar a todo. No hay mérito alguno con su práctica. No hay premios ni trofeos. El destino no es una competencia, es un paso por la vida y en estos linderos no hay espacio para satisfacciones personales. Practicar Wushu desde la perspectiva de Damo es entrar por el hueco de una aguja completamente desnudo.

—¿Cuál es el sentido de la suprema verdad?

—Un vacío interminable, un olvido de sí mismo.

Aquí se expone claramente la visión del budismo Zen: “Sentarse sin espíritu de provecho.” Cuando hay abandono y control, la conciencia alcanza el sentido de las cosas. El movimiento del Wushu debe ser expresado desde el vacío. No se puede generar una reacción verdadera intentando elaborar la respuesta desde el monólogo interno de la mente. Solamente cuando el guerrero se olvida de sí mismo puede realizar la acción justa sin satisfacción ni arrepentimiento.

Wushu es la puerta que accede a lo inefable. El mismo estado de iluminación alcanzada en el budismo es transferido a la ejecución de un gesto marcial. En el Nanhua Zhenjing se exhorta a “acomodarse a la vacuidad para conservar la vida”. Toda la filosofía oriental nace de la concepción del vacío.

—¿Quién es el que está frente a mí?

—No sé.

Asumir la vida sin ego es una proeza difícilmente realizable. El hombre busca identificarse con todas las cosas y no admite una vida impersonal. La verdadera dimensión del ser humano no puede escribirse y guardarse en un archivo. Somos mucho más que esa ridícula sombra que proyectamos. El secreto de la sabiduría consiste en reconocer la propia ignorancia. Esta humildad es una cualidad fósil en estado de extinción. El hombre no se puede entender con la lógica formal. Esta divide el antes y el después y no puede entender que sea al mismo tiempo las dos cosas.

“No sé”, es una excelente alternativa para comenzar en el camino. El Wushu tradicional es el arte del enraizamiento. Lo que significa: “vivir integrado al universo sin división ni fronteras”.

Damo no sólo expuso este pragmático sistema de vida, sino que también enseñó a los monjes, con el Yi Jin Jing (Sistema de Transformación de los Músculos y de los Tendones), a construir un cuerpo físico y mental saludable y armonioso, además de incrementar la fuerza, por la aplicación de una teoría energética en donde se combinaba la quietud con el movimiento, la tensión con la relajación y la concentración con la respiración. Mientras que con el Xi Sui Jing (Purificación de la Médula y del Cerebro) transmitió los métodos para elevar la capacidad de defensa del sistema inmunológico contra los agentes patógenos-exógenos en un entrenamiento destinado al fortalecimiento de la médula y los huesos. Por su gran complejidad el Xi Sui Jing permaneció como un secreto dentro de los círculos selectos del templo de Shaolin.

Con el decursar del tiempo los monjes descubrieron que no sólo fortalecían su salud sino que también el poder y la fuerza se incrementaban considerablemente a niveles nunca antes sospechados. Los bonzos asimilaron este nuevo enfoque, creando nuevos sistemas a medida que se perfeccionaba la teoría de Damo. Fue así como surgió el Shi Ba Luo Han Quan (las dieciocho manos del iluminado, 十八罗汉拳),  lo cual sentaría las bases para la creación de muchos estilos de Wushu, incluyendo el famoso Wu Xing Quan (boxeo de los cinco animales, 五形拳).

Podemos ver cómo la unión del budismo Mahâyana con el taoísmo filosófico y religioso dieron lugar al budismo Chan. Este sistema de alcanzar la claridad de la mente y la iluminación penetró para siempre en el camino de las artes marciales, diseminándose como una onda expansiva por el resto de Asia.

 

LA FILOSOFÍA DE LOS IDEOGRAMAS

Posted in TEXTOS on noviembre 6th, 2011 by admin

EL SENTIDO DE LA ESCRITURA

Texto extraído del libro del Sifu Tony

“El Arte del Enraizamiento”

(2002)

Los caracteres chinos denominados Hanzi () son –sin lugar a dudas-, uno de los sistemas de escritura más antiguos del mundo. Incluso lo que determina su valor semántico no es solo el reconocimiento de sus raíces evolutivas sino también su continuidad histórica, pues han sido empleados durante más de tres mil años.

