LA FILOSOFÍA DE LO IMPERMANENTE

Posted in ENSAYOS FILOSÓFICOS on marzo 13th, 2012 by admin

LA FILOSOFÍA DE LO IMPERMANENTE

Artículo escrito por el Sifu Tony Rey García

(2012)

Todos los procesos cambian, asumen matices y modifican su estructura. La inestabilidad material es simultánea y ocurre en disímiles períodos. Nada puede escapar del poder de las fuerzas bipolares.
Las leyes que conducen la vida del hombre fueron plasmadas en símbolos, y descritas en anexos para interpretar los instantes del cambio universal. En el “Libro de las Mutaciones” (Yi Jing, 易經), encontramos catorce principios fundamentales:

  • El universo es el resultado de dos fuerzas que transforman y producen la materia en un juego de interacción infinita.
  • La manifestación está sujeta a la inestabilidad del cambio.
  • El cambio es inmutable.
  • Todas las cosas surgen de un estado anterior a la existencia y en su evolución avanzan cíclicamente en un proceso de expansión y recogimiento.
  • Yin y Yang en sus antagonismos son complementarios.
  • En la naturaleza no existe nada idéntico y estable, todo muta.
  • Todo lo que tiene un comienzo tiene un fin.
  • La mutación no es más que una diferenciación de la unidad energética que rige al cosmos.
  • En su eterno decurso, Yin y Yang dan lugar al retorno del estado inicial (estaciones, día y noche, etc.).
  • En el progreso evolutivo de la materia un estado progresa hacia otro estado sin volver al estado inicial. Lo que significa que, aunque la primavera vuelva con el comienzo del florecimiento y el reverdecimiento de la vegetación, en lo más íntimo de los procesos, es otra hoja la que está suspendida del tallo, en el mismo lugar donde aparentemente murió la de la primavera anterior, el hombre no es el mismo en cada segundo, porque el tiempo modula su percepción y fisiología.
  • Existe un equilibrio entre los fenómenos del mundo. Desde la desintegración de una galaxia y el surgimiento de otra, hasta los cambios más infinitesimales de la materia, todo fluctúa en la estabilidad.
  • Yin y Yang en su variedad infinita, están regidos por las leyes naturales y sus movimientos pueden calcularse de forma cíclica.
  • Nada es absolutamente Yin, nada es completamente Yang, todo está compuesto por la mezcla proporcional de ambas tendencias, en distintos grados.
  • En su proceso de intercambio, negación y contradicción, Yin y Yang producen por la acumulación del cambio, saltos de calidad en su avance progresivo.

Un mismo proceso nos envuelve por doquier y nosotros insistimos en calcularlo con minutos y horas, con días y años, con siglos y milenios. Guardamos los datos, los anotamos, los corregimos, los rectificamos, los reelaboramos, les agregamos nuevos descubrimientos, los discutimos, los defendemos, en la ingenua certeza de haber encontrado un sentido a la existencia.  No obstante, ¿quién podría asegurar cuál es la distancia entre la vida y la muerte?

Compuesto de Sol y Luna, el carácter Yi –el cual significa transformación-, alude a las energías bipolares. Yin y Yang subyacen en sus trazos, representados por la cualidad inherente de la radiación solar y la receptividad del satélite que orbita alrededor de la tierra. Ambos yacen unidos en una dicotomía antagónica y complementaria.

Vivimos en un eterno Taiji de flujos incesantes. Nada es perenne, estático, indiviso. Los antagonismos se fusionan y se bifurcan en mil direcciones. Por supuesto, el tiempo –visto desde el ámbito cósmico-, es una ilusión de los sentidos. No hay antes ni después, tampoco existen las proyecciones cuantitativas. Yin contiene a Yang y Yang es una expresión de Yin. No podemos sujetar un solo polo sin tener en nuestra elección su lado opuesto.
El Wushu es el arte de saber llevar la paz al camino de la guerra. Nada es más importante para un guerrero que aprender a interactuar con las circunstancias de la vida. Para eso ha sido fortalecido su cuerpo y solidificada su percepción. Debe confrontar las fuerzas que lo rodean y lo anteceden, como un sacerdote que define las aristas de la suerte. Este es el camino superior de las artes marciales: saber vencer la intemporalidad existencial con una postura de firmeza y flexibilidad.
Un guerrero debe saber que el momento de ser feliz puede anteceder al instante donde su final lo espera. De manera que posa sus ojos sobre la vida con la sapiencia de quien sabe que Yin y Yang son solo puros contrastes.
Es inobjetable que el hombre debe aceptar su destino. La interrogante que debemos lanzar al firmamento no consiste en saber cuánto tiempo vamos a estar vivos. Esa es una las grandes banalidades humanas. La cuestión estriba en que no sabemos hasta cuándo vamos a estar ausentes. Por lo tanto, el momento de partir no tiene horario, pero la capacidad para aceptar el instante en el que se vive posee la grandeza de las proezas mitológicas.
Decididamente todo se modula cuando asumimos que la oportunidad de actuar yace en el sitio donde nos encontramos. No hay nada que posponer mientras nos hallemos respirando bajos los resplandores del sol. La felicidad es un entrenamiento de la mente.

