LAS CREDENCIALES DEL ZHEN WUSHU

Posted in LAS CREDENCIALES DEL ZHEN WUSHU on diciembre 9th, 2012 by admin

DE LA TRADICIÓN AL MERCANTILISMO CONTEMPÓRANEO

Artículo escrito por el Sifu Tony Rey García

(2012)

Existe una errada visión con respecto a la diferencia que se establece entre recibir clases comerciales de Wushu, formar parte de una academia o ser aceptado oficialmente como seguidor de un Shi Fu (título oficial con que se designa a un maestro, 師父). La diferencia es grande si de concienciación, entendimiento y dominio se trata.

Ejercitar un estilo -el cual puede estar relacionado con cualquiera de las vertientes del norte o del sur-, no estriba en conocer dos o tres composiciones clásicas (Taolu, 套路), ni tampoco consiste en haber participado en un curso de carácter financiero o promocional.

El Shifu Wong Yi Man durante una entrevista de la televisión china del distrito de Taishan (Guangzhou – 2012)

Los maestros genuinos buscan extender sus verdades por el mundo, pero esto no se logra en tres horas de encuentro providencial. Se necesita ahondar en la piel de los alumnos para encontrar el suelo donde puedan fertilizar las intenciones valederas. Es innegable, que una semilla no puede convertirse en árbol con tan solo los resplandores de un amanecer.

Los falsos maestros –en cambio-, necesitan llenar sus bolsillos de ganancias inmediatas, prometer lo absurdo o alimentar los designios dictados por sus estereotipadas mentalidades. Es aquí donde se erigen las grandes falacias colectivas y se mutilan los caminos del alma. La mentira –en todos los tiempos-, siempre ha necesitado de la confraternidad, la aceptación y la solidaridad de los que carecen de objetivos definidos.

En el contexto de las artes marciales chinas se establece una notoria diferencia entre los términos con que suele nombrarse a un principiante o a un seguidor de extrema confianza. Xue Sheng (學生) conforma la composición caligráfica con que se designa a un estudiante. Xue (學) contiene el sentido de estudiar y Sheng (生) esconde entre sus trazos el nacimiento de un proceso y las eventualidades que lo definen en su itinerario de gestación. Xue Sheng representa al aprendiz que comienza a introducirse dentro de los esquemas de una escuela tradicional o deportiva.

En tanto, el concepto de Tu Di (徒弟) se estructura bajo otros valores. Tu (徒) no solo implica la postura física y mental de un discípulo, sino que también yace circunscrito a la imagen de la devoción y la fidelidad. Este conjunto de delineaciones semánticas, expande la idea del vacío y la acción de recorrer un largo periplo. Di (弟) ejemplifica la figura del hermano menor. O sea, aquel que lleva menos tiempo de aprendizaje pero que de hecho forma parte de un núcleo de transmisión familiar.

Si profundizamos en el ideograma de Tu Di constataremos que esconde la acción de aquella persona que, despojada de toda intencionalidad egocéntrica, se entrega en cuerpo y alma a perfeccionar su interior. Tu Di no es el término que define a todos los integrantes de una academia. Aquí se evidencian marcadas diferenciaciones. Tu Di es un iniciado dentro del contexto de la vida personal de su preceptor, vive bajo la sombra de su guía espiritual y defiende los intereses que constituyen la línea de información recibida.

Entre Du Ti y Xue Sheng se entreabre un abismo de convivencias. Un principiante no puede violentar su posición. Debe ganarse el respeto y la confianza de sus instructores y no siempre tiene acceso a las orientaciones del maestro. Mientras que un viejo discípulo no solo traspasa la inaccesibilidad que imponen los hermanos mayores, sino que puede indagar o aprender directamente de las fuentes superiores.

Tocar en la puerta de un estilo puede tardar años. Entrar al recinto donde se gestan sus ecuaciones es todo un acontecimiento. Ser aceptado como seguidor de un maestro es una suerte excepcional. Este hecho presupone una forma de pensar el mundo y de comportarse frente a las circunstancialidades que lo configuran. En esta ideología corporal habita una estrategia.

Como ya hemos enfatizado, las especulaciones remunerativas y la propaganda han provocado que los falsos maestros proliferen. Muchos presuponen que pueden golpear eficientemente tras una vistosa exhibición de habilidades simiescas. Pero, ¿cuántas personas sin ninguna iniciación genuina pueden también maltratar a sus congéneres? Saber pegar en la anatomía de un oponente no es una muestra fehaciente de inteligencia combativa. El kungfu posee un modo específico de hacerlo y la gran mayoría evidencia su completa ignorancia al respecto.

El Shifu Wong Yi Man durante una ejecución de espada.