Dentro del contexto tradicional se le atribuye a Can Jie () la invención de la escritura. Esta figura legendaria se asocia con el período del mítico emperador amarillo (Huangdi – ), o sea, que nos estamos remontando –según el folclor popular-, a un reinado inscrito aproximadamente a partir del 2697 a.C. Esto devela la magnitud de espacio y tiempo que se extiende entre el mundo moderno y las fechas con que suelen designarse los acontecimientos históricos dentro del pensamiento chino.

Ahora bien, dejando a un lado las posibles hipótesis del surgimiento de la escritura, debemos aceptar que desde los tiempos remotos el hombre expuso su visión del mundo por medio de emblemas. Estos grafismos representaban de manera alegórica la vida exterior, pero al mismo tiempo avizoraban el desarrollo del lenguaje.

Toda escritura es un código de exposición de ideas o un sistema de convención –entre los integrantes de un grupo-, con el propósito de transmitir el pensamiento. Por supuesto, los primeros métodos usados, conferían a los trazos escritos la configuración de un objeto determinado, o una combinación de los mismos, con la intención de estructurar un mensaje por medio de imágenes. Más tarde, con el advenimiento del lenguaje, los ideogramas adoptaron otras connotaciones estructurales, pudiendo incluso designar una palabra, un concepto, o un sentido. Esta abstracción del pensamiento condicionó el desarrollo de los signos escritos en una amplia variedad de significados.

Cuando se intenta expresar un objeto o una acción determinada por medio de una pintura se establece una relación estructural entre los signos escritos y la intencionalidad que los determina. Por lo tanto, si un signo específico es usado para designar una sílaba, un conjunto de sonidos o una imagen, la consecuencia es el surgimiento de un elaborado conjunto de representaciones gráficas.

Dentro de sus rasgos distintivos, la caligrafía china cuenta con una mesurada clasificación constitutiva (基本筆畫). Esencialmente, yace compuesta por cinco trazos preliminares:

1-Heng (). Trazo horizontal ()

2-Dian (). Punto ()

3-Shu (). Trazo vertical ()

4-Pie (). Cola (丿)

5-Zhe (). Gancho ()

Sobre esta base se han desarrollado un total de más de 20 trazos diferentes y de la combinación de estos, han surgido 214 radicales. Cada radical encierra un sentido o una idea contenida dentro un grafismo representador del mundo. De la extensa combinación –de los 214 radicales-, se conforma la impresionante variedad de caracteres.

Es interesante señalar, que entre los sistemas escritos pertenecientes a otros contextos culturales, el cuneiforme de los sumerios y el pictográfico egipcio, pueden ser catalogados –junto a los caracteres chinos-, dentro de los métodos de escritura logográficos.

La escritura china además, estuvo matizada de diversos períodos evolutivos:

1-Jia Gu Wen (甲骨文). Inscripciones sobre huesos o caparazones de tortuga de la dinastía Shang (siglo XVI – siglo XI a.C.)

2-Jin Wen (金文). Inscripciones en trípodes y campanas de bronce de la dinastía Zhou (1050 a.C. – 256 a.C.)

3-Xiao Zhuan (小篆). Estilo antiguo de caligrafía en la dinastía Qin (221-206 a.C.)

4-Li Shu (隸書). Escritura formal en la dinastía Han (206 a.C. -220 d.C.)

5- Kai Shu (楷書). Escritura regular aparecida a finales de la dinastía Han.

6-Cao Shu (草書). Escritura cursiva aparecida en los inicios de la dinastía Han.

7-Xing Shu (行書). Escritura cursiva instaurada desde el período de los tres reinos (San Guo – 220-280 d.C.) y la dinastía Jin (265-420 d.C.)

Ahora bien, no es nuestro interés ofrecer un exhaustivo estudio de la evolución de los caracteres chinos. Lo que pretendo, ante todo, es resaltar el vasto contenido filosófico que subyace dentro de los trazos lingüísticos del idioma chino.

Por supuesto, una civilización milenaria, que ha transcurrido a lo largo de la historia de manera ininterrumpida no puede carecer de un substrato ideológico profundo. La lengua escrita es el archivo donde se condensa el pensamiento y la percepción del mundo.