LAS OCHO PUERTAS DEL ENTENDIMIENTO

Posted in ENSAYOS FILOSÓFICOS on enero 16th, 2012 by admin

LAS OCHO PUERTAS DEL ENTENDIMIENTO

Artículo escrito por el Sifu Tony Rey García

(2012)

Cuando nos adentramos en la práctica del Wushu solemos encarar nuestro aprendizaje con una pasiva aptitud mental. Por supuesto, confundimos transmisión con ausencia de comprensión y respeto con carencia de visión. Si bien es cierto que lo que recibimos –si proviene de una fuente fidedigna-, contiene una valiosa trayectoria, también posee el espacio para que estudiemos con mesura. ¿Cómo escrutar una información si no es mediante la validación de sus contrastes? ¿De qué sirve enfrentar al esfuerzo si no podemos trascender las impresiones mundanas?

Aquél que no aprende a gobernar sus pensamientos, termina dirigido por la corriente intelectual de su época. La pobreza del entendimiento, mutila la posibilidad de extraer del mundo las experiencias internas. ¿Acaso no es esto la obnubilación de la sabiduría? En la práctica de las artes marciales es necesario saber pensar y por ende, debemos conducir nuestro itinerario racional mediante una correcta estrategia cognoscitiva.

No existe opinión definitiva, ni teoremas absolutos. Yin y Yang fluyen, se entrelazan y se transforman en un caleidoscopio de imágenes. Las combinaciones son divisibles y las conclusiones se devanan como las hebras de hilo que se disuelven en el tejido de una alfombra.

No obstante, cada cual va encontrando –en la medida en que busca-,  los dictámenes que le permiten acceder al conocimiento. Tras largos años de estudio y experimentación pedagógica, he definido ocho puertas que pueden convertir la práctica del Wushu en un infinito arsenal de proposiciones:

¿Qué?

¿Por qué?

¿Dónde?

¿Cómo?

¿Quién?

¿Hay manera?

¿Cuándo?

¿Cuál?

Así como la perseverancia es requisito indispensable para salvar las limitaciones del cuerpo, del mismo modo, la indagación y el estudio incesante son las llaves que subyugan la ignorancia. De acuerdo con ello, debemos interiorizar por medio de estas interpelaciones, todo aquello que realizamos.

De esta manera, damos paso al siguiente estudio:

¿Qué debo tener en cuenta para consolidar el dominio corporal?

Si asumimos esta pesquisa con impecable sinceridad debemos cerciorarnos de la autenticidad contenida en la enseñanza. La comprensión de la procedencia y la historia del estilo que profesamos, sus fundamentos técnicos, y su funcionalidad estratégica, proporcionan la independencia del discernimiento.

No podemos afrontar el estudio de un estilo sin adentrarnos en las partes que lo conforman. Por supuesto, el primer paso debe consistir en desarrollar el Ji Ben Gong (el método de entrenamiento básico, 基本功). Este sistema de ejercitación elemental, fundamenta la comprensión y el dominio de las partes anatómicas que se van a emplear en el combate:

  • Yan Fa (método de ejercitación de los ojos, 眼法).
  • Zhou Fa (método de ejercitación de los codos, 肘法).
  • Shou Fa (métodos de ejercitación de las manos, 手法).
  • Yao Fa (método de ejercitación de la cintura, 腰法).
  • Bu Fa (métodos de ejercitación de las posturas, 步法).
  • Tui Fa (métodos de ejercitación de los pateos, 腿法).
  • Shen Fa (método de ejercitación del cuerpo, 身法).

Lo que puede denominarse bajo el epíteto de arte marcial es el conjunto de estrategias –que en diversos estilos y tendencias-, moviliza los recursos del cuerpo en toda su extensión. Por ende, no podemos comenzar la práctica del Wushu adentrándonos abruptamente en una secuencia o en una estructura de interacción corporal. Es necesario enseñar al cuerpo a moverse e instaurar un tono muscular adecuado.

Ahora bien, cuando se han creado las raíces de un dominio fidedigno entonces se cuentan con los argumentos para evaluar un desarrollo de la percepción. He aquí donde el hombre necesita liberarse de las ataduras de la fabulación y el eclecticismo. Solo entonces, puede conjeturar otros recursos intelectivos:

¿Qué encubre la apariencia de lo que vislumbro?

Ya en esta interrogante se devela un salto de comprensión. Ahora estamos en presencia de un nuevo proceso de desarrollo:

  • Yi Nian Fa (el método de ejercitación de la intención, 意念法).

Yi es la facultad mental que permite direccionar el pensamiento. Si sabemos cómo enfocarlo en un punto, el Qi (氣) se concentra y solidifica. Donde hay flujo de Qi a nivel perceptivo existe también asimilación profunda. Debemos recordar que los niveles de comprensión de un ser humano dependen en última instancia de su cuantificación energética. Por lo tanto, cuando aprendemos a enfocar el Yi Nian (intención mental, 意念), estamos develando los secretos de un sistema y potencializando su efectividad técnica.