Cuando un preceptor auténtico te acoge en su seno, te abre las puertas de su corazón. El concepto de Jia (familia, 家) se comprende cuando se ha sido iniciado en los secretos de un sistema. Es esta la causa de que muchas escuelas coloquen este grafismo entre los apellidos familiares y el ideograma de boxeo. En el dialecto cantonés suele pronunciarse como Ga. Por esto, algunos estilos son conocidos bajo la fonética sureña, como Hong Ga, Choy Ga, Mo Ga, etc.

Jia no solo atestigua la nomenclatura de los descendientes de un núcleo familiar, sino también engloba la privacidad de una información perpetuada entre los integrantes de una escuela. Por ejemplo, para comprender los códigos del Hong Quan hay que penetrar en el espacio interior de un conocimiento cifrado. Es imposible que las sutilezas supremas de un boxeo se develen si la mano de algún descendiente no se interpone entre el discípulo y sus intenciones. Incluso, hay estratagemas que solo el maestro puede dar en un contexto determinado. Posee el legado de sus preceptores y lo ofrece cuando sabe que ha llegado el momento.

Para que esto acontezca con estricta veracidad, se necesitan discípulos con un sólido flujo de Qi. De aquí se deduce que los primeros años de estudio dentro de una academia de Wushu se vinculen con un arduo entrenamiento corporal. Hay que centrar y movilizar la conciencia dentro de los cambios energéticos que se  instauran en los canales y colaterales. Cambiar la mentalidad cotidiana con que se asume la vida y llevar la percepción a un nivel de extrema sutileza.

El grado más alto no lo instituye un título. Los documentos no confieren la sabiduría. Tampoco se alcanza el pleno dominio recitando los textos escritos o la teoría compartida en cualquiera de los medios de difusión masiva.

Si observamos con detenimiento la inmensa masa de propaganda que nos acecha por doquier, nos percataremos que en la mayor parte de los casos hay un completo divorcio entre lo que los supuestos maestros pregonan y lo que intentan demostrar en la realización del primer gesto. La verdad no es amiga de los adornos gramaticales ni de las imágenes literarias, se muestra despiadada cuando expone los rasgos descarnados de su rostro.

Indudablemente, las artes marciales de nuestros tiempos comparten un grandilocuente escenario de representaciones histriónicas. Los vestuarios yacen colgados de los camerinos y los emplastos de maquillaje que ocultan los embustes se aglomeran tras las patéticas escenografías.

Con solo escoger un ropaje y dibujar una faz cinematográfica, los ilusionistas del mercado logran confundir a las pupilas inexpertas. Las obras pueden ser sublimes o grotescas. No obstante, su poder estriba en la fuerza con que irrumpen en la retina. Constantemente asaltan nuestra psiquis con la insistencia de las banalidades eternas.

No podemos negar que los emblemas combativos han sido mancillados. La palabra que en otros tiempos definía a un preceptor de reconocido linaje ha sido ensuciada con la imagen fatal de todos cuantos osan nombrarse “maestros”. El tráfico de información es internacional y el defalco de comprensión invaluable.

Las personas pagan para hacer un Taolu, tirarse fotos en un prefabricado entorno o mirarse en un espejo disfrazados de monjes de Shaolin. Las secuencias han perdido su origen marcial entre una extravagante cadencia de automatismos acrobáticos y gestualidades artísticas. Los conceptos del Qigong transitan hacia la errada búsqueda de poderes o se ensimisman en un absurdo desequilibrio de la conciencia. ¿Es esto una muestra de tradición, efectividad combativa y realización energética?

Muchos se afanan en dialogar sobre los códigos morales e insisten en mostrar los valores que representan sus módulos de entrenamiento, pero en la realidad de los hechos adaptan la ética a los dictados de sus intereses económicos. Otros asisten a un curso deportivo en una de las tantas Universidades de Cultura Física y regresan a sus países de origen como portadores de un tesoro nacional. ¿Es esto un símbolo de afianzamiento en una línea de transmisión familiar y de inserción en los entramados de la cultura?

Es sabido, que todo lo que se presenta de manera ininterrumpida termina ejerciendo una influencia sutil y avasalladora. Es esta la causa, de que abunden y se extiendan como una plaga mortal, las deformadoras rutinas del Wushu contemporáneo.

Frente a una puerta de acero uno puede tardar 100 años en tratar de abrirla. En cambio, si se posee la llave diseñada por su creador se pueden accionar los resortes de la cerradura en unos breves segundos. Con todo lo dicho, se evidencia, que el dominio de un arte no es solo cuestión de esfuerzo y sudor. Como bien dice el Shifu Wong Yi Man: “Un maestro genuino es aquel que te acorta el camino”.