Aquí –indudablemente-, nos estamos confrontando con un estudio del pensamiento cifrado a través de milenios en un grafismo con connotaciones idiomáticas. No es por mero gusto, que muchos de los textos filosóficos inscritos dentro del taoísmo o del confucionismo, yacen impregnados de tantas significaciones. De hecho, dentro de las prácticas de las artes marciales chinas, la caligrafía obtuvo un lugar predominante. Muchos estilos cifraban su estrategia o los movimientos intrínsecos que lo conformaban por medio de caracteres específicos. Y en muchos casos, la información pasaba desapercibida para todos aquellos que no hubiesen sido iniciados en la clave del sistema. Incluso hubo hasta maestros famosos que condensaron métodos de combate dibujando con el desplazamiento de las piernas o con el recorrido de las manos trazos de ideogramas determinados. Es esta la causa que en el período de la dinastía Qing (1616-1911), una época repleta de conjuras y de sociedades secretas, las secuencias marciales se metamorfoseasen en textos políticos o mensajes encubiertos escritos por el cuerpo en el movimiento del ejecutante.

Algunos piensan que la caligrafía y la pintura chinas se vinculan con la danza y que su estructuración interna parte del uso de los mismos requisitos. O sea, el uso de la cintura como centro generador de la fuerza, el vínculo de la mirada con la intención que moviliza y direcciona el Qi, el flujo del movimiento y la quietud, los contrastes de yin y yang, etc.

En este contexto no es de extrañar, que eruditos eminentes desatasen su inspiración tras la observación de una secuencia combativa. Es este el caso del famoso calígrafo Zhangxu () de la dinastía Tang (618-907 ), quien se dice que desentrañó el estilo Cao de escritura por medio del estudio de la trayectoria de la espada de una esgrimista.

Por otro lado, desde la antigüedad se creía que el pensamiento y la percepción de una persona quedaban prefijados en las sinuosidades que imprime el pincel. Por esto, decía un viejo adagio: “El corazón de una persona yace inscrito en el interior de su escritura”.

Inspirado en el estudio del contenido sapiencial de la caligrafía china, he compuesto una interpretación filosófica del mundo por medio de su contenido ideográfico. De alguna manera, es una vía para rescatar los valores incuestionables de la tradición oral y escrita, así como un mesurado sistema para acceder a la comprensión del Wushu.

Creo firmemente, que descifrar el contenido de la escritura china equivale a penetrar el recinto vedado de una gran biblioteca. Deslicemos, pues, nuestra percepción sobre los trazos, como si de volúmenes antiguos se tratara.

Si el Wushu (武术) implica defensa y esa acción estuvo expresada en la lucha por la sobrevivencia, lo primero que debemos analizar es el contenido del término. El primer caracter que se pronuncia Wu (武) significa lo marcial y se asocia con la acción del combate, la confrontación física y mental. Este ideodrama está compuesto por la combinación de los radicales Zhi (止 – detener) y Ge (戈 – lanza). En tanto, el segundo caracter que se pronuncia Shu (術), contiene el sentido de arte, técnica, habilidad o dominio mesurado de una profesión específica.

Aquí se precisa enfatizar que el arte marcial es la vía para derrotar las excrecencias mentales y las barreras emotivas. De frente a la personalidad se combaten las aristas del ego y se purifican los comportamientos morales.

Defiendo la autenticidad de lo perdido. Sé que tengo pocas probabilidades de triunfo, porque en estas páginas no centellean las fotografías gimnásticas que hacen resplandecer los rostros y vaciar los bolsillos. El Wushu que propongo quedó enterrado entre los muros de una civilización que se evapora en medio de la propaganda comercial, tanto de Occidente como de Oriente. Este arte no puede ser pagado con ninguna fortuna millonaria, porque de lo que se trata es de la armonía, y es sabido que en las arcas de los hombres más poderosos siempre ha faltado la felicidad y la alegría. Aún estamos muy lejos de comprender que el hombre superior es aquél que puede vencerse a sí mismo.