Por supuesto, visto desde la óptica filosófica, no hay mayor complacencia que la experiencia de quien ha sabido destruir los desvaríos de la mente. Hay formas de raciocinio que perforan los estamentos de la naturaleza y confluyen en la liberación de los sentidos.

Es en este punto, donde se alcanza la segunda puerta de interacción con el conocimiento:

¿Por qué entreno?

Cuando preguntamos ¿por qué?, ya estamos sembrando la semilla de la experiencia personal. Cuestionar de este modo nos permite definir muchas cosas. El Wu Dao (el camino de las artes marciales tradicionales, 武道), es el arte de aprender a dirigir el Yi Nian. Cuando esto se consolida, el adepto comienza a alcanzar niveles de visión que lo encumbran de la cotidianeidad en la que vive.  La maestría solo se alcanza cuando se arrojan las expectativas frente al conocimiento. Preguntar es el arte de saber inspeccionar el mundo: la epopeya del crecimiento espiritual. En esta fase se comienza a depurar el concepto de Ji Yi (la habilidad o destreza del arte que se profesa, 技艺).

En la medida en que las inquietudes agrupen nuevas conclusiones, crece la premura por vencer la inercia de las costumbres. Nada afecta tanto el flujo del Qi perceptivo, como el no saber emanciparse del yugo de los prejuicios:

¿Dónde se consolidan los fundamentos de los métodos que propugno?

Sin lugar a dudas, el dónde nos permite identificar y clasificar el punto de convergencia de lo que hemos aprendido. Si no existe esta posibilidad de inserción cognoscitiva, ¿cómo podremos alcanzar un dominio real? Nada le es más necesario a un artista marcial que saber advertir donde radica lo esencial y lo superfluo.

Tanto el estudio de los Tao Lu (las formas clásicas de los diversos estilos, 套路), como la verdadera aplicación marcial de los mismos, conlleva que el adepto tenga que aprender como emplear el desplazamiento preciso, los mecanismos para absorber el Qi del oponente, los ángulos de intercepción, la respiración adecuada y los recursos estratégicos que aseguran la efectividad del sistema que se está empleando.

De este modo, podemos avanzar un poco más y acceder al próximo estadio. Aquí se evidencia el momento o la oportunidad de proyectar el razonamiento lógico. Inevitablemente, esta trayectoria nos conduce a los pies de otros signos interrogativos:

¿Cómo puedo garantizar la efectividad estratégica del sistema de combate? ¿Cómo combinar las acciones de defensa con los diversos ángulos del desplazamiento?

Si el dónde moviliza la comprensión, el cómo define su alcance. Cuando digo cómo me expongo a solucionar un problema perceptivo. Indudablemente nos estamos adentrando en el descubrimiento de las estrategias de combate. Esto equivale a entender el movimiento de Yin y Yang (la teoría de la bipolaridad universal, 陰陽的理論), Wu Xing (la teoría de los cinco elementos, 五行的理論) y el  Ba Gua (la teoría de los ocho trigramas, 八卦的理論). Lo cual constituye, una emanación a  menor escala de la ley que sustenta el Tai Ji (la teoría de la creación de todas las cosas, 太極的理論).

Si se ahonda en el cuestionamiento de estos modelos universales y se valorizan sus posibles combinaciones, no solo se arraiga el dominio técnico, sino también se acrecienta la preparación en otras eventualidades.

Ahora el entrenamiento físico se ha revertido a la conciencia como un camino de crecimiento espiritual. Lo que en primera instancia constituyó un arte de defensa personal, se ha transformado -tras intensos años de entrenamiento-, en un sistema para exterminar las grietas de la personalidad. En estos linderos el combate marcial se invierte contra el propio Ego, en una ardua y titánica lucha por trascender las limitaciones inherentes.

¿Quién está, verdaderamente, dispuesto a cambiarse a sí mismo?

Esta puerta de indagación conduce a muchas habitaciones desconocidas. Cada habitáculo yace enlazado con las otras preguntas en un laberinto de conclusiones relativas. La yuxtaposición de las interrogantes permite validar diversas soluciones. Por lo tanto, el secreto no solo está en hurgar con esmero sino en saber conjugar nuestros pensamientos.

Debemos recordar que el punto más alto de la evolución en las artes marciales consiste en lograr transformar el carácter. Esto, solo puede llevarse a efecto si la mente transmuta su visión del mundo. Por lo tanto, lo esencial en todo tipo de entrenamiento no es integrar una técnica, sino instaurar un dominio total de las emociones. Definitivamente, no es el cuerpo lo que necesita ser moldeado sino la mentalidad que se oculta tras la estructura anatómica. Si esta revolución de la conciencia no acontece, el entrenamiento corporal pierde el rumbo de su destino. En este nivel ya no importan los matices internos, lo que prima es la unificación del poder del espíritu.

Por supuesto, si el qué, el por qué, el dónde, el cómo y el quién han sido metabolizados, entonces deberíamos responder a la siguiente disyuntiva:

¿Hay manera de trascender la mente?

Es indudable que cuando encaramos este nuevo reto intelectivo estamos forzando al pensamiento más allá del límite de la rutina. Aquí encontramos una brecha para manifestar nuestras propias características. El Wushu no es un adoctrinamiento ciego de la conducta, es un camino para encontrarnos a nosotros mismos.