Ben (本) significa origen, base o fundamento. Compuesto por el radical “madera”, mas un trazo horizontal inferior, este caracter alude al sitio donde está la raíz de un árbol. En todas las cosas hay un punto en el que la nutrición es indispensable para sobrevivir. Una vez dijimos que sin raíz un árbol no puede sustentarse. Igualmente, el hombre que no tiene profundidad de existencia vive como un tronco marchito o, en el mejor de los casos, como una planta parásita que se alimenta de otra.

Todos nos deleitamos mirando un espeso bosque porque parece que la majestuosidad estriba en la anchura y el grosor de los troncos, en la lozanía de las hojas, en el sabor de los frutos o en el aroma que dispara el follaje sobre el viento; sin embargo, nunca nos detenemos a pensar que, por debajo de nuestros pies, en las profundidades de la tierra, hay un bosque de raíces que sirven de matriz a este laberinto de inusitada belleza. Sin este entramado de tallos subterráneos no hubiera bosque alguno sobre la superficie del planeta.

El hombre también posee una parte invisible que le sirve de soporte para la vida. Si no sabe cómo establecer contacto con esa zona, todo lo que haga en este mundo carecerá del poder suficiente para convertirse en una acción trascendente.

El Mabu es la raíz del Wushu. Solamente cuando existe una postura correcta se puede acceder a las fuentes de la energía.

Cuando el viajero no sabe cómo librarse de las impresiones, reza y no tiene paz, venera y no puede desechar sus pasiones, pide y no sabe dar, y brinda lo que no tiene para ofrecer. Un hombre que no puede andar, humillado por el volumen de sus memorias, busca a Dios en plena monotonía, se queja sin sospechar lo que significa elegir y olvida que la vida es un regalo excepcional que no puede disfrutarse más allá de unos segundos.

Xin Zhai (心斋) es una bella combinación de ideas. Xin (心) representa el corazón, el sitio donde se archivan los pensamientos y las sensaciones. Zhai (斋) invoca la frugalidad de una alimentación monacal. Xin Zhai significa: “ayunar con el corazón.”

Confucio se lo recomienda a su discípulo Yan Hui cuando le dice: “Mejor que escuchar con los oídos, es percibir con el corazón. Mejor que percibir con el corazón, es comprender con la energía. La energía encierra el vacío que contiene al universo y el Dao es la unidad donde el vacío fluctúa. Esa vacuidad ilimitada es el ayuno del corazón.”

Xue Wuen (学问) es “conocimiento” en chino. El caracter Xue (学) significa aprender y Wen (问) contiene el sentido de preguntar. Esto equivale a decir que conocimiento es “aprender a preguntar”.

Es un arte saber indagar adecuadamente y no tener miedo a ser sorprendido en la ignorancia. Quien no se equivoca nunca delante de los demás, es víctima del analfabetismo del alma. No es lo que no sabemos lo que nos hace incoloros, sino la incapacidad de querer recuperar el tiempo perdido.

En el Wushu es necesario digerir los errores. No hay que huir de la crítica y de los juicios ajenos. Siempre el amonestado tiene la fortuna de poder escuchar los criterios que los demás le obsequian. No importa la intención del que lo dirige, siempre cabe la alternativa de aprender lo bueno y desechar lo que no sirve.

Por otro lado, es un arte saber preguntar lo esencial y tener la paciencia para escuchar los argumentos ajenos aunque no coincidan con nuestros criterios. La verdad tiene muchos rostros. No es absoluta. Hay que vislumbrar el tiempo, el espacio, las condiciones y saber captar lo que en realidad es trascendente.

En su forma antigua el caracter Sheng (聖) significa sabio. Está compuesto por tres radicales: Er (耳 – oreja), Kou (口 – boca) y Wang (王 – símbolo del gobernador ideal que logra unificar en su postura mental los poderes del Cielo y  de la Tierra).

La imagen contenida dentro del ideograma representa a un hombre sumido en una actitud de receptividad total, con su oreja pegada a una boca. El conocimiento transmitido de generación en generación y la enseñanza oral están contenidos en este caracter. Sabio es el que tiene el porte adecuado para escuchar el legado que la experiencia pasada ha grabado en la memoria de los ancestros.