De este modo, no solo vislumbramos el camino para exteriorizar la conciencia, sino también poseemos el sentido que nutre nuestras apologías intelectivas. La unilateralidad de visión rompe con la simultaneidad de los aconteceres. El universo no es un proceso lineal de fenomenologías, es un conglomerado de sucesos que se interponen y entrelazan en una eterna red de mutaciones. Conciencia, es la facultad que permite vivencial el conocimiento del mundo sin barreras dimensionales.

Nada es más fructuoso que liberar al raciocinio de las garras de la visión ortodoxa. Cuando ya no se tienen restricciones que prosternan al intelecto, se derrumba el dogma de la costumbre. Poco importa, que las tiranías neuronales de una época asalten la psiquis con el horror de los espejismos. Cuando la clarividencia renuncia a la servidumbre de la razón, el hombre accede a las márgenes donde la suerte se pliega al esfuerzo.

¿Cuándo se desvanecen las ilusiones?

Cuanto más firme es el camino que transitamos,  más se tambalean las convicciones de la mayoría. De hecho, pronto descubrimos que muchos de nuestros congéneres, todavía no han traspasado el marco de las  preguntas introductorias.

De esta manera, invocando el instinto, erguimos la filosofía de una mente aunada a la simultaneidad del mundo. Sea cual sea el futuro que nos espera, no podemos –en estos linderos-, vegetar entre las manos de las divagaciones colectivas. Si la fuerza del cuándo se torna vital, subsistiremos con  aquellos que lograron vencerse a sí mismos.

Quien desenmascara sus dudas, posee la sabiduría de la percepción. Aquí se ha llegado al último escalón de este vertiginoso ascenso:

¿Cuál es el fin que prevalece en todo lo realizado?

El miedo que nos depara el encuentro con nosotros mismos se ha desvanecido luego de haber demolido la ingenuidad y el fanatismo. Llegado a los linderos de esta acción contemplativa hemos superado la mediocridad del pensamiento cotidiano. Ahora solo nos seducen el sentido de las cosas y la dirección de las reacciones instintivas. Hemos comprendido, que las contradicciones existenciales,  son solo necesidades del espíritu y que el Wu Dao es el arte de golpear en el centro mismo de la conciencia.

En este momento, el concepto de Wu Ji (punto anterior a la manifestación fenomenológica, 無極) se presenta de manera espontánea. Ya no tenemos método ni sistema que defender. Todo sucede de manera natural regido por el influjo que ejercen las cosas. Se ha comprendido que Yin y Yang no son dos polos antagónicos ni complementarios, sino el rastro eterno del Qi. El Qi que enlaza el Cielo y la Tierra y sirve de substrato a todo cuanto existe.

Mientras el hombre descubre el sentido de su existencia -imbuido por el Yi Nian de su largo entrenamiento-, la vida transcurre como la última puerta que se abre al infinito.

LOS SEIS ESTADIOS EN LA PRÁCTICA DEL ENRAIZAMIENTO

Posted in ENSAYOS FILOSÓFICOS on enero 4th, 2012 by admin

LOS SEIS ESTADIOS EN LA PRÁCTICA DEL ENRAIZAMIENTO

Artículo escrito por el Sifu Tony Rey García

(2012)

El Mabu (postura de caballo o del jinete, 馬步), no es una simple posición del cuerpo, es ante todo un medio para dirigir la intención y movilizar la energía. Desde el punto de vista filosófico, su entrenamiento adquiere un profundo sentido.

Estamos sostenidos sobre nuestras piernas, intentando crear un centro de equilibrio y una percepción mental de lo que somos. A primera vista parece sencillo e intrascendente, incluso hasta suele menospreciarse su etapa de consolidación.

No debemos obviar, que nuestras posturas cotidianas carecen de poder porque son engendros del aburrimiento, del hastío y de la vergüenza interna de no conocernos. Nuestra pose habitual sólo permite captar un 30 % de la realidad. En cambio, cuando nuestra intención está sumergida en el Dantian inferior (centro de energía localizado por debajo del ombligo, 丹田), acoplada a una correcta respiración, y nuestros pies están encajados en la tierra, el espíritu verdadero toma las riendas de los cinco sentidos corporales. Entonces, todo el organismo participa del intercambio con la naturaleza. Estamos vivos, despiertos, con el porte ancestral auténtico.

Al hacer Mabu sin confrontar la percepción interna, se menosprecia las sutilezas de la mente. El dominio de un arte comienza cuando rompemos el molde de los esquemas. A menudo los principiantes adoptan la postura de Mabu y cuando se les exhorta a que cierren los ojos y enfoquen su atención en el Dantian inferior, comienzan a corregir con la mirada la ubicación de sus pies.

En momentos como estos, siempre inicio las enseñanzas con algunas deliberaciones:

-¿De quién es el pie que están observando?-les pregunto.

Asombrados, aseguran que esa parte anatómica es una extensión de sus cuerpos. Que simplemente están corrigiendo la postura.

Ante esa evidente y lógica respuesta, les digo:

-¿Entonces por qué sienten la necesidad de mirarse a sí mismos?

En la mayor parte de los casos, los estudiantes sonríen y casi con malicia me aseguran que simplemente están valorizando la impecabilidad de la técnica.

No obstante, retorno al tema con renovado ímpetu:

-Evidentemente llevan varios años viviendo con esos pies. Les pertenecen desde que nacieron y nadie mejor que ustedes pueden conocerlos y sentirlos. Sin embargo, evidencian una inseguridad total sobre lo que conforma la estructura de sus cuerpos. Si no pueden asegurar que una parte de ustedes yace en la posición correcta, ¿cómo pueden convencerse de que lo que sienten con respecto al mundo es valedero?

Por medio de esta anécdota se evidencia el más importante de todos los preceptos filosóficos: conócete a ti mismo (知己). Es seguro que no puede existir una visión pragmática de la vida, si no despertamos una conciencia real de lo que somos.

El hombre sólo puede ser libre cuando vive con un centro. Vivir con “centro” significa que hay una unidad de poder que guía nuestro camino, indisolublemente hacia el crecimiento. Para sostener este poder hace falta energía. Y para tener energía deberíamos aprender cómo almacenarla dentro del cuerpo. A esto se le denomina Shou Zhong (custodiar el centro, 守中).

Sin “poder” no existe manera de vivir humanamente. El hombre que vive sin saber que es un esclavo de todo lo que le rodea, y de sí mismo, derrocha la esencia y la energía ancestral en actitudes presuntuosas que lo conducen a la extinción paulatina. En cambio, un hombre con “poder” controla su destino hasta el final, porque tiene la visión para escudriñar en la oscuridad y como no vive agobiado por los sueños de un ego bochornoso, es el amo y señor de todas sus acciones. Nada en el mundo cotidiano puede sacarlo de su centro. Un hombre así no se puede comprar, ni tampoco se puede detectar fácilmente, a no ser que con toda intención se muestre. Pasa como uno más, y su semejanza es una estrategia ideal para no ser molestado. El eje del Wushu tradicional chino gira sobre esta rueda de entereza y limpieza espiritual. Cuando se alcanza el centro de las cosas da lo mismo si se continúa entrenando bajo los patrones de un estilo o de otro. La secuencia estandarizada pierde el sentido cuando se toma la soltura con todo el cuerpo. El hombre ya no hace Wushu, es el Wushu; y en esto hay una distancia insalvable para la mente común.

El Daodejing dice al respecto:

Conocer a los demás es sabiduría; conocerse a sí mismo es iluminación. Vencer a los demás es una manifestación de fuerza; vencerse a sí mismo es una muestra de poder.

(Daodejing, XXXIII)

El cuerpo es un reflejo de la mente y la mente es un modelo del espíritu. Si una persona es vanidosa, su porte y aspecto parecerá siempre distinguido. Su Qi tiende a elevarse y concentrarse sobre la parte superior de su anatomía. Es esta la causa de que en Occidente el uso de la razón supere a la intuición. Se camina almacenando tensiones en la espalda, en los hombros y en el cuello. El ego y el intelecto desmesurado conllevan a una contracción de estas zonas. En una conducta semejante se pierden todos los enlaces con la naturaleza. El desplazamiento es flotante y se carece de consistencia real para asumir las mutaciones de las cosas. La depresión, la angustia, la amargura o la tristeza indecible son las respuestas que la conciencia depara para estas almas errantes. Vivir sin raíz es un anatema a la suerte de haber nacido como hombre.

El capítulo número seis del Zhuangzi, expone el ideal del enraizamiento, como elemento imprescindible en el desarrollo de la conciencia:

El hombre verdadero respira con los talones.

(Zhuangzi, VI)

Cuando se vive con centro el hombre hunde todas sus articulaciones y músculos en el bajo vientre. Los pies se enraízan en la tierra y la actitud se torna humilde y sencilla. Se cuenta con dos “cerebros” simultáneos para percibir la realidad. El primero, ubicado en la cabeza, es el encargado de todos los procesos intelectuales; y el segundo, situado a nivel del ombligo, tiene la cualidad de percibir intuitivamente el encadenamiento general de los eventos circundantes, desde una profundidad inabordable para el cerebro superior. El hombre que alcanza la solidez del equilibrio es alimentado por el Qi de la Tierra y el Qi del Cielo y se convierte en una fuente de conversión de esencia en energía. Esto equivale a decir que se mutan las informaciones genéticas generadas por los padres desde la concepción y el hombre puede variar la duración de su vida y la calidad de su quehacer mental y espiritual.

El segundo punto del desarrollo personal, inscrito dentro de este entrenamiento, se evidencia en la manera en que colocamos la postura del caballo. Si el peso del cuerpo no cae sobre ambas piernas, si la cintura no se bascula hacia adelante, si no existe un enraizamiento energético con la tierra y la respiración no es profunda, no se puede obtener un equilibrio interno. En esta fase se manifiesta el segundo precepto filosófico: no llevar nada al extremo (不極).

De lo que se trata, en este estadio, es de ganar la facultad de mantener el centro en todas las cosas. En este ámbito, el Daodejing sentencia:

Hay que saber detenerse a su debido tiempo, y no llevar las cosas al extremo.  La hoja de un cuchillo demasiado afilada pronto agota su filo.