El hombre moderno vive agobiado por su lengua. Cree que saber es sinónimo de decir, y extiende sus cuerdas vocales hacia afuera con el afán incansable de ser escuchado. La tecnología implantada para divulgar la información ha convertido a la sociedad en un cúmulo de seres humanos privados de la sabiduría. Repetir es una meta y memorizar es un estigma para sobrevivir entre las élites cultas. Ya no hay tranquilidad interna ni sosiego espiritual para ahondar en el silencio.

Saber escuchar es un arte raramente cultivado en nuestros tiempos. Hay que olvidar el murmullo que el orgullo dicta y comprender la verdad de las cosas con el poder que la humildad y la modestia confieren.

¿Qué se puede afrontar en la vida sin voluntad? ¿Acaso el hombre puede pretender dejar una huella fidedigna de sí mismo sin antes aprender el arte de caminar en la arena de los cambios? La voluntad es el báculo de los sabios y la grandeza de los humildes.

El caracter Yili (毅力) significa fuerza de voluntad, energía y perseverancia. Por un lado se representa la “resolución y la firmeza de un objetivo” y por el otro, “la fuerza, la habilidad y el poder para encauzarlo hacia el éxito.”

El Wushu es un arte de esfuerzo continuo. No hay manera de abordarlo con desgano e indecisiones. Hay que recordar que el amor nace del sacrificio. ¿No es el misionero del esfuerzo inmensamente glorificado cuando descubre entre sus harapos una perla de luz?

Jing Yan (经验) significa experiencia. El caracter Jing (经) contiene el sentido de “sufrir, experimentar o pasar a través de un proceso determinado”, mientras que el caracter Yan (验) evoca “la capacidad de probar el resultado de una experiencia por medio de la práctica o la verificación minuciosa.” La experiencia, vista desde el ángulo de la tradición oral china, engloba toda la sabiduría humana nacida bajo el efecto de las vivencias. Esto quiere decir que es necesario afrontar las vicisitudes de la vida con la filosofía de ilustrar lo recóndito del alma, con los mensajes dictados por la alegría y el sufrimiento.

Vivir es fluir en lo imprevisto. Si no se tiene el valor de asumir los golpes del destino con una mente abierta y receptiva, se pierde para siempre la posibilidad de aprender las lecciones de la vida. La experiencia es el arma de la vejez. Quien no es capaz de aprender en los breves intervalos del tránsito físico, ha pasado por el mundo sin saborear los contrastes de las lágrimas y las sonrisas.

Compuesto por los radicales: Zhong (中 – centro) y Xin (心 — corazón), el caracter Zhong (忠) significa: tener el corazón en el centro. Este es el simbolismo de la lealtad.

Carecer de esta virtud es estar desposeído de la grandeza humana que confiere el agradecimiento eterno hacia aquellos seres que, de una manera o de otra, proporcionaron en nuestras vidas un cambio trascendental. Un alumno nunca debe olvidar a su maestro, igual que un hijo nunca desecha los recuerdos de una madre.

En el Wushu tradicional los maestros no derramaban las perlas de la sabiduría ni los secretos familiares inútilmente. Necesitaban convencerse plenamente de la grandeza de carácter del discípulo y de la auténtica faz de sus objetivos.

La fidelidad nos hace ser íntegros y nos confiere la fuerza de la perseverancia. Continuar el camino más allá de donde nos condujeron, es una proeza en el crecimiento humano.

Si el buscador de la verdad no tiene confianza, ¿cómo puede avanzar en la espesura del monte y sumergir su cuerpo en la niebla? ¿Quién lo salvará del calor asfixiante que expande la incertidumbre? ¿Podrá sobreponerse a la frustración de pensar que pudo estar mejor si no hubiese intentado semejante odisea? ¿Cómo aceptará la alternativa de fracasar en su búsqueda cuando ya no le queden fuerzas para emprender un nuevo comienzo? Quien orada el camino con la duda sólo recogerá la desesperación y el hastío.