(Daodejing IX)

Al atravesar por este periplo de crecimiento, estamos aprendiendo como vivir dentro de nuestro propio cuerpo. Por supuesto, si somos capaces de mantener un balance entre los extremos de las cosas, de sentirnos a nosotros mismos y mesurar la conducta mediante un estricto control de los impulsos mentales, estamos consolidando el efecto de lo que significa experimentar la sabiduría.

En el Wushu, el Dantian inferior es el motor que impulsa y almacena el poder del Qi. Este Qi no es la fuerza que comúnmente utilizamos en nuestros quehaceres diarios. Qi no tiene nada que ver con el Li (fuerza muscular). El Qi es un poder que no decrece con la vejez cuando se cultiva adecuadamente, y se manifiesta a través de la relajación y la vacuidad. El Qi empleado en el Wushu es transferido al cuerpo por medio de la respiración. La respiración es la madre de la expansión del Qi.

El tercer peldaño trascendental que reporta esta ejercitación psicofísica estriba en el uso de la conciencia. Todo lo que somos –desde el ámbito humano-, es el producto de la mente. O sea, todo cuanto realizamos con el cuerpo es el resultado del Yinian (la intención mental que rige la técnica marcial, 意念).

Es indudable que una mano –cuando ejecuta una acción determinada-, no decide moverse porque posee arbitrariedad cognoscitiva, sino que es el resultado de los impulsos nerviosos devanados del cerebro. Esto quiere decir que el Yinian es la puerta que conduce a la realización física, mental  y espiritual. En el contexto del Wushu tradicional existe un axioma que dicta:

La intención mental conduce el Qi, y el Qi moviliza la sangre.

Todo lo que vamos a realizar en nuestras vidas debe ser concebido y canalizado por medio de la mente. Somos dueños de nuestro propio ser o esclavos de un poder que desconocemos. Antiguamente cuando un adepto se presentaba ante las puertas de un templo o de una cofradía familiar, la primera prueba que debía pasar consistía en estacionarse frente a una varilla de incienso en postura de caballo. Este entrenamiento podía tardar meses sin que el maestro se molestase tan siquiera en mostrar su presencia.

Por este medio se trataba de comprobar no solo las intenciones del novicio, sino también de crear las condiciones que lo llevarían a una comprensión fidedigna. ¿Cómo pretender conquistar los movimientos de un experimentado oponente sin antes haber vencido nuestras limitaciones intrínsecas? ¿No es el dominio interior el arte de imponer nuestra perseverancia sobre el cuerpo?

El Mabu es el primer umbral de reconocimiento en las escuelas tradicionales para evaluar la mentalidad de un discípulo. Más tarde se transforma –tras un largo período de práctica-, en un filtro de los aspectos negativos de la personalidad. Además, su constante ejercitación consolida un núcleo de Qi en la cintura, fortificando el canal del riñón. El riñón comanda el Qi ancestral, o sea la potencialidad que se necesita para expresar la efectividad de la técnica.

La energía Yang celeste (Tian Yang Qi, 天陽氣), es captada en el organismo por medio de la respiración y se unifica con el Qi telúrico que conducen las piernas hacia la cintura (Di Ying Qi, 地陰氣). La postura de caballo puede ser considerada la madre de todas las posturas. Todas surgen y se  entrelazan de su cualidad intrínseca. Por esto, es habitual que muchos maestros, aludan a este cultivo energético como requisito indispensable cuando intentan consolidar la fortaleza del cuerpo.

El caracter Ma (significa caballo, 馬) y Bu  (postura, 步). En las escuelas del sur de China suele nombrarse Ping Ma (postura de caballo, 平馬), o también bajo el calificativo de Zha Ma (entrar en la pose del jinete, 扎馬).

De manera que se trata de adoptar una postura capaz de dominar nuestra naturaleza indómita. En principio, el hombre es como un caballo salvaje, que galopa por la llanura a su antojo. Potente y orgulloso, sigue el ímpetu de su carrera sin tomar en cuenta lo que se manifiesta a su alrededor. Majestuoso y elegante se pavonea como un galán mitológico. Enérgico e impertinente se enorgullece de su poder y de su figura. Tenaz e impasible persiste desenfrenadamente en la persecución de sus metas personales con una voluntad extraída de ese temple impresionante que sus cascos estampan en la tierra.

Hacer Mabu es dominar ese aspecto de nuestra naturaleza que nos arrastra a una carrera sin rumbo. Si logramos controlar el poder intrínseco de ese fogoso corcel llamado Ego y lo reorientamos a una vida superior, los beneficios serán infinitos. Entonces, los atributos que antes nos servían para perdernos en los recodos de un mundo sin fronteras, se transformarán en un medio para alcanzarnos a nosotros mismos.

Basado en mi propia experiencia he ideado un pasaje ilustrativo –por medio de figuras geométricas-, con el afán de mostrar las etapas psicológicas que se desenvuelven durante la práctica del Mabu.

ESTADIOS EN LA PRÁCTICA DEL MABU

Primera Fase

En este primer estadio la oscuridad amordaza la mente y el espíritu. El adepto no puede discernir con claridad qué está haciendo y la vanidad lo incita a claudicar. El cuadrado representa los pensamientos estereotipados y la rutina de una vida enjaulada en la insustancialidad del mundo social. El color negro simboliza la desorientación total y la carencia de una visión nítida de las cosas.

El hombre que es como un Cuadrado Negro yace aprisionado y ciego entre los barrotes de la cárcel corporal.

Segunda Fase

En el segundo estadio las emociones se desorganizan y apalean a la mente con el vigor de los deseos orgánicos. El hombre ha cambiado ligeramente de forma pero todavía es una interferencia en las pupilas del orgullo. La hostilidad hacia el cambio lo motiva a inventar pretextos evasivos.

El rectángulo representa la trampa que el ego tiende aparentando una alteración de la estructura mental. El color gris simboliza el predominio de las pasiones sobre la voluntad.

El hombre que es como un Rectángulo Gris vive inflamado por las ansias de fama y de gloria, sustentadas con las preocupaciones de un pasado infructuoso y las ansiedades de un futuro imprevisto. Es normal que él crea que está realizando una acción importante y se vislumbre a sí mismo como un ente especial. Si no logra traspasar este estado de ilusión será por siempre un triste soñador que dibuja su realeza sobre el fango de un pantano maloliente.

Tercera Fase

En el tercer estadio el ego se ha fragmentado. Una tristeza indescriptible se cierne sobre el practicante. Todo se desvanece. Carece de los conceptos mentales para amarrar su atención a las circunstancias. La familia es una ilusión, la sociedad un espejismo, los ideales sumisas especulaciones; Dios, una silueta que persigue al cuerpo como una sombra.

El escepticismo y la duda corrompen los restos de cualquier alternativa existencial. La falta de una forma concreta representa la desesperación de no encontrar un rumbo coherente en la vida. La falta de un color definido simboliza el aburrimiento y el hastío, la depresión y el abandono en las tinieblas de un atardecer desconocido.

El hombre que es como una Explosión en el firmamento sufre porque no sabe qué hacer con la soledad que abraza su corazón. Asistir al entierro del tiempo es una proeza indescriptible. Si no se trascienden estos límites, la apatía de la gravedad terrestre impedirá el vuelo hacia las alturas.

Cuarta Fase

En el cuarto estadio la mente se ha aquietado y el hombre controla sus pensamientos. Ahora la voluntad no es el producto de un esfuerzo. Hay comprensión. El ego asimila la parte del mundo que le corresponde sin tratar de interferir en las dimensiones que le son inabordables. La elipse representa la expansión de la percepción y la concordia de una vida que fluye apaciblemente sin oposición ni rupturas. El color blanco y negro simboliza el nacimiento de la luz del espíritu.

El hombre que es como una Elipse tiene paz. No obstante, carece de la sabiduría para comprender el resplandor inefable del retorno a lo absoluto.

Quinta Fase

Pasando al quinto estadio nos percataremos de como la energía universal irrumpe en la vida del hombre. Todo brilla y relampaguea. Ya no importa saber el por qué de las cosas. Una intuición superior talla las inscripciones del amor. El apego ha desaparecido. La acción es el producto de una conciencia que siente el decurso de un acontecer ininterrumpido. Ya no se trazan planes ni estrategias futuras. Cada momento es asimilado como un espacio de extraordinaria cualidad para alcanzar el fin de las distancias. El mundo no ofrece nada que pueda atar la mente con las ansiedades y los sentimientos mundanos.

El triángulo representa los contactos con esferas desconocidas del universo. El color amarillo simboliza el nacimiento de la armonía.

El hombre que es como un Triángulo Amarillo ha alcanzado la sabiduría. Es como el ermitaño que se retira al silencio y con el semblante tranquilo observa las señales del Cielo y de la Tierra.

Sexta Fase

En el sexto estadio el espíritu se sumerge en el vacío. No hay ego. No hay mente. No hay cuerpo. Todo es una unidad indisoluble con el infinito. El círculo representa la ausencia de un borde donde no se puede trazar un límite cognoscible. El color blanco simboliza la pureza y la limpieza espiritual. Es un tránsito a la transparencia.

El hombre que es como un Círculo Blanco se ha alcanzado a sí mismo y a todas las cosas. El Mabu ya no importa.

Si construimos un puente para cruzar un río, ¿vamos a desarmarlo una vez que estemos en la otra orilla? ¿Podremos caminar con ligereza arrastrando las columnas y las fuertes vigas? ¿De qué nos sirve arrastrar sus partes en un camino que asciende hacia lo alto de una montaña?

El Mabu es un tránsito hacia una conciencia superior. Una vez que el Yinian se potencializa y se equilibra la visión del mundo, se ha alcanzado el kungfu de la vida. De este triunfo cognoscitivo nace la experiencia y surge la liberación de los sentidos. Un solo gesto esconde el infinito. Una postura, encierra mil estilos. El secreto de las artes marciales se desvanece, cuando descubrimos todo lo que llevamos dentro.