Xin Yang (信仰) significa convicción, fe y firme creencia. El caracter Xin guarda entre sus trazos la idea de lo verdadero, lo real, la evidencia o el signo manifiesto de una verdad encubierta. El caracter Yang encierra la imagen de un hombre que eleva el rostro en señal de respeto y admiración. Esto devela la intención inflexible de un sentimiento intuitivo, la persistencia de una esperanza que guía entre los senderos que se bifurcan en mil direcciones, la agudeza para percibir, entre las tinieblas de la comprensión vulgar, los vestigios de una sabiduría que se viste de sucesos irrelevantes.

La fe es la puerta del amor y el amor vive donde la energía alcanza la totalidad. Con una firme creencia se puede emprender la marcha en plena oscuridad. ¿Acaso no hay miles de perdidos que deambulan a plena luz del sol con el crepúsculo en las espaldas? La fe de un caminante le dice que allí donde todos ven una montaña hay sólo una nube de ilusión. Entonces, orienta sus pasos en dirección opuesta y comienza a trepar sobreponiéndose a la duda de su época.

La maestría de un arte no implica sólo el dominio y la destreza. Se puede obtener una habilidad admirable en un oficio y no ser un maestro del mismo. ¿En qué estriba entonces esa cualidad de conducir a los demás, reverenciada en todos los tiempos?

Dao Shi (导师) es una combinación de caracteres que encierra por un lado el significado de dirigir, transmitir y enseñar, y por el otro, el de modelo, ejemplo o maestro. Esto revela la imagen de quien puede guiar mediante el ejemplo. Este es el sentido de un verdadero maestro.

En la actualidad el término se circunscribe a todos los que imparten una enseñanza determinada. Ahora no importa si el que instruye participa o no del consejo que pretende dar. La conducta no es un patrón a tomar en cuenta. Lo que importa es lo que parece pensar. Esta división de pensamiento intelectual y fidelidad ideológica ha tallado en la mente moderna la posibilidad de creer que se puede indicar la verdad viviendo en el error.

En la China antigua el maestro encerraba en su actitud, en su porte, en su conducta y en su carácter, el símbolo visible de un autoperfeccionamiento constante. En este ámbito no hacían falta palabras. La observación era un manuscrito de sabiduría viviente. Las palabras y el pensamiento formaban el apoyo de su práctica física. Un maestro de esta magnitud era llamado Sheng Ren (聖人 – hombre superior) y estaba colmado del aprecio del vulgo y del elogio de la posteridad.

Enseñar no es enclaustrar a los discípulos en una rutina de imitación sin comprensión, se trata de mutar la naturaleza humana, y para esto se necesita saber proyectar el raciocinio y la veracidad. El hombre no se puede cambiar con palabras. Lo que se percibe tiene más fuerza que lo escuchado. Solamente aquellos que viven como piensan tienen el don de transformar la oscuridad en luz.

Luchar por modificar las tendencias innatas es una tarea de titanes. No todos los mortales cuentan con el prodigio de mutar las herencias de su mundo mental. Es divina la tarea restauradora de quien desecha sus aspectos negativos y absorbe las cualidades nobles que se expresan entre los defectos de sus contemporáneos.

Li Ming (立命) es una conjugación filosófica que confiere la posibilidad de dominar el futuro. Li () incita a la acción de enderezar y levantar. Ming () oculta la majestuosidad de la vida y la incertidumbre de la suerte. Li Ming nos dice: “El mandato del cielo no es infranqueable.”

El esfuerzo y la responsabilidad individual son las armas que pliegan los defectos. No hay características eternas. El caminante puede elegir por dónde orienta su mirada. Nadie nace con las pupilas detenidas en un punto del horizonte.

En la vieja sociedad de la China feudal los maestros se entregaban a la causa de defender a los pobres. El Gong Fu era un arma para aniquilar la soberbia y el despotismo de la clase poderosa.

El ideograma Xia () representa a una persona experta en artes marciales que sigue una actitud caballerosa, mientras que Yi () abarca el sentido de justicia. Xia Yi (侠义) significa estar receptivo a los sufrimientos del mundo con un corazón inundado de rectitud.

El Wushu no es un arte para exposiciones egocéntricas. Saber evitar los disturbios es un arma para restaurar la paz en el mundo. Un combatiente del ego es un general de la mente, sabe cómo paralizar la decadencia de su presente con la intervención de su espíritu.