 

EL PRIMER TESORO DEL HOMBRE

Posted in ENSAYOS FILOSÓFICOS on diciembre 29th, 2011 by admin

EL PRIMER TESORO DEL HOMBRE

Artículo escrito por el Sifu Tony Rey García

(2011)

¿Cuál es el tesoro que nadie nos puede arrebatar aunque violenten los límites de nuestras casas y arrasen con todas las pertenencias?

LA SALUD Y EL CONOCIMIENTO

De nada valen las riquezas, los lujos, las creencias personales, la estirpe, la genealogía familiar, el estatus social, si hemos perdido el equilibrio físico.

Por otro lado, ¿qué sería de las grandes teorías científicas, filosóficas y artísticas, si en la mesa no hubiera un plato de comida? El hombre no debe olvidar que posee un organismo celular con un intenso y profundo intercambio con el medio que lo rodea.

Con un solo gesto que nos tienda la enfermedad y la muerte, se desvanecen las ilusiones de muchos años. En el Wushu, el primer atributo que debe cultivarse es la salud física. El cuerpo es el receptáculo de la mente, si no posee un sólido fundamento energético, el mundo perceptual se difumina en falsas impresiones.

Todo lo que somos yace en esta estructura músculo-esquelética. No podemos aventurarnos a elucubrar una imagen por encima de lo que nos pertenece en esta dimensión terrestre. Nuestro cuerpo es la puerta hacia otras relaciones cognoscitivas. Si este templo del espíritu se deteriora, ¿cómo puede conjeturarse un camino para la evolución personal?

Símbolo del Taiji (太極圖) como máxima expresión de todo cuanto existe. Tanto la materia como el vacío son una cualidad intrínseca de Yin y Yang. El universo es sustancia y amorfidad a diferentes grados de densidad.

Yin y Yang no son entidades independientes. Lo mismo ocurre con las leyes que sustentan los procesos cosmológicos. La energía se condensa en materia, y la materia se dispersa en energía. Todos los aconteceres fenomenológicos yacen custodiados por el flujo de esta ley universal. Las partículas materiales se solidifican formando estrellas y grandes constelaciones, mientras que en otros lugares la materia se expande en una explosión de inauditas proporciones.

El entrenamiento físico  –en el Wushu tradicional-, es también una base para solidificar la mente y el espíritu. Todo es energía en diferentes grados de manifestación. La salud es un equilibrio de las fuerzas bipolares. Donde hay balance de Yin y Yang siempre habrá armonía. Donde hay armonía, existen condiciones para gestar una percepción superior de la vida. El conocimiento y la salud son dos aspectos complementarios. De hecho, la máxima aspiración del pensamiento chino se resume en la ideología del medio (Si Xiang Zhong, 思想中). O sea, manifestar en la vida personal, familiar y social la filosofía del centro invariable.

Todo lo que se lleva a un extremo conduce al lado contrario de lo que deseamos obtener. Quien se afana en demasía por agarrar el Yin transita hacia el Yang, porque los polos se intercalan como las fases fenomenológicas del mundo. Por lo tanto, si bien es dañino acumular en desmesura, también es contraproducente vivir en la abstinencia. Hay un sitio colindante entre la riqueza y la pobreza que posibilita las mayores alegrías.

Es innegable que un gobernante debe proteger su persona y por ende, no cuenta con la libertad personal de elegir lo que desea. Cada paso engendra un temor y su imagen se yergue como una sombra. En este caso la fama y la relevancia lo confinan a una existencia esclavizada en su propio entorno. Mientras que un hombre, privado de alimentos y desprovisto de abrigos,  tampoco posee la tranquilidad del alma para ufanarse en pensar sobre las cosas trascendentes. La penuria existencial le subyuga la apreciación del mundo.

El punto medio es crucial si se quiere perpetuar los mejores atributos. Cuando hay lo necesario para vivir,  y no se está agobiado por la preocupación de mantener las pertenencias, se posee la tranquilidad mental para liberarse de las apetencias del Ego.

Por otro lado, lo que más arruina la existencia humana no son las carencias ni las dificultades económicas, sino la mentalidad que subyace por debajo de estas situaciones. De hecho, el concepto de miseria es ambivalente. Muchos millonarios son los seres más tristes de la tierra. Han perdido la paz, la esperanza, la salud, la alegría, la espontaneidad, el deseo de existir, el sueño profundo y el desafío de vivir luchando por obtener una meta. ¿Qué les queda de valioso entre las montañas de dinero que lo rodean?

Pupilas ahogadas en el alcohol, lágrimas anónimas, soledades infinitas, amargura existencial, ausencia de amigos verdaderos y un abismo de recuerdos de lo que nunca más volverá.

Sin embargo, si un hombre pobre posee conocimientos, puede andar con la misma ropa todo el año, regenerando sus ideas como las hojas que nacen tras un crudo invierno. Vive como un guerrero y acepta el reto de la vida.

Un hombre de estas magnitudes, puede caminar por las calles del mundo en el anonimato, pero es un millonario de percepción y de anhelos profundos. Nadie puede arrebatarle lo que tiene, porque sus tesoros son dos perlas que no se muestran a la mirada común: equilibrio interno y sabiduría.